La dictadura de teflón.

 

Por Uciel Castillo

Este último jueves 13 de setiembre, por la esquina 9 de julio y Espejo de la ciudad de Mendoza, marcha promediando las 21:00 una columna de unas tres mil personas. La mayoría, sino todos, de muy buen vestir, agitan tarritos y sartenes de teflón y aluminio. Todo mientras algunos de los más jóvenes filman en HD con sus ”smartphone” el espectáculo, quizás su primer acto colectivo medianamente organizado. Gritan entre otras consignas ”Cristina puta, la puta que te parió!” y ”Que se vaya, que se vaya!”, entre varios de los carteles que llevan se destaca uno: ”Yo defiendo mi libertad y mi constitución” (sic). Esta insalvable contradicción podría ser la expresión gráfica de la creencia incuestionable de los caceroleros que atravesó gran parte de las demandas: Que todo avanza hacia una ”diktadura”, que cada vez hay menos ”libertad” y que para evitar ese avance ”no hay que tenerle miedo al autoritarismo k”. Pues bien, estimados caceroleros, desde este humilde escrito vamos a tratar de demostrarles desde los hechos, ante todo dos grandes hechos, que no, que semejante creencia es un dislate y todavía más: que de a poco la mayoría de los argentinos le empezamos a ganar a esa gran tragedia que varios, demasiados de ustedes aplaudieron y que hoy usan para ”criticar” uno de los gobiernos que más ha tratado de cerrar sus enormes y dolorosas heridas.

Lo que sigue es una nota ya publicada (1) , pero que desde acá consideramos que al calor de los últimos hechos, se torna muy actual, porque creemos refleja un sentimiento, una convicción muy profunda que al menos doce millones y pico de argentinos tenemos. Así que estimados tefloneros, muchos nos tomamos el trabajo de ”escucharlos” como tanto se cansaron de ”exigir”, ahora les pedimos que nos escuchen ¿Porque saben qué? ”Dictadura” es una palabra que para nosotros significa mucho más que eso a lo que ustedes hacen alusión. Para nosotros significa genocidio, terror, campos de concentración, tortura, desaparición, persecución paranoica de un terrorismo de estado descontrolado y sobre todo tragedia de una utopía de miles de compañeros que buscaban sobre todo igualdad, acabar con la explotación del hombre por el hombre.

Hace tres años pasó algo que a varios nos hizo pensar en ”el cierre” de un ciclo, o en el comienzo de otro si se quiere. Para ya ir adentrándonos en ese método para entender la realidad al que muchos le tienen miedo y otros, no menos, lo usan cual certeza religiosa: la dialéctica. Un miércoles 12 de marzo de 2009 a las 19:00 nacía Lara Mariel. Nieta de los que en su momento fueron dos ”subversivos”. De esos que se le ”descarrilaron” a esa clase media que trágica y demasiadas veces le hizo el juego a los auténticos representantes del orden, de los ”explotadores”. Explotadores que empujaron a estos dos militantes junto a toda una generación hacia la violencia (2). ¿Por qué? Por la exclusión del sistema político a las mayorías, mediante la negación de la vuelta al país del hombre que ellos ansiaban. Esos mismos ”subversivos” caen en diciembre de 1975 a manos de la Triple A. Durante varios días son torturados salvajemente junto a dos bebes: una ”nena”, hija de otro compañero de los que ”cae” y –trágica y heroicamente- muere enfrentando a sus captores, y un ”nene”, hijo del matrimonio que cae, los que serán los abuelos de Lara, exactamente 33 años y 3 meses después, que es donde empezamos nuestro relato. Pero volvamos a finales de ese 75 y a la semana posterior en que ”caen” Alejandro, Liliana -compañeros de militancia y por aquellos años de vida- y Juan, uno de los bebes. Bien, ahora ya sabemos sus nombres. Durante esa semana el que se encarga de la ”tarea”, junto a dos cabos, es un comisario de la policía provincial de San Luís: David Becerra. Le dicen el ”Rengo Becerra”. Una de las frases, qué uno de esos cabos, fuerte le grita a uno de los ”subversivos”(3), envuelto en sudor y con un rosario colgado al cuello es: ”¡No soy yo el que te hace esto (…), es Dios!”. ¿Perfecto no? ”Ustedes intentan implantar un sistema ajeno a nuestras costumbres occidentales y cristianas, han insultado hasta el mismísimo omnipresente, la razón de nuestra existencia y el que nos garantizará la vida eterna. Entonces estamos justificados, el nos justifica. Todo está justificado. Es más, es él quien picanea, el que viola, es Dios quien tortura”. Entonces, si todo está dado así ”¿A quién se le ocurriría juzgarme si el máximo juez es quien me justifica? A nadie, y los únicos que podrían llegar a hacerme algo son los que estamos eliminando. Y ese algo sería por el método con el que vienen jodiendo hace unos años: la violencia. Así que de juicios ni hablar, eso nunca va a pasar. Todo lo contrario, soy un héroe de la patria. Así me van a tratar por hacerle el favor a esa patria de sacarle de encima esta lacra, que en este momento estoy torturando para que me diga los nombres de los que faltan, para, al fin, vivir en ”paz”.

La paz de Becerra y la de todos los explotadores y sus lacayos es, por supuesto, aparente. Es esa paz que esconde demandas populares que inevitablemente explotaran, como en ese 69, con el mítico Cordobazo. O más reciente, en el 2001, con esas cacerolas de excluidos. Esa explosión popular que le gritó fuerte en la cara a todos los ”políticos”: ”Que se vayan todos”. Pero no eran, como muchos creyeron, ”todos los políticos”. No, quisieron decir: ”Que se vayan todos los que se cansaron de usarnos, de excluirnos, de marginarnos, de explotarnos hasta el insulto de la peor de las miserias”. Y muchos ya se fueron, pero otros insisten en volver. Ese mismo pueblo es el que les está demostrando que esta vez no va a ser tan fácil volver. Además, ese pueblo gritó algo más ese 2001: ”No queremos más impunidad para esos que nos excluyeron con el peor de los terrores”. Ni indultos, ni leyes de obediencia debida y punto final. Hubo alguien que supo interpretar esta demanda popular. Es esto lo que nos da pasó al próximo escenario: Nuestra síntesis.

Volvamos entonces a ese 12 de marzo de 2009 en que nace Lara Mariel. Ese mismo día a las 11:00 de la mañana sucede lo impensable si tenemos en cuenta esto último, lo que va a suceder a las 19:00. Precisamente eso que a muchos nos hizo pensar en un ”cierre de ciclo” o mejor, en el comienzo de otro: El Tribunal Oral de San Luis encuentra culpables a cinco policías y militares, acusados de delitos de lesa humanidad realizados durante la última dictadura, y los condena a prisión perpetua e inhabilitación de por vida con cumplimiento efectivo en cárcel común. Entre ellos David Becerra y varios de sus cómplices, acusados e imputados por el asesinato de Graciela Fiochetti, las desapariciones y asesinatos de Pedro Valentín Ledesma y ”Sandro” Santana Alcaráz y los tormentos sufridos por Víctor Carlos Fernández, el único que logra sobrevivirla y contarla(4). No importa cuántos años se le dio, tampoco si alguna vez Becerra pensó en todo esto. Lo increíble y central en todo el relato es esto: El mismo día en que es condenado un represor por los delitos que cometió, entre ellos haber torturado salvajemente a Liliana y Alejandro, nace su nieta: Lara, también hija de otra de sus víctimas: Juan. O si se quiere, para ser más claros: El mismo día que condenan a un represor, nace la hija de una de sus víctimas (la más inocente todas las víctimas, la que ni siquiera tuvo la posibilidad de elegir ese sacrificio, esa lucha y menos aun: sus consecuencias). ¿No parece un acto de justicia de la ”historia”? Pero no, no fue la historia, y menos aun el destino quien ”actuó”. La ”historia” no está de nuestro lado, no está de ningún lado.

Fue la voluntad, la lucha de hombres y mujeres. Sobre todo mujeres: aquellas míticas madres y abuelas de la plaza, que admirablemente nunca se rebajaron a sus victimarios.Veamos, el hecho nunca fue necesario. Nunca fue necesario que Lara naciera el mismo día que condenaron al represor de su padre y sus abuelos. Pero sucedió. Eso ya establece la relación entre los 2 hechos. Uno niega al otro, y sin dudas, el último lo supera. ¿Porque? Porque no hay ”venganza”, no hay ”escarmiento ejemplificador”. Nuestro relato no termina con fusilamientos masivos de genocidas. No. Termina con juicios contra delitos de lesa humanidad. Porque ese Estado, según uno de sus ideólogos (T. Hobbes), a quien le cedimos nuestro uso de la fuerza, para que nos garantizara, ante todo, nuestra seguridad y demás derechos individuales, se usó indiscriminadamente para un genocidio, para cientos de campos de concentración, sin ningún límite. En fin, hay justicia. Pero en esta pequeña y humilde historia hay algo más, hay algo que podríamos establecer como una ”superación dialéctica”: hay un nacimiento, es decir vida, no muerte, no fusilados. Por lo que ya empezaría a ser una ”síntesis”, que negando la antítesis anterior, la supera, ¿Por qué? Porque, a su vez no deja de contener lo mejor de los 2 anteriores momentos dialécticos. Cierto, eso ”mejor” es, ante todo, lo que en el primer de los momentos tuvo aquel pueblo sistemáticamente excluido: dignidad, o justicia social si se quiere. Y en última instancia lo que Marx siempre quiso: que el fruto del trabajo sea de los que trabajan, de los obreros. Que el capital termine siendo de muchos, no de unos pocos. Pero para eso falta, y ,solo si no somos pesimistas, mucho. En esta tarea están muchos, más de lo que varios creen. Cierto: recién empezamos. Recién estamos saliendo de ese infierno de exclusión al que muchos llamaron ”neoliberalismo”. Lo cierto es que ese infierno parece cada vez más lejos. Razones para ser optimistas tenemos también.

Pero volvamos a nuestro relato, ya estamos sobre el final, sobre nuestra conclusión ¿Qué creemos con todo esto? Que estamos ante la posibilidad de que esta nueva etapa tenga por sobre todas las cosas eso que se manifestó ese miércoles 12 de Marzo: vida, y por ello esperanza. Porque, tal vez, esta nueva Argentina ya no necesite de pibes, militantes, jóvenes que den la vida en el peor de los sentidos, es decir su muerte, su sangre. Sino en el mejor de los sentidos: dar vida, pensando primero y actuando después. Militando para eso que algunos le decimos una ”patria más justa, libre y soberana”. No importa, llámesele como se quiera. Porque tampoco es casualidad (no puede serlo, esta vez me niego a creerlo) que en noviembre de 2010, cuando Cristina Fernández cerraba los Juegos Nacionales Evita y ante el grito desaforado de una de esas tantas pibas militantes: ”¡Hasta la muerte Cristina con vos!”, esta se haya parado en seco y con seguridad le haya contestado: ”-¡Hasta la vida, no hasta la muerte! ¡Siempre hasta la vida!”(5). Sin dudas, la vida le está ganando a esa gran tragedia argentina que se autodenominó Proceso de Reorganización Nacional.

(1)”De Dialécticas y Laras: ¿La vida le está ganando a la tragedia?” La Realidad Efectiva. 1° Número. Mayo 2011.

(2) Es un uso muy libre el de ese verbo: ”empujaron”. Habría que explicitar más su significado dentro de ese contexto histórico, no se sabe que hubiera pasado con un JD Perón de vuelta en 1964 (cuando la canciller de Illia, Zavala Ortiz, junto a la embajada de EEUU y la dictadura brasileña, lo detiene en el aeropuerto brasileño ”El Galeao”), pero sin dudas esa ”obstinación gorila” contribuyó de sobremanera a generar esa violencia política por parte de esa generación. No se le esta quitando aquí responsabilidad a los que eligieron esa vía. De ninguna forma. Solo tratamos de encontrar sus causas con perspectiva mucho más amplia que esa.

(3) Porque para ellos eran solo eso: ”subversivos”. Apenas si tenían condición humana, así es mucho más fácil ”aniquilar” al enemigo – a la subversión en este caso-. Ni siquiera son personas, algunos ni alma tienen. Ramón Camps –jefe de la policía federal de Buenos Aires por aquellos años- ya molesto por esas madres que, desesperadas y valientes, marchan pidiendo por sus hijos, llegará a decir ”Nosotros no matamos personas, matamos subversivos”.

(4) Fuentes: http://juicioporlaverdad.blogspot.com/
http://mateysopaipillas.blogspot.com/2009/03/condena-los-represores-en-san-luis.html

(5) http://www.youtube.com/watch?v=73OnnYn8Nu8

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