Por César Panella

Fotografía Cesar Panella

En mi viaje de Agosto de 2012 a la Leonesa, Chaco, tuve la oportunidad de conocer uno de los más grandes monumentos realizado en materia de Memoria, Verdad y Justicia.

Había pasado Resistencia y ya anochecía. El GPS del auto me indica que debo tomar la ruta nacional 11 que va camino a Formosa. Cuando a la vera de la misma se encontraba la localidad de Margarita Belén me hace entrar a la ciudad. Recorrí la misma y el GPS me indicaba una ruta de tierra que no era la apropiada para llegar a la Leonesa. Razón por la cual nuevamente salí hacia la ruta 11. Era de noche y no se veía nada. Pasé un control policial, no sabiendo que al lado derecho unos metros más adelante se encontraba el monumento. Al otro día, a las 13 horas emprendo el regreso a Mendoza y me encuentro a mitad de la ruta 11 con este maravilloso monumento, verdadera obre de arte.

Al bajarme del auto veo el primer monumento, que tiene un cartel que dice ” Monumento histórico. Masacre M. Belén. 13 de diciembre de 1976”. Es un monumento simple, con una cruz de madera con su Cristo. A su costado dos paredes bajas blancas, para colocar chapas recordatorias y dos postes de luz para iluminar el mismo. Ese fue el principio de como se recordó en tiempos pasados a los compañeros fusilados,  ultimados en un operativo conjunto del Ejército Argentino y la Policía del Chaco durante la noche del 12 al 13 de diciembre de 1976. En la nota de ayer explique como se produjeron los acontecimientos.

Me llama la atención como los compañeros fueron torturados, tres de ellos castrados y las compañeras violadas por los represores. La saña se completa cuando armada la farsa del tiroteo de los detenidos con quienes los trasladaban supuestamente a la cárcel de máxima seguridad en Formosa, cuando su Director no estaba al tanto de que el camión del Ejercito vendría a Formosa. Los compañeros habían sufrido graves palizas y era imposible de que pudieran alzarse. A esto se suma los partes de defunción del nefasto Dr. Gallo, experto en torturas, que hizo pasar a las 22 muertes como naturales y las lastimaduras como simples rasguños.

Una vez fusilados los compañeros (hasta el día de hoy no se sabe su número exacto), los represores llaman a las autoridades judiciales para que constaten las muertes. Se habló de un atrincheramiento de los detenidos con intento de fuga, razón por la cual las autoridades policiales y del ejército procedieron a su búsqueda alertando a la población de estos supuestos prófugos que ya habían sido asesinados. Se colocan los 22 cuerpos en un camión del ejército y al lado del algarrobo donde fueron ejecutados, las autoridades militares, policiales y judiciales (una vez que terminaron de labrar los acontecimientos) procedieron a comer un asado criollo a la estaca y a beber con vino. Hasta el día de hoy no se sabe nada acerca de donde se pueden encontrar los cuerpos de los compañeros fusilados.

El 15 de Mayo de 2007 el monumento fue visitado por el presidente Kichner y su esposa la senadora y actual mandataria del país Cristina Fernández de Kichner. Fueron acompañados por Estela de Carlotto y dieciocho Madres. En esa oportunidad Néstor  pidió ”disculpas” por ser el primer presidente que estaba presente en un homenaje a las víctimas de Margarita Belén.
”Vuelvo a pedir disculpas en nombre del Estado nacional argentino al pueblo chaqueño, a los fusilados, a los desaparecidos y a los agraviados, porque es la primera vez después de 31 años que un presidente de la Nación está presente acá”, dijo.

Recién en el año 2011 se dictó la prisión perpetua a los militares represores genocidas que participaron del hecho, resultando absuelto el ex jefe de la policía. El día anterior al dictado de la sentencia por el Tribunal Federal, en el monumento se plantaron 1000 flores para que nazcan 1000 margaritas por parte de miembros de distintas agrupaciones sociales y políticas.

Volviendo al tema de la masacre, hay un punto en común con las muertes que se producen en el NEA ya desde el siglo XIX, remontándome al caso de Antonio Mamerto Gil Núñez, más conocido por su pueblo como Gauchito Gil. La policía lo venía siguiendo hasta que le dan alcance en Mercedes, Corrientes. Tenían que llevarlo a Goya para que fuera sometido a los tribunales locales. Como la distancia a Goya es de 120 kms. aproximadamente, lo común era que la partida lo ejecutara en el camino, aduciendo que el detenido se había sublevado en contra de la autoridad durante su traslado. La historia dice que Antonio Gil fue colgado de sus pies cabeza abajo y degollado, llevándose su cabeza para que fuera exhibida ante la autoridad judicial de Goya para demostrar que había sido capturado. El resto del cuerpo quedo en Mercedes. Antes de morir Antonio Gil le dijo a su verdugo que cuando llegara a su casa se iba a encontrar a su hijo a punto de morir. Como él iba a matar a un inocente, le dice el gauchito que lo invoque ante Dios para que se opere el milagro de salvar a su hijo, ya que la sangre de un inocente es buena para realizar milagros. Así cuenta la historia que los hechos se operaron, razón por la cual el verdugo se dirigió al lugar donde había matado a Antonio Gil y le dio cristiana sepultura al lado del espinillo donde lo había degollado. Una vez enterrado, le colocó una cruz de madera, que se conoce con el nombre de la Cruz Gil.

La similitud de la masacre con el degüello del Gauchito Gil es más que obvia, a pesar de haber pasado cerca de 100 años entre uno y otro hecho (1878 – 1976). Es decir, se siguen utilizando los mismos argumentos hasta el día de hoy para justificar las masacres. El preso que huye y se le dispara para matarlo. El algarrobo donde se ejecuta el fusilamiento. Otro hecho identificatorio es la colocación de la cruz de madera con el Cristo en el primer monumento que conmemora la masacre de Margarita Belén. Inclusive en el monumento construido en 1997 vemos una gran cruz de cemento que acompaña a las estatuas, crudas pero reales que dan veracidad al momento del fusilamiento de cada uno de los 22 fusilados. Observo un paralelismo entre dos fenómenos distantes en el tiempo, casi de 100 años. Los dos lo unen la mismas argumentaciones. Una del siglo XIX, la muerte del Gauchito Gil, un santo popular ungido por el pueblo, quien lucha contra el orden estatuido y sus injusticias. La otra del siglo XX, la masacre de Margarita Belén, con mártires colectivos, que luchan contra las desigualdades por una sociedad más justa. Ambos acontecimientos con finales trágicos. Ambos perduran en la memoria de un pueblo que no se resigna a perder sus conquistas sociales y de derechos que bregan por muchos siglos.

El 8 de enero del 2011 en los festejos del Gauchito Gil, en Mercedes, Corrientes, vi a un promesero del gauchito que tenía tatuado en uno de sus pectorales a Néstor, recientemente fallecido y en el otro pectoral al Gauchito Gil. Dos santos levantíscos, nacionales y populares. En los terrenos de la política, el pueblo unge a sus santos.

Observo un paralelismo entre dos fenómenos distantes en el tiempo, casi de 100 años. Los dos lo unen la mismas argumentaciones. Una del siglo XIX, la muerte del Gauchito Gil, un santo popular ungido por el pueblo, quien lucha contra el orden estatuido y sus injusticias. La otra del siglo XX, la masacre de Margarita Belén, con mártires colectivos, que luchan contra las desigualdades por una sociedad más justa. Ambos acontecimientos con finales trágicos. Ambos perduran en la memoria de un pueblo que no se resigna a perder sus conquistas sociales y de derechos que bregan por muchos siglos.

El 8 de enero del 2011 en los festejos del Gauchito Gil, en Mercedes, Corrientes, vi a un promesero del gauchito que tenía tatuado en uno de sus pectorales a Néstor, recientemente fallecido y en el otro pectoral al Gauchito Gil. Dos santos levantíscos, nacionales y populares. En los terrenos de la política, el pueblo unge a sus santos.

A unos pocos metros yendo hacia Formosa por la ruta 11 se encuentra el monumento inaugurado en el año 1997. El mismo fue reparado en el año 2011. Pasando a observar cada uno de los fusilados, realmente es para felicitar al artista Luis Díaz Córdoba por lo excelso de su obra.

El primero de ellos con los ojos vendados, sus manos atadas por detrás y sus pies atados por una cadena, con su pantalón desprendido y su torso desnudo nos da la pauta de un compañero que llega al lugar del fusilamiento con su cuerpo lleno de heridas, pero haciéndose eco de aquella frase que se pronunciaban entre ellos: ”libres o muertos. ¡Jamás esclavos!”.  Al tener su pantalón desabrochado, pareciera ser uno de los tres compañeros que fue castrado.

El segundo tiene una postura de inflexión producto de las balaceras del fusilamiento que expresan el instante de la bala que atraviesa su cuerpo dándole la muerte. Sus ojos vendados y sus manos atadas por detrás completan su imagen.

El tercero de remera, ojos vendados, manos atadas con cadenas que al herrumbrarse con el paso del tiempo simulan la sangre de las heridas profundas de las torturas que sufrieron los compañeros durante su detención en la Unidad Penitenciaria 7 de Resistencia. Tiene zapatos propio de un obrero de fábrica.

El cuarto tiene posición de recibir el impacto de bala, con manos atadas con cadenas por detrás y los pies atados con cadenas. Sus ojos están vendados. Tiene alpargatas.

La quinta, es una de las mujeres con manos atadas concadena por detrás y sus ojos vendados. Uno de sus pies está con una cadena.

El sexto un compañero abatido, con grandes muestras de dolor, en estado de agonía dando sus últimos signos de su vida. Recordemos que puede estar haciendo alusión a otro de los compañeros que fueron castrados y llevados en estado de agonía al lugar donde fueron fusilados delante de un algarrobo. Sus manos atadas están por detrás.

El séptimo inclinado hacia atrás producto del fusilamiento con su torso desnudo y las manos atadas por detrás.

El octavo el clásico flaco, de ojos vendados, torso desnudo, pantalón y zapatos de fábricas, manos atadas por detrás.

La novena para ser una mujer religiosa por el tipo de atuendo, con ojos vendados y manos atadas por detrás.

El décimo aparece semi arrodillado simulando más una de las sesiones de torturas al que fue sometido que el fusilamiento. Ojos vendados, manos detrás.

El undécimo es un obrero de fábrica con sus manos en la típica postura de que ha sido alcanzado por el disparo de los fusiles.

El decimosegundo un obrero de mameluco con alpargatas, manos atadas con cadena tapándose la cara en el momento del fusilamiento.

La decimotercera es una mujer con jardinera, manos atadas por detrás con cadenas y ojos vendados, probablemente dándose vuelta al momento en que se producen los disparos.

El decimocuarto es un obrero con botas de goma, ojos vendados y manos atadas por detrás, con la típica expresión de sentir el horror que se avecina que acabará con su vida.

La decimoquinta es una mujer embarazada con sus ojos vendados , cadenas en los pies y manos atrás. Recordemos que las mujeres fueron violadas y torturadas durante el período que permanecieron detenidas.

El decimosexto es un hombre atado en sus pies y manos con soga. Ojos vendados y pantalón y zapato de fábrica, espera con su torso desnudo y en plena agonía su próximo final.

El decimoséptimo aparece abatido, con sollozos agonizantes, con ropa de obrero de fábrica. Al parecer sería otro de los hombres castrado que fueron llevados en agonía al lugar de su fusilamiento.

La decimoctava es una mujer de manos y pies atada en cadenas. Usa alpargatas y refleja su estado sufriente de las torturas y vejaciones sufrida en el cautiverio.

El decimonoveno es un hombre de torso desnudo, que se encuentra en una postura de inflexión, con sus ojos vendados y manos atadas por detrás. Son sus últimos suspiros frente a su inminente muerte.

El vigésimo aparece con una pierna cortada, ropa y zapato de fábrica, manos atadas por delante y ojos vendados. Espera con su cuerpo lacerado su final fatal.

El vigesimoprimero tiene sus ojos vendados, con ropa y zapatos de fábrica en una postura similar al recibir algún disparo del fusilamiento.

El vigesimosegundo y último esta de costado con sus ojos vendados y manos atadas por detrás. Ropa de obrero.

En el monumento se hace patente el: ”Libres o muertos. ¡Jamás esclavos!”, con el que se arengaban todos estos compañeros y compañeras torturados, castrados y violadas mientras estaban detenidos en la Unidad Penintenciaria 7 de Resistencia y en la Alcaldía.

Todo respondió a una consigna clara: promover ”un traslado de detenidos” y fraguar un enfrentamiento con supuestos subversivos que pretendían atacar la columna militar para liberar a los presidiarios.  Plan orquestado entre noviembre y diciembre de 1976 en base al ”comando estratégico” de operaciones antisubversivas, por instrucción del Ministerio del Interior. El objetivo es crear un clima de terror en la población civil buscando el efecto aislamiento de los distintos militantes de organizaciones. A la vez se afianzaba el poder del Comandante Crisitino Nicolaides en el NEA.

Los recuerdos de la vida, tal como se llama la exhibición de paneles con las fotografías de los revolucionarios masacrados desaparecidos en Margarita Belén que se encuentra a los costados de la entrada del Monumento, dan prueba de la decisión de transformar la realidad que tuvo la generación de los años setenta, no mayores de 25 años, que se jugaron la vida para no naturalizar las humillaciones que sufría el pueblo del noreste argentino.

A 36 años de los hechos, las consecuencias de la masacre de Margarita Belén, en particular, y del terrorismo de estado, en general, están presentes. Se trata de romper con la teoría de los dos demonios que intenta justificar la tortura-asesinato-desaparición -delitos de lesa humanidad- por “ser subversivo o terrorista o el famoso por algo será”. Esta versión aún continúa presente en algunos sectores de la opinión pública, demostrando la eficacia del trabajo ideológico ejercido por el gobierno militar.

 

 

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