Para algunos economistas jóvenes, formados en una sola dirección; ha quedado demostrado que el Estado desempeña un rol imprescriptible como garante de los equilibrios macroeconómicos. La verdad es que la discusión y el debate en los últimos años, pasó por defender intereses, más que por los pretendidos “canales de transmisión de las políticas públicas”.

 

Se llegó a negar la posibilidad de oficiosidad, tildando a cualquier práctica parcial como “intervencionismo”; aun cuando economías como la Argentina, mostraban una elevada capacidad ociosa, la demanda agregada se hallaba deprimida por 4 años y asomaban claras señales de deflación (1998/2002). Por el contrario, se ha demostrado en los últimos 9 años, que el Estado puede aplicar políticas expansivas para estimular el gasto agregado, apuntalar la actividad económica y reducir el desempleo; porque cuando existe capacidad ociosa, la demanda agregada crece por encima de la oferta sin generar tensiones inflacionarias.

La publicidad oficial “Achicar el estado es agrandar la Nación (1976-1981)”, instalo una filosofía dominante en Argentina por 35 años. Desde entonces se fue minando el rol del Estado, y la posibilidad de intervenir en ocasiones, para acelerar la demanda. Se instaló el concepto de desacelerar el crecimiento de la demanda agregada nominal, para contener las presiones inflacionarias, como un dogma.

El desprestigio del rol del Estado, en su papel estabilizador de los equilibrios macroeconómicos, permitió que la Argentina y otros países que habían legalizado este dogma (Ej.: en Argentina Leyes de Convertibilidad de la Moneda y Convertibilidad Fiscal), sufrieran recesiones irracionales sin siquiera poder valerse de una medida; provocando a la postre, los colapsos más extraordinarios de la historia económica contemporánea. Las evidencias empíricas han hecho que hoy, esta cultura de eliminar al Estado de todas partes, este en franco retroceso, básicamente en los países más desarrollados del mundo, con el apoyo de sectores importantes de la sociedad, y dirigentes políticos de distinto enfoque ideológico. El mundo entero cuestiona los resultados de las políticas previas al colapso mundial, si bien lucían antes, “irrefutables” (Recuerde “el Pensamiento Único”= La economía de mercado es la mejor forma de economía posible o, al menos, la menos mala; y cualquier intervención estatal, no es considerada estrictamente necesaria por su futilidad).

Juiciosamente se observa una menor devoción hacia la teoría económica, y esto viene acompañado de una fuerte desvalorización de los profesionales más encumbrados, incluyendo majestuosidades divinizadas por más de tres décadas.

Existe hoy un notable avance de la política sobre la economía.

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