Lo que dijo en su discurso Daniel Scioli implicaba que invitaba a los que no lo votaron, a hacerlo. A los indecisos, a los que habían dudado, e incluso a los que podían haber votado otras fracciones. Evidentemente empezó a contar con ellos en lo que fue, anoche a las 10, su primer discurso de su nueva campaña que tendrá su epílogo el 22 de noviembre

Y el otro dato saliente del discurso es que se afirmó en las convicciones kirchneristas más profundas, como tampoco se le había visto tan claramente hasta ahora. Sus palabras tuvieron una carga de kirchnerismo puro, que seguramente emocionó hasta a quienes en el mismo momento de la elección, mantuvieron dudas respecto de lo que haría Scioli en el momento de ser ejercer el gobierno. La fortaleza con la que agitando su brazo izquierdo anunció que no habrá ajuste, que no habrá devaluación, que no habrá endeudamiento, que los dólares se mantendrán como hasta ahora y que sostendrá todo lo que en materia de consumo interno permite mantener el trabajo en la Argentina, fue algo que, políticamente pensado, marca una definición plena de interés para el futuro.

Ahora, cada uno de nosotros puede tener una idea muy cabal de lo que Scioli va a hacer como presidente. Un presidente que esté en plena sintonía con ese kirchnerismo que no siempre creyó lo que Scioli significaba desde el punto de vista político.

Scioli pudo haber entregado un discurso que captase, si es que se trataba del primero de una nueva campaña, los votos de Sergio Massa, los votos del puntano Adolfo Rodríguez Saá, inclusive los votos cordobeses de De la Sota. Y sí eligió el camino de la convicción. El camino de decir, como nunca lo había hecho, que va a recorrer los postulados que este gobierno ha tenido y que fueron llevados a ultranza en los últimos años.

En consecuencia, la noticia es que habrá ballotage y que Scioli va enfrentarse a esa segunda vuelta con las armas más puras y más nobles que enarboló en estos años el kircherismo. Y que si lo quieren votar tendrán que hacerlo aceptando que ése es el único camino posible, el del progresismo en la República Argentina.

Por eso, Daniel Scioli, con la multitud enardecida, acompañándolo, hizo el mejor de todos sus discursos de los muchos y variados que realizó en los últimos tiempos, inaugurando decidida y muy claramente el período que terminará el 22 de noviembre. Y en ese discurso dio una mala noticia, el del ballotage. Pero adentro de la misma había una muy buena para los convencidos, para quienes lo quieren, para quienes lo ven genuinamente como el continuador del modelo. Si efectivamente le toca ser el presidente, fue una posibilidad de verlo como nunca se lo habían visto.

Y seguramente llegará a la presidencia de la nación, con la legitimidad de un apoyo superior al 50 por ciento que le dará un fortalecimiento que no hubiera tenido de haber ganado, como se esperaba, en primera vuelta, ya que lo había hecho con un porcentaje menor, aunque hubiera superado el 40.

En definitiva, no hay margen que Scioli gobierne de una manera diferente a lo que lo vieron ayer a las 10 de la noche. Ese énfasis es inolvidable y es demostrativo de una actitud que seguramente ya no tendrá cambios. Y no ya hasta el 22 de noviembre: casi imposible después de esa fecha, si tenemos en cuenta que no hay quien pueda traicionarse tanto, como ocurriría si Scioli promete lo que anoche ofreció a sus seguidores y luego no lo cumple.

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