Por lo tanto, los que han llegado tienen la suerte de vivir en una época en que la historia se escribe y se hace como casi ningún otro tiempo.

Muchas veces cuando éramos niños pensábamos ¿en qué época te gustaría vivir?
Algunos elegían ser caballeros andantes de la Edad Media, otros preferían ser hombres de las cavernas y descubrir el fuego, otros querían ser el Sargento Kirk y esperar durante la Segunda Guerra el desembarco de Normandía, varios elegían ser parte de la tripulación del Apolo 11 y llegar hasta la Luna. Los menos querían navegar con Colón y descubrir tierras.
Un grupito quería ver la experiencia de construir pirámides y la preferencia la ponían en Egipto de hace 5 mil años. Y varios etcéteras.
Yo cuando era niño elegía vivir en estos días… y puedo hacerlo.
Deseo cumplido.
No sabía que estos días eran así.
Pero igual los quiero. Igual los prefiero.
He llegado mejor que algunos y peor que otros, pero llego.
También, debo decir, que imaginaba llegar con todo prolijo, con todo resuelto.
Y salvo por algunos pequeños detalles, casi intrascendentes, la verdad es que lo conseguido hasta acá es bueno en general.
Pero yo pensaba que llegaba con los papeles en orden… en el estante de las biblias las biblias y en el lugar de los calefones esperaba encontrar los calefones.
Pues me equivoqué.
Está un poco desordenada la cosa.
Biblias y calefones revueltos, mezclados, desordenados, maltrechos, rotos, descuajeringados, reventados, oxidados, descuadernados.
Así se llega hasta acá. Con el cambalache a pleno. Con las historias barajadas. Es una forma de llegar… Debo decir además que me duelen estos días. No son días sin intensidad. Son días apasionados, días con cenizas que no se sabe de dónde llegan, días de elecciones, días de reflexiones, días para optar y días para adelante, ya que estos días serán los que configuren días venideros.

Pero yo quiero estos días…
Quiero que sean mejores para nosotros, quiero que sean días de plenitud, días que valgan la pena, días de creatividad.
Ya no soy joven, pero aunque parece un reproche que me hace algún miserable que intenta hacerme sentir mal (y que no hace falta nombrar) eso me permite mirar en perspectiva.
Y decir: Rechazo profundamente a quienes dicen “en mi época yo… tal cosa”… Los rechazo y los desprecio por cobardes… Tampoco me dan confianza los que dicen: “Yo quiero un futuro para mis hijos”. Yo prefiero un buen presente. Un presente concreto. Un presente que nos dure lo que sea, lo más posible.

Hay que animarse y convencerse de que esta es nuestra época. Toda esta. Mientras estoy vivo es mi época y no solo cuando iba al colegio secundario o cuando me recuerdo como joven, o cuando daba mis primeros besos y desvestía los primeros vestidos y descubría el amor y la belleza.
Esos eran días imborrables, días de gloria, de tocar el cielo con las manos. Días de no dormir y no cansarse, días de noches y días de lunas. Intensos días… Es más lindo y se ve mejor en las fotos el pelo largo y ser esbelto… pero así llegué hasta este momento y mi pelada me revela ser el que soy: un hombre que ha cabalgado el almanaque sin miedos ni titubeos pensando que los pasados no son los mejores días. Estos son los mejores. Los que nos tocan vivir a todos. Los días de mis contemporáneos.
Yo elijo que sean así.
Yo hago que sean así.
Las personas inteligentes se muestran con sus acciones.
No andan diciendo por allí “soy inteligente”.
Hacen cosas inteligentes, dicen cosas inteligentes, no utilizan el marketing. A veces el marketing los pone de ejemplo: “Ese que va por allí en la vereda de enfrente es un tipo inteligente. Mire para este lado y la chica de la remera a rayas… esa es una mina inteligente”.
Y me parece inteligente elegir vivir con picardía.
Nada de cosas así… como desabridas, como fofas, como desdibujadas.

Finalmente, cada uno de nosotros tiene su propio cielo o infierno particular… que no queda en ningún lugar pero que nos toca. Si uno es un estúpido que no puede aceptar las mejores cosas de la vida, ya vive en el infierno. Si uno se enfrenta a los más grandes enigmas y puede resolver algo y seguir avanzando, a lo mejor, ya ha llegado al paraíso.

Elijo entonces, si de elegir se trata, vivir intensamente estos días.
Con los ojos bien abiertos, observando cada detalle.
Para no perderme la más mínima de las pequeñas cosas, para no dejar aplastarme por las gigantescas.
Y a lo mejor ando con una sonrisa, pero no quiere decir que soy uno que se siente en la felicidad con chancletas.
Simplemente opto por dejar de lado algunos pesares.
Un día con sonrisas es un día en que no nos invadió completamente la tristeza.
Hoy nos tocan estos días.

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