Las economías emergentes seguirán creciendo a tasas altas, aunque menores que las de este año. A la alta liquidez internacional inyectada por EE.UU., la Unión Europea y Japón, se suma la de los países emergentes. La devaluación del dólar tiene una innegable relación con la tasa de crecimiento de las reservas en las economías emergentes. Los países desarrollados continuarán buscando re balancear sus economías a través de una combinación de políticas monetarias muy expansivas, destinadas a mantener a los mercados financieros en un alto grado de liquidez hasta que se haya restablecido la confianza y el crédito, con políticas fiscales destinadas a mejorar la solvencia en el largo plazo.

 

El “quantitative easing2” (alivio financiero) podría ser una tendencia de las economías desarrolladas que se extienda a las economías emergentes, en la medida que estas quieran proteger las paridades de sus monedas, interviniendo el mercado cambiario con compras de dólares por parte de sus bancos centrales. La decisión de Japón de evitar una mayor apreciación del Yen, tal vez fue el principio de una “guerra de monedas” que ahora cobra importancia a partir del anuncio oficial de la “quantitative easing2” y la  volatilidad del dólar. La fragilidad del dólar es obvia, lo que no parecía razonable es una revaluación-aunque la Eurozona tiene sus problemas-. Los precios relativos pre crisis en EE.UU. no son sustentables y ello se refleja claramente en la paridad de su moneda. En un contexto de extravagante liquidez, debilitamiento del dólar en el mundo, y tasas de interés cercanas a cero en EE. UU., durante los últimos meses los capitales comenzaron a huir en manada hacia los países emergentes. Los ingresos vigorizaron las bolsas y bajaron el riesgo de los emergentes, pero se apreciaron sus monedas de manera alarmante. En estos días los mercados emergentes albergan un desahogo financiero, nunca antes hospedado.

Por Pablo Tigani

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