El naufragio del ”Lanatic”

En el folleto de la compañía naviera White Star Line se decía que el transatlántico Titanic estaba diseñado para ser insumergible.

Financiada su construcción por el empresario estadounidense J. P. Morgan (!), la lujosa y aparatosa nave demostró en los trágicos hechos de 1912 que era endeble y poco sustentable. Pura cáscara, pura cháchara marketinera. Construida para placer y solaz de los ricos y poderosos y –según las luctuosas consecuencias– en cárcel mortal de los pobres de tercera clase. El 75% de los 1514 muertos del naufragio, viajaban en esa clase. El choque brutal contra el iceberg se produjo en la noche del 14 de abril de 1912 a las 23:40. Horas después el Titanic estaba en el fondo del mar.

El pasado 14 de abril, exactamente 101 años después, prácticamente a la misma hora de la colisión del buque, el indestructible Jorge Lanata naufragó en el mar de las operaciones mediáticas, con tan poca pericia como la del primer oficial William Murdoch, que hizo tantos virajes a babor y estribor (izquierda y derecha) que terminó topándose con el iceberg, así como Lanata se golpeó con la realidad, así como don Jorge vira a derecha e izquierda, sin memoria ni vergüenza. ¿Habrá terminado sus investigaciones y denuncias de lavado de dinero sucio de Magnetto, Ernestina Herrera de Noble, de los Aranda y del Grupo Clarín? ¿Qué hizo con las denuncias del arrepentido Hernán Arbizu que sí se presentó en Comodoro Py con las pruebas de lavado del grupo hegemónico y la ”maravillosa” justicia que se niegan a democratizar archiva y esconde de manera cuasi mafiosa? ¿Puso empeño en averiguar el origen de los fondos del grupo español que le financió su diario Crítica que fundió dejando a trabajadores de prensa en la calle?

Tirando por la borda los restos de credibilidad que le quedaban y sin timón que lo ayude a retomar el rumbo del periodismo perdido entre las mieles de la fama y de las cuentas bancarias, gira sin control por estribor, como le exigen sus mandantes o su desbocada megalomanía.

Que dos tipos audaces, marginales, oscuros rezagos de la patria financiera, dos bribones embaucadores, dos impresentables, lo hayan dejado fuera de juego y pataleando en el aire, y además le hayan tomado el pelo, revela que el showman está perdiendo la brújula y va en camino en convertirse en el hazmerreír del medio. Siempre sospeché que Lanata tenía menos ”calle” que el desierto del Sahara. Y es una de las tantas razones por la que cada vez más se parece a Lilita Carrió.

Ante el inevitable efecto multiplicador mediático de las cámaras ocultas (?) a un personaje farandulero y la mención de otro empresario esposo de la reina del tiramisú, Lanata sale a denunciar la farandulización y banalización de su informe y se lo adjudica a operaciones del gobierno, en la misma línea argumental que la de su protegido Mauricio ”Yo no fui” Macri. Pero miente.

Porque según denuncia Jorge Rial en su programa de radio, el Jorge de Clarín le había pedido que le diera repercusión a lo que iba a pasar en su programa, dado el tenor de los denunciados. Lo que no calculó fue que Leonardo Fariña lo iba a desmentir y desmentirse y que luego lo haría otro de los denunciantes, Federico Elaskar. Lanata pensó bien: no está Marcelo Tinelli y los programas de chimentos no tienen mercadería para vender. Le salió el tiro por la culata y se le fue de las manos y ahora acusa a diestra y siniestra a los que ponen en evidencia su fallido, su burda operación. Y denuncia reuniones entre Rial, Luis Ventura y Fariña con el secretario Legal y Técnico de la Presidencia, el Dr. Carlos Zannini que son desmentidas enfáticamente por los supuestos complotados y tiene que recular y pedir perdón. Bochornoso, un efecto devastador para el egocéntrico gacetillero de Magnetto.

Nadie razonable y democrático puede oponerse a cualquier investigación periodística sobre hechos delictivos, sobre prácticas corruptas, las haga quien las haga. Si es un empresario como Lázaro Báez o algún político de cualquier signo. Hay que recolectar pruebas, llevarlas a la justicia, o por lo menos chequear las fuentes, indagar sobre la seriedad de los denunciantes y no largarse solo para buscar impacto de rating y alimento para su ego. Como el Titanic, Jorge Lanata naufragó un 14 de abril como el aparatoso paquebote. ¿No se preguntó en el Lanatagate si una persona que puede manejar ingentes cantidades de dinero las pondría en manos de esos tres mamarrachos?

Jorgito consiguió audiencia y sumar gente a los caceroleros fashion del jueves 18. Lo malo para él es que se indigestó con su propia carne podrida.

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