Hay personas… que cuando llegan al sendero de mi morada todo parece cambiar. No digo que sea algo brillante, ni tampoco digo opaco; sólo estoy diciendo que algo cambia a mi alrededor por su presencia.

 

Hay personas que de tan profundas, casi no te permiten llegar jamás a conocerlas a fondo. Su alma tiene alturas de montañas y cada abismo está lleno de cosas inmateriales como el aire, como la sabiduría, como los recuerdos que la fueron modelando de esa manera.

 

Hay personas que de tan transparentes te dan la sensación que vas a perderlas en cualquier momento. Son etéreas, como el vuelo de una mariposa; sutiles como la sonrisa de un bebé… su encanto va más allá de lo que puedas conceptualizar o describir: llegan, pasan, se van y te dejan esa sensación de armonía que te ayuda a soportar hasta los más duros momentos.

 

Hay personas con tanta belleza dentro que necesitan expresarla… y gracias a Dios que es así. Ellas llenan el universo con sus colores y sus raras perspectivas, o se encaraman a una silla y desde allí lanzan un discurso sobre la libertad; o te revuelven los pasillos del alma escribiendo poesía que estalla en soles en tu interior; o toman su violín, su guitarra, su piano o su voz y traducen cada sonido efímero, cada sentimiento, en música que llega muy hondo.

 

Hay personas que llenan mis días de sonrisas anónimas y que, sin darse cuenta, me cambian el humor. Las veo correteando tras sus niños en las plazas, o riendo a carcajadas con sus amigos compartiendo una ronda de mate, o rezando tan profundo que la flor que tienen entre las manos parece estallar en luz…

 

Hay personas que día a día me despiertan con mensajitos de te quieros o que saltan mil barreras para demostrarme su amor. Algunas de ellas se esfuerzan por hacerme saber que están mientras que otras, más frágiles por momentos, me piden que las abrace y les dé consuelo.

 

Todas ellas, conocidas, amadas, desconocidas, extrañadas… todas ellas llenan mis días, mis noches, mis sueños, mis esperanzas. Cada una de ellas, aún las que se fueron tan lejos que ni siquiera buscando entre las nubes ya puedo verlas, me tiene atrapada en algún punto de su rara belleza.

 

Hay personas… que son únicas en el mundo. Una rara especie en extinción. No se manejan con relojes, no dejan de llamar a un amigo aunque la junta de directivos esté esperando impaciente… esa gente se maneja con los horarios que el sol y la luna impone a su vida, y los minutos con los latidos que marcan los corazones de su gente querida.

 

Hay personas en el mundo que lo llenan con tan solo una mirada. Son como pequeñas piedras de colores en el fondo de los ríos, contrastando contra el gris de las demás. Son como un árbol que florece a destiempo, mientras el resto aún duerme su sueño de invierno.

 

Hay personas que convierten los días en tertulias; las noches en carruajes que te llevan a otro mundo; cada instante en algo sorpresivo y fugaz.

 

Hay personas, como vos, como yo… que esconden el mayor tesoro que nadie podrá darte jamás. Su alma tiene la textura del algodón más puro, en sus ojos flotan mares lejanos, de sus manos nacen maravillas, su corazón esconde secretos de ángeles y así te lo regalan, de esa manera única, rara, extraordinaria de amar.

 

Myriam

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here