“¿Qué mujer, si tiene diez monedas de plata y pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado hasta hallarla?” ( La Biblia)

La mayor parte de las veces que perdemos cosas lo hacemos por falta de orden y claridad.
Generalmente, para encontrar algo en la mesa de noche, es necesario sacar primero decenas de papeles, restos de pastillas, monedas y hasta cosas que ni se sabe como llegaron ahí.
En la vida personal sucede bastante similar: se pierde un trabajo, la familia, una oportunidad, un negocio, entre otras cosas, por conducirse desordenadamente.

Y qué decir de las cosas ocultas: aquel mensaje telefónico que se debe ocultar del cónyuge, esa media verdad, el llamado que no se puede responder en fin de semana, frases como “éstas son cosas personales”, entre tantos ejemplos que podría citar.

La transparencia y el orden deben ser normas de conducta diaria de un empresario exitoso.

Luego, a partir de allí estas normas se trasladarán a la vida empresarial. Es decir, no se puede ser organizado en la empresa y desordenado en casa (podes ampliar el concepto de congruencia leyendo la columna de la semana pasada).

En la década del ´60, Toyota introdujo una metodología llamada “5S” cuyo objetivo es lograr lugares de trabajo mejor organizados, más ordenados y más limpios de forma permanente para así repercutir en una mayor productividad y un mejor entorno laboral, de esta forma Toyota fue destacada como una compañía con excelencia empresarial, mérito que se logró en mayor parte por esforzarse en aprender de sus errores.
Los malos hábitos diarios rápidamente se verán reflejados en la organización que se dirige, para ello es importante recordar que la excelencia es un camino, no una meta.

Ahora, ¿cómo hallar ese camino y comenzar a transitar por él? En la experiencia que adquirí al asesor diferentes empresas, en varios casos, he visto que este camino está perdido, ya que, cuando llegan las presiones y la necesidad del cumplimiento de objetivos, se miente a los clientes, se da un mal servicio y desaparecen los responsables.

Si de excelencia se habla, los gerentes o dueños, deben contar con las herramientas necesarias para prever las presiones, ya que lo más importante no es el objetivo, sino recordar que el cliente es, lejos, lo más importante. Así como hablamos de clientes, hablemos de colaboradores.

Pensemos en una encuesta de clima organizacional, ¿es correcto que lo “anónimo” sea supervisado por el jefe? ¿Qué busca el jefe? ¿Que se diga que “aquí no hay problemas, todos somos felices”?
Debemos recordar que no se puede tapar el sol con un dedo.

Entonces, aquí la clave es la capacitación de los jefes para dirigir equipos de alto rendimiento y pensar en la imagen corporativa de la empresa. Recientemente visite una organización donde su eslogan era “donde su tiempo es importante para nosotros” y el tiempo promedio de espera era superior a hora y media para ser atendido.

¿Cuál es entonces la solución? Comenzando por el colaborador de menor rango, yendo hasta el de mayor nivel, todos deben estar impregnados con la personalidad corporativa y con estos conceptos de excelencia, orden y transparencia.

“Poco a poco las conversaciones secretas que usted sostiene en su propia mente determinarán su destino”

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