Muchas noticias se refieren a una “deuda externa” (lo que el país debe a fondos internacionales, bonistas, y cosas así) y lo hacen desde diferentes ópticas. Algunas tienen que ver con medidas gubernamentales que se han tomado y otras que se pretendieron tomar (pero sectores opositores no lo han permitido) con la intención de pagar la deuda, o parte de ella.
Hay quienes se ocupan de hacer notar una diferencia entre “Deuda Externa” y “Deuda Pública”, y esto a su vez está relacionado con opiniones acerca de la legitimidad de esa (o esas) deudas, lo que abre debates acerca de “qué se debe pagar” o qué “no se debe pagar”.

Me resultó interesante detenerme un poco en los términos, en las expresiones, que se utilizan para referirse al tema, como “obligaciones”, “compromisos contraídos”, “incumplimiento”, “las deudas deben ser honradas”, “actitud moral”…
Al tiempo que florecen las comparaciones con otros “compromisos contraídos”, como tal o cual asignación para tal o cual sector (educación, agroindustria, etc.) que también deberían ser tenidos en cuenta a la hora de establecer las prioridades. Sobre todo cuando hay una pobreza considerable en sectores importantes, pobreza que –literalmente- mata.

Aparecen entonces menciones como “deudas con nuestros hijos, a quienes les han arrebatado bienes materiales y bienes simbólicos”, “deudas con nuestros jubilados, a quienes se les han robado sus aportes”, esto en tono genérico.

Y claro, a mirar cuánto uno debe. Y ya que humanos somos, a comparar con lo que deben los demás.
Mucho hay escrito sobre la “deuda con nuestros padres”, y solo menciono la posición que sugiere que esa deuda se paga con los hijos, no de otro modo.
Mucho también sobre el daño que nos genera no poder pagar una deuda, de alguna manera esto nos coloca en una situación de humillación. Si unimos con lo anterior, puede sentirse mucha vergüenza al no poder brindarle a los hijos lo que nuestros padres nos brindaron. Y también se mezcla todo esto con mucha culpa en algunos casos, como se puede ver en padres – madres de chicos adictos, como que la responsabilidad por no haber podido evitar la situación –sea por carencia de tiempo físico o anímico, sea por carencia de algún conocimiento- moviliza al punto de generarse agrupaciones (para trabajar el tema, proponer futuras soluciones, etc.) a manera de canales para pagar de algún modo.
Y cuando todo esto se mezcla en situaciones donde hay padres o hijos con algún padecimiento físico, o cuando hay padres o hijos famosos, el tema ya no es propio de este espacio.

Pero sin profundizar este tipo de situaciones que muchas veces aluden al fracaso, me propuse una lista de “acreedores posibles”.

Le debo el haber aprendido, le debo el favor, le debo fidelidad eterna, le debo su crítica en mis historias y de acuerdo a ella mi mejoramiento, le debo haber conseguido, le debo revancha, le debo ser músico, le debo una disculpa, le debo pedir perdón, le debo pedir permiso, le debo más de un buen y sincero consejo, le debo la paciencia de leerme, le debo mi formación, le debo la alegría de tener…, le debo más de un acierto en mi vida, le debo una nota sobre, le debo una canción, un poema, unas líneas…, le debo también el oficio, le debo alguna explicación, le debo una disculpa por mi silencio, le debo años de parálisis emocional, le debo la foto, le debo esta forma de expresión, le debo por el éxito, le debo el empujón a la piscina de los sueños, LE DEBO MI FELICIDAD!!!

Deudas con el pasado, deudas presentes, deudas futuras, deudas impagables… Parecería que es tiempo de acudir a Freud, y a Niestzsche (entre otros, claro), ellos sí que se metieron con esto de la deuda, la culpa, y la relación entre ellas. Y recuerdo haber leído que apareció entre ellas un tercer término vinculado (y vinculante) al momento de pensarse en el ejercicio de la justicia: la crueldad.

Pero esto sí que es sofocante, quisiera declararme en quiebra, tendré que plantear un concurso de acreedores y ver qué les puedo ofrecer.

¿Y qué pasa si me despierto mañana SIN DEBERLE NADA A NADIE? No debo levantarme a una hora determinada, no debo saludar a nadie a menos que tenga ganas, no debo higienizarme hasta que no me moleste mi propio hedor, no debo vestirme, no debo ponerme en el lugar de nadie, no debo respetar ninguna forma para dirigirme a nadie, no debo ser fiel a persona alguna, ni ser fiel a idea alguna, no debo interesarme por aves que desconozco embardunadas de petróleo (o cualquier otra porquería), no debo pensar en lo que hagan los demás, incluyendo hijos o parientes lejanos, no debo cuidarme de consumir nada, ni comidas que desequilibren alguna dieta, ni fármacos sin receta, ni drogas legales o ilegales, no debo aprender nada, no debo agradecer nada, no debo sentir amor, ni bronca, no deben interesarme las contaminaciones, ni físicas ni virtuales, no debo interesarme por nada que esté en vías de extinción, sean bichos, plantitas, grupos étnicos, lenguajes, o la mismísima raza humana!

Bueno, me va quedando claro que no deuda, no compromiso, no culpa, no dolor… es igual a no vida.
Ahora, ya que parece inevitable tener en cuenta parámetros vinculados a honradez, preceptos, obligaciones universales, ética de quién sabe dónde, y todas estas cosas que se nos propone a la hora de evaluar una deuda, tal vez lo mínimo que podamos decir ahora es que no se puede pagar UNA deuda como si fuera la única. Y no me atrevo a revisar el listado que hice antes porque me provoca acidez.
Para un país tampoco existe UNA deuda. Y así lo manifiestan las noticias y los profundos análisis que mencioné al inicio, formulados por personas que estudian mucho, trabajan mucho, participan mucho socialmente.
Entonces será cuestión de hacer el listado, aguantarse la acidez, y establecer las prioridades. Porque también hay noticias que hablan de una producción automotriz que asusta, y no asusta menos la producción de armas de todo tipo, y también las noticias muestran el dinero que se gasta en determinados eventos sociales, y en la construcción de edificios de lujo, etc, etc.
Y también las noticias siguen –silenciosamente?- contándonos sobre hambre, sobre enfermedades que se pudieron prevenir, sobre un planeta al que se le siguen haciendo huecos gigantes para cambiar de lugar un poco de oro, o de uranio.

Si pagar una deuda significa evaluar dónde carajo ponemos el dinero, si pagar una deuda –o cobrarla- significa matar un solo chico, no sigamos diciendo que es una medida “económica”. Pagar UNA deuda es decidir cómo queremos vivir la vida, y eso se llama POLÍTICA.

Yo voy a seguir debiendo, y voy a seguir pagando. Luego, aunque soy consciente de no poder eludir la responsabilidad por el sólo existir, lo mejor que me podría pasar es llegar al final de mi vida sin haber matado a nadie.

En un par de horas llega mi señora, DEBO ponerme a cocinar.

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