LÍNEA

 

Como a casi todos los occidentales, el cambio de año nos lleva a pensar en finales y principios. En la posibilidad de que al terminar al año todo aquello en que pusimos empeño y no salió como esperábamos, termina al fin. Pensamos en que lo que queríamos y no obtuvimos, al cambiar de almanaque, elimina la espera anterior, e inicia una nueva espera. Menos espera y más esperanzada.

 

También nos hace pensar, a veces, que lo anhelado, es porque el año transcurrido nos salió bien.

 

Fue generoso, nos regaló lo deseado.

 

Un buen año. Si tuvimos alguna desgracia, es culpa del año. Nosotros no fuimos. No tenemos responsabilidad alguna. Y así, el año fue tremendo desgraciado, nosotros pobres inocentes.

 

Para eso sirve cambiar de año.

 

También para hacer el balance de lo logrado, las metas alcanzadas y lo que nos faltó. Una línea roja al final de la contabilidad que permite las sumas finales. Debe y haber de lo vivido. Y en lo afectivo también funciona.

 

Buen año si tuvimos besos apasionados. Mal año si no nos quieren más.

 

Puestas las cosas más o menos así, como casi todo el mundo piensa, en código binario, la síntesis de la síntesis es: año bueno, año malo. Y nada más… y así nos queda sonando en la cabeza… hasta que ya transcurrido buena parte del año nuevo nos empezamos a dar cuenta de que la cosa viene más o menos igual que el año viejo y que el cambio no influyó para mucho si nosotros no hacemos nada distinto.

 

Por eso les propongo que cada uno haga su balance, su síntesis, su evaluación final y la guarde para saber si cerca del mes de marzo o abril del que viene, hemos armado algo diferente, algo distinto que valga la pena, algo novedoso, algo fuera de la rutina. Como para tener y comparar, como para hacerse cargo y no revolear las culpas y responsabilidades en el calendario. Y saber que lo mejor de lo mejor es intentarlo, y saber que lo peor de lo peor es dejar todo acomodadito como venía sin nuestra influencia ni nuestra participación.

 

Este año que ya se va fue bueno en general para mí.

 

Conocí a muchas personas y con varias de ellas aún sigo teniendo una fluida relación.

 

 

Un amigo me pidió que diera una charla en un secundario, para alumnos y padres. Para eso querían presentarme con un currículum y yo le mandé algo parecido a esto. Un balance pero no del año. Sí de casi todo lo que hice. Y lo comparto con ustedes.

“Mi nombre es Emilio tengo dos hijas, ninguna deuda y varias cuentas pendientes.

 

“No fui albañil porque no me podía las bolsas de cemento.

 

No fui pintor de obra porque me daba vértigo subirme a escaleras para pintar los techos.

 

No fui gomero, porque no me podía la masa para arreglar las pinchaduras de las gigantescas ruedas de los camiones.

 

No fui delincuente porque nadie me enseñó.

 

No fui asesino porque me impresiona la sangre.

 

Cuando era joven quería ser mujeriego. Ya no.

 

Fui soldado obligatorio de la patria contra mi voluntad.

 

Fui estudiante de química por mi voluntad.

 

Trabajé en una granja, en una viña, en un olivar, en fábrica de cortinas, en una fábrica de mantas, en una fábrica de lampazos. Trabajé criando chanchos, conejos, vacas lecheras, cabras y caballos. Manejé tractores.

 

Volé en globo. Crucé la cordillera en mula por el camino que hizo San Martín.

 

Trabajé vendiendo jabones con mi hermano. Trabajé vendiendo diarios para comprarme una bicicleta pero no me fue bien. Me daba vergüenza y los ofrecía uno por uno a quienes no querían comprarlos. Trabajé en una carpintería. Trabajé como maestro alfabetizando mujeres mayores, adultos y ancianos. Fui asesor del Ministerio de Economía de la Nación. Trabajé en una fábrica de placas de electrónica y cuando empezaba a ganar buen dinero me ofrecieron ser periodista. Ingresé al diario en el archivo y como cronista volante.

 

Luego pase al trasnoche de Radio Nacional. Escribí para una revista de cine y otra de literatura. Mis notas se publicaban en revistas de arte, de interés general, de actualidad, de rock y de política. Inclusive en varios países de Europa apreciaban mis escritos. Trabajé en radio. En varias radios.

 

Fui jefe en una oficina de prensa institucional. Trabajo en Diario Jornada, en Mendoza Opina y varios periódicos publican mis escritos y la mayoría de los otros diarios ni siquiera sabe que existo.

 

Soy periodista, me gusta el vino, me gustan las mujeres, los besos franceses como el champán, la comida mediterránea, viajar por las rutas sin destino y reírme hasta que me duela la panza.

 

Estoy tan en contra de la pena de muerte que inclusive estoy en contra de la muerte natural.”

 

Espero que este año fuera bueno para nosotros y que el próximo podamos hacer juntos un año mejor. Un año de hechos apasionados e intensos. Que los afectos con conmuevan. Que las cosas tristes, propias y ajenas nos conduelan. Que lo peor nos agarre bien parados para aprender de qué se trata. Que se nos escape el olvido. Y que los mejores besos sean para los mejores labios. Y que nunca la policía nos pida documentos.

 

Quiero que mis amigos me sigan invitando y que las más lindas piernas lleven minifaldas.

 

Y no llorar tanto como este año.

 

Quiero tantas cosas nuevas que no me alcanzan las palabras y que no me mande.

 

nadie, que de eso ya tengo bastante.

 

Quiero para mí y para nosotros un año que valga la pena ser vivido.

 

 

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