La Conferencia Mundial sobre Reducción de Desastres, realizada en Kobe, Prefectura de Hyogo, Japón, en 2005, produjo un “Marco de Acción de Hyogo” (MAH), adoptado por la Conferencia, que aspira a “La reducción sustancial de pérdidas por desastres en vidas y en los activos medioambientales, económicos y sociales de los países y las comunidades”.

 

Con el objeto de alcanzar el mencionado resultado para el año 2015, el MAH enfatiza un cambio desde el alivio reactivo de emergencias (que no obstante sigue siendo importante) una reducción del riesgo de desastres (RRD) proactiva en las etapas previas al desastre a través del fortalecimiento de la prevención, la mitigación y la preparación. Un enfoque relacionado que está ganando un amplio apoyo es el de la Gestión del Riesgo de Desastres (GRD) que combina, a través de  una perspectiva de manejo, el concepto de prevención, mitigación y preparación con respuesta.

 

Cuando las instituciones y las organizaciones comunitarias funcionan efectivamente pueden actuar como fuertes catalizadores de los medios de vida, mejorando la prevención y la mitigación, proporcionando asistencia rápida en situaciones de emergencia, y estimulando y apoyando la recuperación de los medios de vida después de un desastre.

 

Amenazas de origen natural Cuando existe la posibilidad de que en un determinado lugar ocurra o se manifieste un fenómeno propio de la dinámica de la naturaleza, como una erupción volcánica o un terremoto, hablamos de amenazas naturales o, más precisamente, de amenazas de origen natural.

 

Normalmente no podemos hacer nada para evitar que uno de estos fenómenos ocurra (concretamente: para prevenir la amenaza), sino que tenemos que aprender a convivir con ellos, reduciendo nuestra debilidad o vulnerabilidad frente a los efectos de los mismos (mitigación).

 

Un territorio y una comunidad, y en particular una escuela, pueden estar sometidas a este tipo de amenazas, si por ejemplo se encuentran en zona sísmica (donde puede ocurrir un terremoto), o en la zona de influencia de un volcán (donde pueden resultar afectadas por flujos piroclásticos, caída de rocas y cenizas, flujos de lodos, o todas las demás amenazas asociadas a una erupción). Estos dos son ejemplos de amenazas geológicas

 

Escuelas preparadas: Escuelas seguras Unas de las alianzas claves para la reducción de riesgos, son la que se tejen con y dentro del sector educativo. En todos los países, los docentes son actores importantes para el desarrollo de las comunidades. Su relación con los niños, las niñas, las madres y padres de familia, los convierte en difusores por excelencia de los principios y herramientas de la gestión del riesgo. Por sus manos y las de sus

alumnos, pasan las iniciativas que permiten hacer de las escuelas, lugares seguros y mejor preparados para enfrentar los desastres.

 

Reducir los riesgos   Salvano Briceño, Director de la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres (EIRD), opina que, “Cuando surge una amenaza natural, los niños representan uno de los grupos más vulnerables, especialmente los que asisten a la escuela al momento de producirse un desastre”.

 

Se deben reducir los riesgos en el sector educativo frente a amenazas naturales, y  se deben dedicar esfuerzos a fomentar una cultura de la prevención, a partir de los pilares de la educación, comenzando por la escuela primaria.

 

Sin embargo, no existen avances similares en términos conceptuales y metodológicos, sobre los vínculos entre la educación para la prevención de riesgos y desastres, con la gestión y la educación ambiental.

 

Eliécer Duarte, geógrafo físico especialista en desastres naturales de Costa Rica asevera que “La inserción de los desastres en la currícula de alumnos de primaria y secundaria asegura una multiplicación de conceptos para generaciones venideras.

 

Estas bases de la educación formal e informal deberían ser mejor explotadas para seguir construyendo una cultura que apunte a la reducción del riesgo y no a la respuesta o reconstrucción. Las medidas preventivas y la reducción del riesgo aseguran en muchos modos la mínima interrupción de las rutinas diarias y de los efectos nocivos en la economía nacional que acarrean las catástrofes”.

 

Educar es prevenir

Cuando las poblaciones conocen las amenazas a que están expuestas, las formas en que construyen nuevos riesgos y, sobre todo las capacidades y los recursos con que cuentan para enfrentarlas, aumentan sus posibilidades de prevenir los desastres, o por lo menos de reducir el impacto de los mismos. Todos los esfuerzos educativos que tengan como objetivo la prevención de los desastres, constituyen acciones por el desarrollo y por la vida. Mientras mayores sean la educación y la organización de una comunidad, mayores serán sus capacidades para prevenir, reducir y mitigar los factores de riesgo, y para recuperarse de los efectos de los desastres desencadenados por fenómenos naturales o por acciones humanas.

 

Prevenir es transformar

Todas las iniciativas tendientes a la reducción de riesgos y la prevención de desastres contribuyen a que las comunidades se conviertan en lugares seguros y mejor preparados para responder a los efectos de cualquier amenaza. No importa si son grandes o pequeñas, urbanas o rurales, todas las comunidades que le dediquen esfuerzos a prevenir los desastres, están contribuyendo positivamente con su propia transformación.

 

Prevención es inversión

Prevenir los desastres no es sólo una importante acción humanitaria, sino también una inversión en favor del desarrollo de las comunidades, de su infraestructura, de su economía, de su patrimonio y de su historia. También constituye un ahorro, en la medida en que resulta más eficiente reducir los riesgos que reponer las pérdidas que causan los desastres.

 

Conclusión

“La inclusión de la educación sobre el riesgo de desastres en los planes de estudio de las escuelas primarias y secundarias, promueve la concientización y una mejor comprensión del entorno inmediato en el que los niños y sus familias viven y  trabajan” dijo Briceño.

 

Se debe lograr una reducción considerable de las pérdidas que ocasionan los desastres, al igual que construir comunidades y naciones resistentes, como condición fundamental para el desarrollo sostenible.

 

Fuente EIRD / AAPN

* Presidente / Asociación Amigos de los Parques Nacionales – AAPN –  Experto Comisión Mundial de Áreas Protegidas – WCPA – de la UICN.

Red Latinoamericana de Áreas Protegidas – RELAP –

 

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