Por Pablo Tigani

Los críticos presentan al capitalismo financiero como una marea destructora que va generando ganancias extraordinarias, mientras la economía real queda en un lugar relegado. A los argentinos nos han convertido en solo dos años, otra vez en sujetos financieros obedientes, luego de 13 años de autonomía. Appadurai* explica que el sistema financiero-el mismo que colapso en 2008, se levanto y se expande hacia el sur global-asentado en una forma que está en crisis: “el contrato”, en que las dos partes acuerdan términos bajo la premisa que cumplen lo prometido. Ve allí una verdadera revolución en la historia del capitalismo: los contratos más lucrativos ya no son aquellos en que ambas partes honran el pacto inicial, sino aquellos donde una parte gana sumas siderales justamente si la otra incumple sus promesas. El ejemplo más claro es la extraordinaria ganancia de los fondos buitres y caranchos locales, gracias al incumplimiento generado por muchos de estos mismos actores en diciembre de 2001.
Desgraciadamente, como decía en un artículo anterior, más allá de que todos podemos dar nuestras opiniones, lo que no se puede, es tener nuestra propia la realidad. Y la realidad se impuso una vez más, por sobre los deseos, el marketing y el blindaje mediático mas extraordinario que haya tenido un gobierno, desde el regreso de la democracia. Como venia anticipando, las acciones argentinas se destruyeron en Wall Street, cayeron los bonos y el riesgo país subió desviándose del trazo del promedio de los países de la región, exceptuando Venezuela. Las acciones argentinas que cotizan en Nueva York, hasta el viernes mostraban caídas de entre 20 a 35% con respecto a noviembre, mientras que los bonos argentinos cayeron entre 8 y 17 dólares, alcanzando el bono a 100 años un mínimo de 85,75 centavos por dólar. En este contexto, que la diferencia entre el riesgo argentino y el del resto de la región ascendió 280 puntos básicos. El gobierno del presidente Macri enfrenta una crisis fenomenal de confianza, no se trata de una turbulencia. Es la fuga contra activos argentinos que obedece a la fragilidad de la política económica aplicada. El cambio en el escenario financiero internacional no afecto a ningún país, del modo que lo hizo con la Argentina. Había criticado el crecimiento de las vulnerabilidades a las cuales se sometería Argentina-en el caso de un shock exógeno- y, como esta leve suba de tasa en los Estados Unidos lo ha puesto de manifiesto. Es que la ingenua y amateuristica apertura financiera, dolarizando la deuda pública se podía chocar con una anunciada suba de las tasas en EE.UU que se venía. La corrección de la tasa de interés de la Reserva Federal fue consecuencia del avance de la recuperación económica en EE.UU. y los efectos expansivos de la política fiscal de Donald Trump, en una economía que se encuentra en pleno empleo, con una tasa de desocupación 3.9% (la mitad del desempleo que la Argentina). Este cambio en las condiciones externas no fue de ninguna manera el responsable de la crisis, sino uno de los disparadores. Se cometieron todos los errores posibles. El BCRA, obsesionado por la inflación, optó por anclar el tipo de cambio, aumentando las expectativas de devaluación. Luego, aplicó el inconsistente impuesto a la renta financiera para extranjeros, en un esquema que había sido favorable a la “timba” previa. Los inversores el viernes desprendiéndose de sus LEBACS, pagando hasta 115% de tasa para salir corriendo a comprar dólares. He venido insistiendo sobre la fragilidad de la política económica de la administración de Macri, casi desde el comienzo. Una política monetaria de fijación de la tasa de interés por sí sola no resulta efectiva para bajar la tasa de inflación; en ese enfoque, es una estrategia recesiva antiinflacionaria incompleta, que quedó desdibujada el 28 de diciembre, en la ya célebre conferencia grotesca. La política fiscal no tuvo nada de gradualista en los dos primeros años de mandato, sin embargo no mostro ningún progreso, permutando favores por chequera a los gobernadores y sindicalistas, despilfarrando los recortes sociales más duros. El déficit primario de 2017 fue mayor al último de Kicillof y el déficit total (después del pago de intereses de la deuda) fue bastante más alto, resultando harto superior al déficit récord que dejó la ex presidenta Cristina Fernández en 2015, bien o mal medido. Para financiar este elevado desequilibrio fiscal se recurrió a la maquinita y el endeudamiento externo que tornó a la Argentina dependiente como hace muchos años no lo era. La política de libre flotación cambiaria se basó en la falsa creencia de que el tipo de cambio flotante permitiría asegurar la estabilidad macroeconómica, cuando en realidad el tipo de cambio flotante es el resultado de las políticas fiscal y monetaria que se ponen en marcha en un marco teórico monetarista o neo cuantitativista. Aquí, la política macroeconómica de elevado déficit fiscal financiado con emisión monetaria y deuda externa de alta tasa de interés, terminó acentuando el atraso del tipo de cambio, que mantuvo alta la demanda de dólares en el mercado de cambios y golpeó a la exportación, única fuente genuina de divisas.
A esta configuración de políticas económicas hay que sumarle el déficit de la balanza comercial y la cuenta corriente de la balanza de pagos, con exportaciones que crecen poco e importaciones que crecen mucho y dólares fugados que salen por encima de los financieros que entran. Argentina tiene hoy el mayor nivel de déficits gemelos de los últimos 35 años. En las últimas semanas los inversores que financian nuestros déficits gemelos se percataron de nuestra vulnerabilidad macroeconómica. He dicho antes que la cordialidad que aparentemente generaba el Presidente en el exterior no era útil para nada, su visión pro-mercado, los industriosos argumentos del BCRA no bastaron. Los inversores se dieron cuenta que el BCRA había entrado en modo: “LA CASA DE PAPEL”.
Se quebró la brujería, el budismo zen y las logias secretas ya no ayudan. El cambio de las precarias condiciones que pendían de alfileres implica el fin de un período. La temporada de “bailes y globitos” ha llegado a su fin y el Gobierno de Macri no supo aprovechar la confianza y la paciencia dispensadas por la oposición, los sindicatos y los movimientos sociales. Los mercados no son un barril sin fondo, y ya desde enero no estaban dispuestos a financiar el inconsistente perjuro programa económico. Por ello para seguir financiando, Dujovne salió sorpresiva y apresuradamente sin billetes aéreos directos y esperando 36 horas para que lo atiendan 40 minutos en el Fondo Monetario Internacional. El nivel de impericia con que se realizo todo, no tiene precedentes. Se dejaron trascender cifras, le hicieron poner la cara al presidente, a Lilita Carrió, ignorando que un organismo multilateral de crédito, no tiene a su directorio ejecutivos de tantos países distintos esperándolos en una oficina para tomar decisiones apresuradas. Es que no están todos los días. El directorio de la entidad no se reúne con frecuencia. No es el gabinete de Macri. La señora Lagarde es una buena anfitriona seducida con una cena, pero por si sola no decide nada. Si este era el plan, colocaron el carro delante del caballo. En 2016 tal vez hubiese sido más conveniente buscar apoyo para obtener créditos más baratos que los que tomamos. Ahora hemos optado por recurrir al FMI en pánico exagerado en medio de la crisis financiera que debería haber sido una simple corrida. Ahora vamos por un préstamo “stand by”, una línea con las condicionalidades de los acuerdos usuales del FMI y el monitoreo de cumplimiento de metas. Pero si el año pasado los propios funcionarios del FMI aconsejaban que Argentina solicite alguna línea preventiva.
Es probable que si el “mejor equipo” decide sobreactuar, como en los últimos días, suponiendo la descompresión de tensiones en el mercado de cambios, encuentre en la oposición-el rechazo de aumento de tarifas-el chivo expiatorio para hacerlo responsable de todo lo que pasa. Combinar suba de tasa de interés, obligar bancos a vender 2/3 de sus tenencias en dólares, realizar desafortunadas intervenciones en el mercado de futuros y formalizar un sorpresivo anuncio de asistencia del FMI, son todas medidas inadecuadas para disipar la inverosímil incertidumbre incentivada. El martes vencen $647 mil millones en LEBACS, sin ayuda no podrá descomprimirse sino agravarse el panorama existente.
Es necesario que haya algunos cambios en el gabinete, no se puede es mantener “el mejor equipo” que nos condujo hasta aquí, ni conservar ninguno de sus responsables directos. En este contexto, con pérdida de confianza de los mercados y asistencia del FMI, puede que se intente ajustar mas el déficit fiscal, luego es lógico que se abandone el régimen de libre flotación y se opte por un régimen de administración del tipo de cambio procurando mantener un peso más devaluado que el que pudiésemos haber tenido. Ahora así, se vino una tasa de interés real positiva para generar una recesión que ayude a evitar el traslado a precios de la suba del dólar. Ante todo lo ocurrido, y frente a los cambios que se avecinan, se espera un bajo crecimiento económico como descontábamos con un simple episodio desencadenante. Entramos en stagflation (inflación con estancamiento), menor crecimiento económico, más inflación, un ajuste fiscal mayor, una devaluación real del tipo de cambio mayor, mas desempleo y caída de salario.
Hasta ahora llevábamos 13 años sin pedir un crédito al FMI, estaba dificultado hasta por Dujovne con su cartelito en TN. Volver al FMI fatigado por las circunstancias, implica una pusilanimidad y cobardía, pocas veces vista. No confían ni en ellos mismos, como puede deducirse del dinero de los ministros que permanece en el exterior. El Presidente Macri intenta restaurar algo de la confianza y credibilidad pero luce muy difícil. Difícilmente recupere la confianza del consumidor que ya ha caído 21% desde noviembre del año pasado. La imagen del Presidente Macri se ha deteriorado tanto en los últimos meses que ahora corre el riesgo de bajarse para 2019.
Pensando en la idea de Schumpeter: “destrucción creativa”, en el que sostenía que las innovaciones más importantes que el capitalismo alentó y garantizo, fueron aquellas que conllevaban la destrucción masiva a medida , Arjun Appadurai busca identificar las nuevas fuentes de lucro a través del riesgo que dejan las destrucciones masivas. Desde ahora habrá que estar atentos a las CDS (Credit Default Swap)-una apuesta contra los títulos argentinos, que ya habían comenzado a escalar, previendo y apostando a un nuevo default en algún momento. El CDS abrió un negocio nunca antes visto, al erosionarse la base de los préstamos, si se apoyan en promesas de pago que no se cumplen, se beneficiaran extraordinariamente quienes ahora mismo estarán apostando contra el país.

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