Había un tema que todos sabíamos que en algún momento iba a salir a la luz, no tiene que ver con objetos pero sí con las actividades cotidianas. Se trata de “mis palomitas”, y sí, por si estas líneas se reproducen sin imágenes tengo que comentar que he acostumbrado a unas cuantas palomas a venir a comer a mi ventana, que no es “mi”, sino “la” ventana de nuestro living. Ha sucedido que estas compañeritas se han acostumbrado no solo a comer, sino a ingresar al departamento y hacerse alguna siestita en la alfombra, y cosas así. Y eso tiene que ver con alguna “mancha” en el piso, alguna en un sillón, alguna planta rota, etc. Y no se me ocurrió otra defensa que decir “ya son parte de mi paisaje cotidiano”.

 

Una vez resuelta la coyuntura, recordé lo de “paisaje”, y si bien la definición es bastante clara en cuanto a referirse a la visión que se puede tener de un terreno, y si bien es cierto también que ahondando en la utilidad de la expresión encontramos que se incluyen en el referente de paisaje cuestiones culturales, históricas y políticas, y agregar lo que “la mano del hombre” ha hecho en cuanto a modificaciones, me pareció que podía ir un poco más allá.

 

Hay avisos inmobiliarios que muestran como vista de una casa una cancha de golf, otros un lago, y cosas así que suman a lo que se puede decir en referencia a paisajes naturales.

Pero hete aquí que los que vivimos una cotidianeidad citadina no gozamos de ciertos privilegios en ese sentido. Para resumir, tenemos muchos muros y poco cielo. Y también es verdad que hay situaciones como la del tristemente célebre Riachuelo, donde el paisaje son montañas de basura bordeando el agua contaminada.

Luego, nos encontramos con frases como “los baches ya son parte del paisaje”, o frases que me parecen terribles del tipo “la gente buscando en la basura algo que le sirva para comer o para taparse ya es parte del paisaje cotidiano”. No solo me parecen terribles porque de alguna manera relatan una realidad, sino porque lejos de hacer alguna defensa de esas personas entiendo que se las está cosificando.

Siguiendo en la búsqueda de cada “paisaje” me pareció prudente detenerme en el hecho de considerar que por una misma vereda puede caminar una persona mirando los autos que circulan por la calle, otra mirando las vidrieras, otra buscando alguna víctima para hurtarle su cartera, y más situaciones. Esto para no olvidar que dentro de las posibilidades cada uno elige su paisaje.

Hay entonces un posible “paisaje político”, si camino al trabajo vamos mirando los afiches de campaña, un posible “paisaje social”, si pretendemos enterarnos el porqué de las manifestaciones que nos están demorando, por supuesto un paisaje arquitectónico, y más formas de paisaje.

Pero entonces, si entendemos que paisaje es el espacio donde el hombre se relaciona –ya no solo con la naturaleza- en forma individual o colectiva, interactúa, etc., etc., y sumamos que tenemos algunas opciones en cuanto a decidir lo que ESTÁ presente y lo que ESTÁ ausente, podemos pensar por un momento cuánto podemos decidir en estas condiciones citadinas acerca de nuestro paisaje.

Pueden volver unas líneas atrás y ver que “me pareció prudente detenerme”, la verdad es que me equivoqué. Porque al detenerme pude girar y ver otra cosa, y ya no puedo dejar de pensar en cuánto decide uno lo que quiere ver, al menos en su ámbito íntimo.

Conozco que hay personas que al despertar encienden el televisor, otros su PC, otros comienzan a hojear el diario. Claro que hay otras tantas actividades que son “primeras”, incluidas las religiosas, pero es esto lo que me llamó la atención: el “paisaje informativo”, el que alimenta tantas acciones que no somos conscientes de todas, el que nos afecta de manera tal que muchos conceptos que podrían relacionarse a un paisaje genuino (natural), se vinculan ahora a un posible laboratorio informático.

Por ejemplo: “simbolizar”, “integrar a un proceso de sociabilización”, “valoración de la dimensión, la forma, la textura”, “contextualizar”, “considerar la fragilidad”, “distinguir entre información y conocimiento”, “mimetizarse”, “fragmentar”, “gestionar”…

 

Pero no tomo los conceptos y los muevo de la caja “paisaje natural” a la caja “paisaje informático” porque sí. Es claro que no llamaron mi atención las “informaciones” en cualquiera de sus formatos, sino la modificación que han ido sufriendo en cuanto a que los consumidores de información hemos mutado en “generadores de contenido”. Precisamente lo que estoy haciendo en este momento es pensando en estas líneas como un rasgo de ese paisaje.

Sumo un par de ejemplos por si acaso, los noticieros muestran un video que han enviado los televidentes, los diarios publican noticias que envían los lectores, sobre esto hay imágenes, videos de situaciones imprevistas, etc., hasta mencionar youtube, un sitio que se ha nutrido de videos que generan (mos) millones de usuarios de todo el mundo, y no le ha ido mal.

Hay un vínculo entre esto y “vos elegís”, “vos decidís”, y esas cosas que retroalimentaban programas de tipo “reality”, pero no suma.

Muy lejos de esto están ya las generaciones que se han amamantado con tecnología, lo que seguramente devendrá en “generadores y controladores de contenido”.

Lo que me queda dando vueltas es que si se me ocurrió mirar hacia ese rinconcito quiere decir que mucho antes, con mucho más detenimiento y con muchas más herramientas para un mejor análisis, lo hicieron otros.

Entonces, cuando mencioné la palabra laboratorio no estaba lejos de este pensamiento. ¿cuánto y de qué formas posibles estarán influenciados los “contenidos generados” por “generadores de contenido”? ¿estaremos –una vez más- siendo guiados (inducidos)?

O, si bien no se puede dejar de tener en cuenta que el segmento de los que tenemos acceso a determinadas herramientas aún es mínimo, tal vez podamos considerar esta tendencia a interactuar como una gran oportunidad de convertir en realidad la histórica arenga “ser partícipes de nuestro propio destino”.

Claro que si así lo quisiéramos, tendríamos que ocuparnos mucho más de traer al plano consciente lo que vemos, lo que no vemos, lo que quisiéramos ver. Y por ese camino tal vez nos encontraríamos con que tendríamos que relacionarnos tanto con el vecino, más que con el “amigo del facebook” con el que tal vez nunca nos sentemos cara a cara, tal vez tendríamos que pensar en los problemas del barrio, o de la cuadra, tanto más que en campañas globales para salvar ositos y monitos de los que no sabemos mucho.

Tal vez tendríamos que pensar si los contenidos que generamos son generados por nosotros, en definitiva, cuánto tienen que ver con nuestro paisaje.

Pero no me parece que funcione así. Me parece que este tema es demasiado extenso y seguramente mañana tendré que ocuparme de algún otro tema que no tenga relación con estos pensamientos, aunque suene esquizo. Me parece que muchas veces terminamos haciendo cosas que no resultan consecuentes con lo que decimos –o creemos- sentir, y eso resulta agobiante. Tal vez por eso nos resulte una suerte de “vía de escape” concluir que no soy el responsable de mi propio paisaje, para eso están “los políticos”, por ejemplo.

 

Mañana será otro día, y me esperarán mis palomitas. Ya sé que vienen porque les doy de comer, pero si a cambio me modifican el paisaje, puedo hablarles y nunca me contradicen, nunca se enojan, y hasta se quedan –como “la marrón” en esta imagen- haciéndome compañía, no me parece un mal trato.

 

Fernando Puente

LA OPINION DE LA GENTE

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