A nivel popular se la conoce como Camino del Inca o también en su voz quichua, Qhapaq Ñan, aunque es de rigor hacer notar que tiene un nombre que es resultado de uno de los consensos políticos más interesantes logrado entre naciones latinoamericanas: Sistema Vial Andino.

 

En él se impone la natural verticalidad de los Andes de norte a sur por más de 6.000 kilómetros, aunque tiene sus giros, lo cual se entiende en virtud de la comunicación posible entre los pueblos instalados en la vertiente oriental de esta cordillera que tanto es barrera o separación como eslabón de una unión intencionadamente buscada por los incas, a partir de su centro administrativo en el Cuzco.

 

Es una maravilla constructiva con miles de años de historia. Lo transversal y lo longitudinal, si bien se adivinan imposibles por la altura y los perfiles abruptos, fueron efectivamente trazados. Gracias a ello el sistema vino a relacionar regiones de muy diferentes características ambientales, desde Colombia hasta la provincia de Mendoza, es decir desde las selvas hasta los páramos andinos, así como también la costa del Pacífico.

 

Una vez hecho el camino, fue aprovechado por los españoles para expandir su imperio y someter a los habitantes de los pueblos que nacieron a su vera, luego aquellas huellas fueron remontadas por los ejércitos patriotas y la fueron transitando después los arrieros y los viajeros del siglo XX y XXI. En el presente, la mira está puesta en la incorporación de esa vialidad vertebradora más sus sitios asociados, o sea, sitios donde subsisten estructuras levantadas por los incas que están próximos a algún tramo troncal o secundario del sistema. La idea es que formen parte de la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco y a ello se han abocado diversos grupos de científicos y actores estatales de todos los países que comparten estas vías que si bien se miran, no han dejado de utilizarse en muchos lugres alejados, incluso por las poblaciones campesinas actuales.

 

Hasta aquí llegamos. Más allá del señalamiento de la traza vial originaria que comunicó al Cuzco con el extremo del noroeste de la provincia, hay mucho sentido por develar. La relación de las estructuras arquitectónicas asociadas al camino, por ejemplo. O la noción de espacio sagrado que surge de los hallazgos arqueológicos más relevantes en Mendoza como lo son los adoratorios de altura en Cerro Aconcagua y Penitentes, que aportan un valor sociopolítico particular, dignos de ser cotejados con los que existen en la provincia de Salta, ambos en línea con las formas adoptadas durante el proceso de dominación incaica. Proceso que sin duda fue contradictorio y dejó una estela para nada positiva entre los descendientes de los pueblos originarios que fueron sometidos.

Todo esto, cabe pensar, explotará en un futuro itinerario turístico y cultural que si bien ya se está planeando de manera coordinada en el interior de cada país, ha de desarrollarse mucho más si este patrimonio de valor excepcional resulta ser incluido en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco.

Muchas de estas claves las tiene el asesor científico y técnico del proyecto Qhapaq Ñan que es Roberto Bárcena, arqueólogo e investigador del Centro Científico y Tecnológico (CCT) Conicet-Mendoza. Basta que el foco esté puesto en un sitio de gran importancia para el mundo andino para que intervenga con tantas dosis de información como de entusiasmo.

 

–¿Cuál es el fundamento último del proyecto Qhapaq Ñan?

–Esto empezó como un proyecto peruano. Es claro que Perú y lo incaico van de la mano, pero eso mismo, visto desde el ángulo de otros países, no caminaba. Era como si fuera un proyecto de dominación el solo hecho de decir “desde aquí partió algo que subsumió todos grupos andinos a lo largo de la geografía, desde Colombia hasta Mendoza”. Entonces, cuando se proyecta y se pide el apoyo, a Bolivia no le convence lo suficiente, pensando en los grupos, civilizaciones, como la aymara que había sido la más importante de los Andes altiplanos, que tenía la misma potencialidad o mayor quizá que la incaica. Decididamente ellos no aceptaron llamarlo al estilo peruano, era como aceptar algo que no estaban dispuestos dada su tradición y sus orígenes. Pueblos como los nuestros no tuvimos problema, pero claro, hay que hacer notar que la Argentina actuó como país, la gente que promocionó esto al comienzo no eran los pueblos originarios nuestros, si estos hubiesen estado allí algo hubiesen dicho en ese sentido. Lo cual da una idea de la riqueza de este proyecto, porque llegó a expandir el tema de lo cultural andino y se llegó a un acuerdo a nivel internacional, lo cual es muy rescatable. Diría que si siempre hablamos de Latinoamérica, pues bien, reconozcamos que este es un acuerdo importante, fundamental.

 

–Hablamos de un sistema vial, ¿bajo qué lógica fue construido?

–El mundo andino tiene un antecedente importante en comunicaciones, no es que lo inca sea el comienzo de una vialidad ya que esto ha existido siempre en los Andes, que es una zona con dificultades con lo cual la vialidad siempre ha sido difícil, pero siempre ha sido posible. Tanto de forma transversal, a través de la cordillera, con los pasos naturales que siempre llevan una altura notable, –pueden ser de 3.000 a 6.000 metros– como lo longitudinal que puede ser por costa, sierra o en parte por la selva. Siempre los pueblos andinos han estado comunicados, siempre tuvieron una senda de comunicación. Si uno piensa en nuestros huarpes, no va a pensar que no tuvieran comunicaciones dentro de las regiones que ellos ocupaban, ya sea Mendoza, San Juan, o las conexiones que pudieran tener con Chile. Normalmente las sendas o los caminos se hacen por zonas naturales que lo permiten, ahora, el tema es cuando se estructuran a nivel de una organización estatal, esa es la diferencia que hace a un sistema vial. Los incas estructuran la red desde que son una organización estatal. Si bien es el gusto de varios llamarlo imperio, en función de los términos europeos del siglo XVI, en rigor es una organización estatal que comienza en un área restringida que contiene toda la cultura y toda la tradición de lo andino.

 

–Y es contenedora de una gran metrópoli como lo era Cuzco...

–Bueno, al inicio no eran ciudades tan espectaculares, pero con una buena dirigencia sí terminaron siendo esencialmente una organización estatal desde la cual empieza a gestarse un Estado que es expansivo. Y la dinámica de esta expansión tiene que ver con toda la tradición andina. Todo lo que ahí está en juego es algo que ya estaba en juego en todo el cordón andino que tiene ya más de 12 mil años, desde los primeros cazadores recolectores en adelante. Estamos hablando de organizaciones que tienen producción agrícola, ganadera, hay tecnologías en metales, tecnología textil, o sea, estamos en un estado avanzado de civilización, y entonces cuando llegamos al siglo XV lo que se gesta en el área de Cuzco, lo que se necesita es cierta estrategia para lograr su expansión, algunas son sociales, otras son políticas, otras económicas. Todas precisan de una logística.

 

–¿Cómo describiría esa logística?

–En función de los tipos de posibilidades que dan los Andes y sus pisos ecológicos. Eso es un tema importante en cuanto a qué se puede obtener de una región. El hecho de una recta vertical de norte a sur está marcando una determinada orografía y desprendiéndose de eso, en zonas más bajas, en valles y zonas selváticas hacia el este o zonas más áridas hacia el oeste, o hacia la costa del Océano Pacífico, nos encontramos con que todo eso va conformando una zona que es estrecha pero enormemente larga, es una zona que se va conformando según necesidades económicas y según los pisos de altitud. Tenemos por ejemplo la sal en las salinas en la zona de la Puna, eso es un segmento de intercambio muy importante dado que la sal ha formado parte siempre de la alimentación humana. Pero también las zonas puneñas dan la posibilidad de los rebaños, tanto lo que no es doméstico como el caso de la vicuña o el guanaco o lo que es doméstico como la llama y la alpaca. Ya esto de lograr la domesticación de llamas y alpacas 4.000 años antes de Cristo, permitió asegurar en aquel entonces el tema del vestido, ya que de ahí salen las lanas para las distintas textilerías. Después, si uno baja, en los valles tiene maíz, que es uno de los alimentos fundamentales del pueblo andino. En ciertas alturas, los cultivos como la oca o el uyucu. A lo que hay que agregar todos los productos que da el mar. Como vemos, de lo que se ocupó dicho sistema fue de abarcar miles de kilómetros en el sentido longitudinal y varios cientos de kilómetros en el sentido este-oeste, de manera de lograr una estructura dinámica donde todo ese intercambio se facilitara dentro de una organización estatal.

 

–Hablamos de un intercambio donde un grupo de gente se beneficia…

–Sin duda. Si bien no había mercados al estilo de lo que nosotros pensamos hoy, sí los intercambios tenían una regulación que era sociocultural y era ancestral. Pero vale la pena explicarlo. Los pueblos andinos tenían la reciprocidad, se recibía y se otorgaba, sea fuerza de trabajo o bienes, siendo el Estado el que la mantiene, por ejemplo, manteniendo a la gente por sus mitas para que hagan determinados trabajos. Pero no es total la reciprocidad, ya que el trabajo que esa gente da, a pesar de que tiene habitación, comida y las herramientas para hacerlo, le deja un plus a ese estado, y con ese plus, ese Estado moviliza a las fuerzas económicas, moviliza la política y es ahí donde el Estado incaico revierte la diferencia en su favor.

 

Además de la logística estatal, ¿cuánto de esta red vial obedece a un acervo cultural de raíz ancestral?

–El sustrato de lo andino es una influencia muy fuerte que se siente hasta el día de hoy. En la lengua, en la localización de muchos poblados, en las costumbres, en el respeto hacia ciertos parámetros de lo existente. Lo que los incas dominan es aquello que tiene ciertas posibilidades de censo. Es algo más acotado. Si se observa, su dominación se concretó en pueblos productores de alimentos que estaban asentados, o sea, allí donde se sabe cuánta gente hay produciendo qué cosa. Los pueblos que eran nómades y se movían de un lado a otro no fueron dominados. Es clarísimo en el caso de Mendoza donde desde el río Diamante hacia el sur, los puelches o pehuenches entran por la cordillera pero no son dominados por los incas porque era difícil someterlos a censo y a la mita, o sea la obligación a un trabajo. Sí se pudo sujetar a pueblos como los huarpes, que si bien tenían movilidad territorial porque tenían alimento en sus algarrobales que iban a buscar, tenían sus asentamientos estables.

 

–¿Qué expectativa le genera la declaración de la Unesco?

–Yo creo que desde un punto de vista geopolítico es de suma justicia. El hecho de que se reconozca a un pueblo andino implica reconocer a todas las comunidades aborígenes, lo inca es por así decirlo “lo supremo”, un punto máximo de algo que viene generándose unos 12 o 13 mil años antes. De ahí que lo importante sea el reconocimiento de la civilización andina, la cual tiene suficiente importancia como para ocupar un lugar en la lista de los sitios que merecen que la humanidad los proteja. El sistema vial además es importante en sí mismo, no es algo común la vialidad de miles de kilómetros a través de una topografía como la de los Andes, ni es algo poco relevante que pueda ser cruzado como itinerario cultural en esta época, compatibilizando el mundo andino con todas esas posibilidades distintas que da la mayor altura o el mayor calor o la mayor cercanía con el mar. Con lo cual creo que es importante que logremos poner de relieve este patrimonio y llamar a la población a una consideración especial sobre la cultura pasada que muchas veces no es considerada propia. Vale recordar que somos países de inmigración europea fundamentalmente y los pueblos originarios quedaron relegados, ya sabemos todos que a partir de la reforma de la Constitución de 1994 esto ha sido reconocido y los pueblos originarios están tomando los lugares que les corresponden, pero sin la fuerza de toda la Nación no llega a tener el sentido cabal de esta tradición que trasciende el país y es sudamericana. Ahora bien, de salir la declaración de la Unesco, el correlato tiene que ser el uso responsable del patrimonio, hace falta mucho compromiso gubernamental y comunitario para mantener los bienes a través del tiempo. Esa es la parte más difícil porque hay que prever la presión especial del turismo que puede convertirse en un factor de deterioro de un patrimonio cultural que ha sido declarado un bien de la humanidad.

Revista Veintitres

 

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