Por: Julián Domínguez Publicada en Tiempo Argentino

Néstor Kirchner fue un compañero 100% militante. Un militante íntegro. Kirchner le devolvió a la militancia popular su verdadero sentido. Produjo un cambio histórico y renovó nuestra manera de pensar. Nos hizo descubrir que otro país era posible, poniendo a la Argentina de pie y quebrando la resistencia del viejo orden establecido. Parió una época y la dimensionó: la militancia recobró preponderancia y trascendencia como ejercicio del pueblo.
Néstor Kirchner fue el primer militante. Esa es la originalidad de su liderazgo presidencial. La Argentina que dejamos atrás fue la consecuencia de un Estado definido por una baja densidad y calidad democrática, que se sostuvo en la concepción del poder de las corporaciones económicas por encima de los intereses del pueblo. Kirchner nos hizo soñar con que otra Argentina era posible. Hoy, cada vez más argentinos reconocen a su favor que la sustancial diferencia radica en la contundencia de los resultados que brinda una amplia democracia a través de la institución y la plenitud de derechos.
Néstor Kirchner fue un presidente militante. Kirchner no dejó sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada. Con ellas cimentó un proyecto de país a partir de una consigna llana: sabíamos adónde no queríamos ir. Escalón por escalón comenzamos a salir del infierno. Por mandato popular y comprensión histórica antepuso la decisión política a la economía (redefiniendo el vínculo entre el Estado, recuperado y reivindicado para la Nación, y el Mercado). Kirchner fue congruente con su gobierno y leal con sus ideas y su puesto de lucha, poniéndose al frente para llevar a cabo las transformaciones.
Néstor Kirchner fue un líder militante. Caminó adelante nuestro. Andando los caminos que nadie se había animado a transitar. Kirchner fue protagonista de una época inaugural para las democracias sudamericanas. ¡Por fin el sueño de la Patria Grande comenzó a hacerse realidad! En algún momento de la Historia, América tenía que desentrañar el rumbo que habían trazado sus libertadores, e inexorablemente ese tiempo llegó cuando coincidieron fuertes liderazgos regionales que articularon sus gobiernos, promoviendo una mudanza cultural, con total conocimiento y voluntad de sus pueblos.
Néstor Kirchner fue un conductor militante. En una primavera histórica, atravesando detrás suyo el rumbo social del cambio, el peronismo volvió a florecer, renovándose en la expresión y ampliándose en la organización del movimiento nacional y popular.
Kirchner interpeló la alteridad doctrinaria peronista asumiendo un debate político real para conducir una reparación y desagraviar la traición a la trayectoria fundacional de la Argentina, iniciada en 1945. Actualizó el justicialismo para volver a hacer un país digno para todos.
La intensidad de su obra fue retribuida con un sentimiento de lealtad y gratitud popular. En los días sucesivos al 27 de octubre pasado, el pueblo lo llevó como estandarte y su legado quedó grabado para siempre, junto al de Juan y Evita Perón, en nuestra memoria colectiva.
Kirchner fue un militante integral. Un hombre activo y comprometido que conectó su pasión política con una nueva generación de argentinos, en la cual los jóvenes son los protagonistas. Juventudes que se expresan a través de una nueva cultura y estética política, pero con la misma radicalidad y rebeldía con la que él transformó la realidad nacional, a partir del 25 de mayo de 2003.
Para que lo viejo no sobrevenga a lo nuevo, el proyecto requiere ser profundizado. Kirchner libró una lucha extraordinaria, forjando un cambio de paradigma (2003-2007) que continuó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner con la etapa de institucionalización de las transformaciones (2007-2011). La tercera fase del modelo es la reinstitucionalización: la gestación de nuevos actores e instituciones de la democracia que garanticen la participación y decisión popular.
Ese será el turno de los jóvenes, porque ellos fueron capaces de forjar su propio destino, asumiendo el compromiso de una generación.
En el sentimiento de los argentinos que salimos a la calle para expresar: ”Gracias Néstor, fuerza Cristina” se configuró una noción de pertenencia al pueblo, como sujeto de bien común. Ese fue el renacimiento del movimiento nacional en su máxima capacidad: la recuperación ante la adversidad y la profundización del modelo.
El protagonismo popular puso de manifiesto una imagen que la política recuperó progresivamente y con mayor nitidez en estos años: el rostro humano. En las caras de los argentinos se observa que pueblo y gobierno se parecen más y se identifican en sus ideales.
El pueblo argentino ya dio su palabra de apoyo al gobierno nacional que conduce nuestra presidenta Cristina Fernández y de fidelidad a Néstor Kirchner, de quien tomará su nombre y lo llevará como bandera a la victoria para que continúe adelante este proyecto de país.

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