Una de las premisas de los países para sostener la paz concreta es no alimentar ejércitos. La única justificación para sostenerlos es la posibilidad de una guerra. Lo que los académicos y politicólogos llaman “hipotesis de conflicto”.Cuando no hay, no se justifica mantener fuerzas de seguridad. El armamentismo y la búsqueda de conflictos termina casi siempre en eso. Ya lo conocemos en nuestra historia. Una cosa es la época de la Independencia que no fue una cuestión pacífica ni “angustiante” y sí fue una pelea, una guerra para obtener la soberanía política. Esos eran militares heroicos: San Martín, Belgrano, Güemes y sus contemporáneos.

Luego según marca la historia, no hubo intervenciones que justificaran mantener fuerzas de seguridad. La guerra por Malvinas y su resultado es la prueba de la inutilidad del mantenimiento de semejante estructura para una aventura que no dejó más que muerte y locura.La mayoría de los militares profesionales que participaron lo hicieron de muy mala manera. Para eso es recomendable revisar el Informe Rattenbach.

El periodista Enrique Vázquez escribió en estos días lo que sigue: “Hay mucha gente convencida de que el repugnante Aldo Rico fue un combatiente en las Malvinas, y algunos agregan que combatió “como un héroe”.Cierta frase confusa del presidente Raúl Alfonsín, en los días finales de la sublevación de Semana Santa de 1987 -“los amotinados, algunos de ellos, héroes de Malvinas”- les permitió a otros inferir que uno de esos supuestos “héroes” era, precisamente, el canalla Aldo Rico.

Nada más lejos de la verdad.

En el desembarco, el 2 de abril de 1982, Rico permaneció en Campo de Mayo a cargo de la instrucción de un grupo de noveles comandos del batallón 602. Los veteranos viajaron a las islas bajo la jefatura de Mohamed Alí Seineldín.

Rico llegó a Puerto Argentino en el último Hércules que pudo aterrizar en la isla, el 25 de mayo.

Estuvo “aclimatándose” unos días y el 8 de junio le asignaron la que sería su primera y única misión de combate: proteger la ladera oriental del monte Harriet. Llegó a la elevación a media tarde del día 9, al mando de un comando mixto del Ejército y la Gendarmería.
El 10 amanecieron rodeados de comandos británicos, que mataron a dos subalternos de Rico: los sargentos Mario A. Cisneros y Ramón Gumersindo Acosta.

O sea: mandaron a Rico para evitar sorpresas, y fueron sorprendidos.

¿Qué pasó? Rico y los suyos se quedaron dormidos. Cuando vio caer a los dos sargentos se replegó a Puerto Argentino, donde se rindió junto al general Menéndez cuatro días más tarde.

Para justificar su mal desempeño en el monte Harriet, Aldo Rico dijo que los ingleses pudieron trepar de noche y sorprender a los argentino por su “ventaja tecnológica”: la utilización de anteojos de visión nocturna.

Luego se demostró que tal ventaja no existía, ya que el ejército argentino había comprado cientos de esos mismos artefactos de visión nocturna, varios años antes de la guerra. Pero los comandantes no los llevaron a las islas. Aunque no se olvidaron de llevar botellas de Bianchi borgoña y champán Baron B.

Los despistados que lo consideran un “héroe” pueden leer las memorias de Rico, que cuenta que el mayor peligro no fue en combate sino la baja altura del Hércules que lo llevó a las Malvinas, “casi a ras del agua, era un espanto”. Lo que cuenta este nefasto personaje es que mientras estuvo en Puerto Argentino, fue el más encarnizado “instructor” de los colimbas congelados por el frío y muertos de hambre.

“Un valiente con los débiles y un cobarde con los fuertes”, concluye Enrique Vázquez.

Ese profesional de la guerra desfiló entre los soldados obligatorios enviados a esa aventura guerrera sin más plan que el que surgía de las tormentas de hielo en un vaso de whisky que revolvía el borracho General Galtieri.

1 Comentario

  1. No se cómo llegue a este artículo, pero me pareció interesante lo que el autor escribe. Interesante porque expresa su opinión. Interesante porque siempre es bueno expresarse como uno cree hacerlo y porque tiene cada uno el derecho de ejercer su libre expresión. Tengo entendido que el autor, es un reconocido periodista mendocino y por ser esa su vocación, debe informar con la verdad, porque “Una verdad dicha a medias, es una mentira”. A mí en lo personal no me agradan ciertos personajes políticos y culturales de los últimos 40 años, sin embargo, si quiero descalificarlos debo ser objetivo basándome respecto de la veracidad de sus hechos, palabras y acciones. Es simple: No puedo acusar con la mentira ya que eso se llama calumnia y cuenta con pena tipificada por ley. En este caso el autor tiene groseros errores conceptuales y por eso, considero expresar mis discrepancias a su escrito.

    Los Romanos tenían de referencia la célebre cita: «Igitur qui desiderat pacem, praeparet bellum» que traducido del latin es “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”. Contrariamente a lo expuesto por Vera Da Sousa, una de las premisas de los países para sostener la paz concreta es mantener consolidados a sus ejércitos, existiendo o no “hipótesis de conflicto”. La capacidad y profesionalismo de las fuerzas armadas, no se adquieren de la noche a la mañana y por tanto se requiere una regularidad en el ejercicio de la actividad militar de sus miembros y componentes para actuar ante una eventual agresión o contingencia. Únicamente les sirve a intereses extranjeros, tener fuerzas armadas mermadas en capacidad y rendimiento, por el solo hecho de no existir “hipótesis de conflicto”.

    Realmente es una falacia indicar la inexistencia de una “hipótesis de conflicto”, porque hay una que es constante y latente, solo que quizás no se tiene en cuenta o se oculta a sabiendas y es el desarrollo de maniobras, por parte del Reino Unido de la Gran Bretaña, con empleo de tropas y misiles en las Islas Malvinas. Públicamente Gran Bretaña indica que son acciones tendientes a la defensa de las islas, pero se ignora si las mismas corresponden también a planificar un ataque desde Malvinas hacia la Patagonia Argentina o sobre la Antártida. Recordemos que, por resolución de la ONU, se le reconoció a nuestro país la ampliación de la jurisdicción soberana de nuestro país sobre la plataforma continental. Es decir que Argentina extiende derechos de soberanía sobre recursos del lecho y subsuelo en más de 1.784.000 km2 de plataforma continental más allá de las 200 millas marinas, que se suman a los aproximadamente 4.799.000 km2 comprendidos entre las líneas de base y las 200 millas marinas.

    Emilio Vera Da Souza ignora que los militares constantemente se preparan para actuar en lo que es su profesión -así como un deportista se entrenan para competir- y tal vez olvida que los mismos dependen de sus superiores militares y/o políticos, quienes ordenan y disponen de ellos. Efectivamente Vera Da Souza pone en la misma bolsa a los altos mandos con los subalternos a estos. En el caso de la Guerra de Malvinas, el citado informe Rattenbach, evalúa a los altos mandos actuantes en la guerra por las responsabilidades políticas y estratégico militares de la misma. En el plano militar para todo el personal involucrado directa e indirectamente expresa textualmente: “Las responsabilidades de cualquier persona, sean de carácter penal, disciplinario y/o del honor que surjan de lo actuado y que, a su juicio, deban ser investigadas y juzgadas por la jurisdicción común o militar respectiva, en la forma que legal y reglamentariamente corresponda.”

    Lo que no habla el citado informe, es sobre el coraje, audacia y valentía de los combatientes, sean soldados, suboficiales u oficiales. Considero una ofensa las palabras expresadas por Emilio Vera Da Souza y reproduzco textual: “La mayoría de los militares profesionales que participaron lo hicieron de muy mala manera” Hay sobradas muestras de actos heroicos de los mismos. Desde pilotos que, sin capacidad armamentística y solamente armados con bombas, se lanzaban contra los buques ingleses. La capacidad de conducción de los oficiales y suboficiales argentinos en la batalla de Darwin-Goose Green, hizo que las tropas británicas se vean demoradas en dos días en recuperar ambos poblados. En todas las batallas, soldados profesionales y conscriptos se enfrentaron con suma gallardía y valor, a tropas altamente profesionales causándole bajas a las mismas. Es lógico, el potencial armamentístico desplegado por las fuerzas británicas superaba ampliamente a las fuerzas argentinas. ¡No todos fueron infames cobardes como el soldado Edgardo Joaquín Esteban! También hubo soldados valientes como Oscar Ismael Poltronieri, quien fue merecedor a la medalla “La Cruz al heroico valor en combate” Por sus acciones de combate durante la batalla del cerro Dos Hermanas, en donde era operador de una ametralladora, desoyendo la orden de retirada y quedándose combatiendo él solo, permitiendo el repliegue de todos sus compañeros a zonas seguras y aferrando al enemigo con su única boca de fuego, impidiéndole avanzar a todo el dispositivo ofensivo británico”.

    Siguiendo con el artículo escrito por el Sr. Vera Da Souza, el mismo se centra en la figura de Aldo Rico. Antes que nada, debo reconocer que el Sr. Vera Da Souza tiene todo el derecho de discrepar y/o no simpatizar con el sujeto principal de su escrito. Eso mismo no quita que los hechos atribuidos al protagonista, sean de fiel autenticidad, ya que el autor no se ha remitido a la documentación ni a la debida investigación de los hechos que relata. Al contrario, confunde y tergiversa las acciones arrogadas, basándose en laxas apreciaciones carentes de fundamento y de libre interpretación ideológica. Tal vez en razón de su odio visceral hacia la figura principal de su artículo periodístico.

    Ante esto creo conveniente separar la actuación militar como participante de la Guerra de Malvinas y el posterior accionar político post guerra de Aldo Rico. Analizando estrictamente el plano militar, y en vista a lo informado por el Vera Da Souza, debo hacer las siguientes refutaciones:

    Al momento del inicio de la recuperación de las Islas Malvinas, Al entonces Mayor Aldo Rico, se encontraba destinado en San Juan como segundo jefe de un regimiento destinado a la custodia de los pasos fronterizos con Chile, ante la amenaza de que el vecino país iniciara un ataque aliado al Reino Unido de la Gran Bretaña, a quien Chile le prestó ayuda logística y de inteligencia.

    El resto de los comandos se encontraban nucleados como unidad estable dentro de la Escuela de Infantería en Campo de Mayo, en el denominado Equipo H.A.L.C.O.N. 8, a órdenes del Mayor Mario Castagneto (quien finalizaría su vida militar, siendo General de División y subjefe del Ejercito). El resto de los comandos pertenecientes a la especialidad, se encontraban revistando servicio en distintas unidades del país. Vale aclarar que solamente oficiales y suboficiales, previa aprobación del curso de “aptitud de comandos”, integraban dichas compañías. Es decir, no había soldados como integrantes de las mismas. Las compañías de comandos 601 y 602 fueron las únicas unidades del Ejército Argentino que tomaban la iniciativa de ofensiva y contrataque hacia las fuerzas armadas británicas.

    El entonces Tne. Cnel Mohamed Alí Seineldín, (quien también ostentaba la especialidad de Comando) era el jefe del Regimiento de Infantería Mecanizada 25, con asiento de paz en Colonia Sarmiento, Chubut. Seineldín junto con la Compañía C de este regimiento participan de la operación de desembarcado y recuperación ejecutada el 2 de abril de 1982. Posterior a la recuperación arriban las restantes compañías de este Regimiento, mientras que la compañía C, se traslada a la zona de Darwin-Goose Green.

    La compañía al mando del entonces Mayor Aldo Rico se crea el recién el 21 de mayo, bajo la idea de reforzar a la compañía de comandos 601, quienes se hallaban en Malvinas desde fines de abril. En una semana reunieron parte de los oficiales y suboficiales destinados en distintos puntos del país, así como la indumentaria, armamento y equipos necesarios.

    La compañía de comandos 602 arriba el día 28 de mayo y me temó que Vera Da Souza, incurre en un nuevo error, ya que los Hércules siguieron aterrizando y despegando desde la pista de Puerto Argentino. El ultimo Hércules -130 aterrizó y despegó la noche del 13 de junio, burlando el sistema de misiles de los buques británicos.

    Respecto de la apreciación que indica sobre Aldo Rico en el cruce en avión hacia Malvinas, solo conozco la expresión del nombrado en pleno vuelo hacia las islas, cuando los tripulantes del Hércules C-130 lo invitan a la cabina y este al observar lo baja altura del vuelo, casi acariciando las olas, les manifestó “Hijos de puta, esto es un avión, no una lancha” (citado en el capítulo 15 del libro “Comandos en Acción” de Isidro Ruiz Moreno)

    Es una falacia el termino expresado por Vera Da Souza, que Rico “se aclimató” dicho en modo despectivo, como si estuviera “al pedo y pelotudeando” porque la compañía 602, al mando de Aldo Rico, el día 29 – un día después de arribar a suelo Malvinense – ejecuta su primera operación de guerra. Como parte de la orden impartida por el comando de la X Brigada de la cual dependía, planificó y ejecutó misiones de exploración e infiltración en el dispositivo enemigo, movilizando a sus miembros a distintos puntos de la isla soledad. Cabe destacar que la primera sección de la compañía 602 es enviada a explorar la zona de Monte Simmons, permaneciendo tras las líneas británicas, para que luego sus efectivos se replegaran a un punto de encuentro de evacuación en helicópteros, pre establecido. El resultado de dicha misión se vio frustrado por el brusco cambio climático que obligó a los comandos, en medio del repliegue, a refugiarse en una casa abandonada en el denominado “Top Malo House”, donde fueron emboscados en uno de los más cruentos combates de la guerra de Malvinas. Un oficial y un suboficial perecen, mientras que tres oficiales y dos suboficiales son heridos y capturados con los restantes cinco miembros de la sección. Los hechos se encuentran narrados en el capítulo 18 del citado libro de Ruiz Moreno.

    Antes del combate citado en monte Harriet, Rico y los hombres a su cargo participan de una operación de asalto a Monte Wall, cuyas alturas se encontraban ocupadas por los británicos. Para ello se desplazan hasta las inmediaciones de las posiciones del Regimiento de Infantería 4 a fin de preparar la operación. Para ejecutar la misma, Aldo Rico personalmente regla mediante radio, el fuego de artillería del Batallón de Infantería de Marina 5 y del Grupo de artillería 3 (al mando del entonces Tte. Cnel. Martín Balza). Luego de producido el ataque de la artillería, toman las alturas del citado cerro capturando material y equipos dejados por los desalojados ingleses. Posteriormente retornan a Puerto Argentino. (citado en el capítulo 22 del libro “Comandos en Acción” de Isidro Ruiz Moreno)

    Luego Vera Da Souza comete otra mala interpretación al referirse a la misión de “proteger la ladera oriental del monte Harriet” donde fallecen Cisneros y Acosta. En realidad, los hechos ocurren en otro lugar cercano a este: las inmediaciones del monte “Dos Hermanas” (o Two Sisters, según la topografía inglesa) En vistas a la información brindada por una sección avanzada del Regimiento de Infantería 4, que indicaba el constantemente transitar de tropas inglesas que trataban de infiltrarse en la zona. Por esa razón, se monta una emboscada en la saliente rocosa del monte “Dos Hermanas” y la llanura adyacente al mismo. Estando instalados los miembros de la compañía 602 en dicho lugar, observan el paso a la distancia de efectivos británicos que regresaban luego que estos fueran rechazados en Monte Harriet. La distancia existente entre el paso de los británicos y el parapeto de los comandos argentinos impidió la ejecución de la emboscada prevista, pero a su vez, las tropas al mando de Rico habían logrado permanecer sin ser detectados en el lugar. Con las primeras luces emprenden el repliegue hacia las posiciones de avanzada del Regimiento de Infantería 4, con la intención de regresar a la próxima noche y ejecutar la planeada emboscada.

    Vuelven a instalarse en el lugar previsto ubicándose en la ladera en distintas alturas (la ladera se asemeja una tribuna) los miembros de la compañía al mando de Rico y los miembros de Gendarmería. Siendo aproximadamente las 2:00, se observan la aproximación de las fuerzas británicas quienes toman la ofensiva y atacan a quienes esperaban sorprenderlos. Los británicos rompen fuego contra la posición más avanzada disparando con un lanzagranadas que reventó contra el cuerpo del Sgto. Mario Antonio “El Perro” Cisnero, matándolo en el acto y destrozando su ametralladora. Producto del combate, muere el Sargento Ramón Acosta de Gendarmería Nacional.

    Pasado el quiebre del silencio, la ferocidad del fuego disparado por ambos bandos aumenta considerablemente. Vale aclarar que este combate tiene un tinte inédito porque los comandos argentinos se enfrentaron con miembros del S.A.S (Special Air Service) es decir tropa de elite como ellos. Ambos bandos contendientes creyeron tener enfrente a todo un regimiento regular que los atacaba.
    Respecto de la afirmación del señor Vera Da Souza, Que “Rico y los suyos se quedaron dormidos” lo considero una falacia, más allá que la iniciativa les correspondió a las tropas británicas, considero que el valor y empeño empleado por los comandos argentinos, equilibró las acciones ya que el fuego enemigo fue decayendo en vísperas del repliegue de los británicos. Ambas unidades contaban con elementos de última tecnología como visores nocturnos y sin ellos habría sido imposible la detección mutua en la zona de combate. La ventaja tecnológica con la que contaban los británicos era una mayor capacidad de elementos para interferir y barrer las comunicaciones, además del apoyo de EEUU y la misma OTAN.

    En defensa de Rico, voy a reproducir textualmente los dichos del Capitán Eduardo Marcelo Villarruel, quien secundaba en el mando de la compañía 602 al Mayor Aldo Rico: “En la emergencia se complica todo y el golpe de fuego inicial lo tuvieron los ingleses, pero uno de los principales méritos de Rico en este combate es haber impulsado a la gente, haberla sacado de la sorpresa”.

    Viendo el repliegue de las fuerzas enemigas, Rico decide repetir la modalidad reglar el fuego de artillería, tal como lo hizo al atacar Monte Wall. Previamente ya había coordinado con el teniente coronel Martín Balsa una serie de lugares en las cartas geográficas que tenían ambos, para ser abatidos “a pedido” del Mayor Aldo Rico. Con este reglaje de fuego de artillería, la fuerza británica fue perseguida por cuatrocientos metros, hasta perderse el rastro de ella. Por testimonios de los propios británicos, habrían tenido 18 bajas (entre muertos y heridos) y solamente 2 ingleses sobrevivieron.

    Luego del combate y repliegue a puerto argentino, los subsiguientes días, ambos jefes de las compañías de comandos 601 y 602, planteaban distintas operaciones para salir a atacar a los británicos tras sus líneas, pero terminaban siendo rechazadas sus intenciones ante “los generales inoperantes de escritorio” como Jofré, Parada y Menéndez, que permanecían pasibles ante el avance enemigo. Al contrario, los mandos destinaban a los comandos a ocupaciones y procedimientos ajenos a sus aptitudes de combate y que pudieron haber recaído en la propia policía militar de Puerto Argentino. No obstante, Rico y Castagneto planifican lo que denominaran “Operación Alcázar” que consistía en la idea de defender Puerto Argentino casa por casa a fin de demorar la recuperación de la capital malvinense, pero esta operación es objetada nuevamente por nombrados ineptos con grado de general de brigada.

    En la mañana del 14 de junio y con el ejército británico a las puertas de Puerto Argentino, ambas compañías son enviadas a las afueras de Puerto Argentino a fin de repeler el avance enemigo. No logran entrar en combate porque prácticamente abrirían fuego contra las tropas argentinas que se replegaban desordenadamente hacia la capital. Por su desempeño en la guerra, Rico recibió la medalla “Al mérito militar”. Me parece que el mote de “encarnizado instructor de colimbas cagados de hambre y congelados por el frio en Malvinas” está de más, porque no tenía soldados a su cargo.

    Debo recordarle al señor Vera Da Souza que, si Aldo Rico hubiera planeado un atentado contra la democracia, le habría bastado con haber tomado como prisionero al Pte. Alfonsín cuando este concurrió a la escuela de infantería a entrevistarse con el sublevado Rico. Sin embargo, no fue así y los planteos militares que realizó no fueron contra la ciudadanía, sino contra los generales de escritorio a los que no reconocía como autoridad dentro del ejército. No fue el único insurrecto durante la presidencia de Alfonsín.

    Ahora bien, y a modo de concluir mi replica, tal vez al señor Vera Da Souza le molestó la presencia de Rico en el desfile de veteranos de guerra ocurrido el año pasado en la ciudad autónoma de Buenos Aires o tal vez no le agradó el desfile en sí y por eso expresa su desprecio en su columna de opinión.

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