Estado de conmoción por Héctor Rodríguez

La Policía provincial (de Buenos Aires) acaba de asesinar a cuatro adolescentes en San Miguel del Monte. Sus familias están destrozadas. No fue un exceso. Ni un error. No es la primera vez, ni la segunda, ni la tercera que ocurre algo similar en este tiempo ominoso del país, en manos de funcionarios revanchistas, odiadores y con un desprecio atroz –en especial– por las vidas jóvenes. Que lo digan, si no, las familias de Santiago Maldonado, de Rafael Nahuel, de Facundo Burgos, el niño tucumano de once años muerto por un disparo en la nuca. La lista es larga.

Vivimos en un estado de conmoción continua en un país oscuro, donde el presidente felicita en la Casa Rosada a un policía procesado por homicidio, por matar a un delincuente por la espalda cuando éste huía. Donde la ministra de Seguridad se envalentona al declarar que “el que quiere estar armado que ande armado. La Argentina es un país libre.” Defienden meter bala y ejercer mano dura sin miramientos. Como si llevaran la pulsión de la muerte en su ADN. Aquí están los resultados: estamos retrocediendo vertiginosamente hasta la era de las cavernas.

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¿Cómo es posible que una mitad de la sociedad exija sangre y represión a mansalva cuando la otra sufre persecución, hambre y hostigamiento? ¿Qué le está ocurriendo a nuestro país, preso de una banda de psicóticos desaforados a cargo de una nación que se descompone día tras día?
¿Qué aire apocalíptico está enrareciendo las almas de sus gobernantes y las fuerzas de seguridad a cargo, convirtiendo a la Argentina en un país temeroso e irrespirable?
¿Qué monstruo a la deriva terminó construyendo Cambiemos?

Héctor Rodríguez, periodista, escritor. Buenos Aires.

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