Si el crimen organizado es un fenómeno en incremento en los últimos años ¿Por qué es noticia que las mujeres están involucradas en él? Al analizar un estereotipo hay que tomar en cuenta dos componentes: sus características y su entorno. En el estereotipo, una mujer es débil (tanto físico como emocionalmente), más emocional que racional y su lugar está fuera de la vista pública, firme dentro del hogar desde donde se encarga de criar y cuidar. Al contrario, el estereotipo del narco es de un hombre poco civilizado, bruto, fuerte (físicamente) y sin escrúpulos ni remordimiento. Su lugar es en la calle, en una camioneta, cargando armas, tirando balazos. Parece evidente que estos dos estereotipos no se mezclan.

La mujer no tiene lugar dentro del mundo de los narcos por sus características pensadas: emociones y debilidad no son las características que se necesitan en ese mundo tan brutal. Además que, en el imaginario colectivo, la acción está alejada de la seguridad del hogar, fuera del lugar ”correcto” para la mujer.

Sin embargo, cuando le damos una vista al mundo real, todo es diferente. Dentro del mundo del narco, las mujeres son mucho más que mulas y novias muñecas: en Honduras, según datos de la Dirección Nacional de Investigación Criminal estiman que el 90% de los feminicidios está relacionado con el narcomenudeo. Existe bastante evidencia que las mujeres forman una parte importante de uno de los segmentos más peligrosos de la industria de las drogas: el narcomenudeo. Además, según García Luna de la SSP, ”ahora la mayoría de las drogas se venden en casas y los vendedores son amas de casa”. Un ama de casa vendiendo drogas, es posiblemente el antónimo a cómo imaginamos a los narcomenudistas: hombres violentos y  pandilleros.

La realidad obviamente no corresponde a los estereotipos. En los hechos, el narcotráfico es un negocio bastante racional en el que se aprovechan oportunidades. Obviamente, las mujeres somos igual de racionales que los hombres. Misterio resuelto.

Sin embargo, participar en el crimen organizado no es ninguna forma de liberación de la mujer.  Al contrario, la participación de mujeres puede ser una estrategia bastante racional del crimen organizado; mientras se mantenga el estereotipo, la mujer no parece muy sospechosa y el narcotráfico puede operar con más facilidad. Un ejemplo bastante explicativo es que entre el total de la población penitenciaria, sólo 4.6% son mujeres . Es difícil pensar que de todos los delitos castigados, sólo 1 de cada 20 es cometido por mujeres, lo que sí es muy posible, es que para la sociedad es difícil de imaginar que una mujer pueda delinquir alguna vez.

No intento glorificar la delincuencia femenina, ni promoverla. Lo que sí pretendo es exponer los efectos dañinos que los estereotipos generan para la sociedad entera, con el objetivo de terminar con ellos. Sólo así podemos alcanzar dos objetivos: la equidad de género y encontrar nuevas soluciones al problema del crimen organizado.

La liberación de la mujer no se trata de cometer tantos delitos como los hombres. Se trata de acabar con estereotipos y aceptar que las diferencias biológicas entre los sexos son mínimas y el género es meramente una construcción social. Acabar con los estereotipos es un deber tanto de los hombres como de las mujeres. Empezamos abriendo los ojos a la realidad, saliendo del mundo de estereotipos.

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