Lo más novedoso es que los miembros del Consejo de la Magistratura resulten, en su totalidad, elegidos por el voto popular. Ese consejo, encargado de la administración de Justicia, surgió de la reforma constitucional de 1994 y tiene 13 miembros. Seis de ellos son legisladores nacionales (tres diputados y tres senadores, cuatro de los cuales son por la primera minoría y dos por la segunda minoría), y por lo tanto, surgen de la voluntad popular. Pero cinco de los siete restantes son puestos por lo que está en el ojo de la tormenta: representantes de los propios jueces y de los colegios de abogados, donde las tradiciones conservadoras se mezclan con algunos de los fallos que en los últimos años mostraron la permeabilidad de ciertos fueros o magistrados a grupos de poder económico. Los otros dos integrantes provienen, en un caso, del llamado ámbito académico (un representante de carreras de abogacía de universidades nacionales), y un representante del Poder Ejecutivo. Las listas conservadoras en las elecciones de asociaciones de magistrados y colegios de abogados suelen ser inversamente proporcionales a las listas comprometidas con el cambio en las elecciones nacionales. De modo que terminar con ciertos criterios corporativos en un organismo clave como el Consejo de la Magistratura hace prever que ese organismo se parecerá más al país que a las elites. El camino que recorrerá este proyecto de ley parece sencillo: pasará por las comisiones, recibirá aportes y mejoras, será ponderado junto a otros proyectos –si es que se presentan– y luego terminará en el recinto en un Congreso donde el oficialismo tiene los votos suficientes para avanzar. Clarín, por supuesto, al día siguiente tituló ”Cristina anunció que avanzará sobre los jueces y la Justicia”. El problema de Héctor Magnetto y varios miembros de la llamada familia judicial es que no resultará fácil encontrar legisladores que se presten a proponer algo mejor que esto y que contemple la exclusión del voto popular. El argumento que pueden usar es que es anticonstitucional o, lo que es lo mismo, que es preciso reformar la Constitución (ver al final de la nota).
La Presidenta logró, con este tema, poner en la agenda algunas cuestiones que afectan a la sociedad –la Justicia es un tema muy sentido– y no entrar en un año electoral proponiendo algunos de los temas que más afectan en la vida cotidiana, tanto los referidos al aumento de los precios, al conflicto docente y a los temas de inseguridad. Y al proponer cambios en la Justicia, pudo ordenar algunos asuntos interesantes.
En primer lugar, porque no cargó –como podría haber hecho- con el caso de la bendita cautelar de Clarín, que es un caso paradigmático de manipulación judicial a favor de un grupo económico. Por el contrario, mientras relataba las maniobras de Clarín en 2007 cuando salió a Bolsa con manipulación de las acciones a favor de las AFJP todavía en manos privadas, hubo silbatinas cuando dijo ”un conocido grupo mediático”. Cristina dijo: ”nosotros no silbamos, nosotros aplaudimos o nos callamos la boca”. En particular, esto significa que la estrategia frente a la pelea con Clarín va a ser manejada con prudencia y sin algunos sobresaltos. Pero, más importante que interpretar cómo moverá el Gobierno los trebejos frente al grupo de Héctor Magnetto, el comentario de la Presidenta muestra cuál es el tono que tiene en mente para este año político-electoral. Cristina gana con lo no confrontativo. Sobre todo de cara a elecciones de medio término donde no hay una oposición articulada y donde, en la provincia de Buenos Aires, sus principales aliados son al mismo tiempo dos potenciales problemas a futuro.
Scioli y Massa. Concretamente, Daniel Scioli y Sergio Massa están dentro del Frente para la Victoria pero no ocultan sus ambiciones y manejan con suma habilidad el discurso público. Por eso, en otros pasajes del discurso presidencial hubo referencias críticas a ambos. No así hacia dirigentes de la oposición. Sin mencionar a Massa, la Presidenta se refirió al enfrentamiento el pasado domingo: ”Me acordaba de lo que pasó días atrás… Un enfrentamiento de barras bravas de la hinchada de Tigre. Un intendente había inaugurado modernas cámaras de televisión, pero justamente cuando se balacearon dos barras y uno murió, esas cámaras se habían dañado y no se obtuvo ninguna filmación”. A Scioli quizá lo rozó con un comentario, pero también sin mencionarlo. Fue cuando remarcó que ”la seguridad es atinente a cada gobierno provincial” y pidió que ”cada uno tome la responsabilidad” porque ”la seguridad corresponde a cada provincia, no a los intendentes”. Lo punzante, en todo caso, fue cuando señaló: ”Hace un tiempo veía que querían linchar a una intendenta y pensaba, pobrecita, qué puede hacer ella si no tiene fuerza de policía ni nada. Hay una manipulación mediática y hacer la plancha y meter la cabeza como la avestruz para que no se den cuenta…, y eso es bastante injusto”. Todo esto, en pocos meses, va a conjugarse con la campaña electoral en la provincia de Buenos Aires, donde debe recordarse que en las legislativas de 2009 fue un gran dolor de cabeza para Néstor Kirchner cuando les pidió a los intendentes que encabezaran las listas ”testimoniales”. Massa era jefe de Gabinete de Cristina y, según cuentan, en una habitación del Hotel Interamericano, donde llegaban los cómputos de cada distrito, Kirchner descubrió que varios le habían quitado el trasero a la jeringa. Uno de ellos había sido el actual intendente de Tigre, quien ahora trabaja con mucho despliegue por proyectarse a la esfera provincial y soñar con la nacional. Como todo político que se ve en ascenso, piensa tanto en seguir dentro del Frente para la Victoria o en alguna variante por fuera.
La Corte y Clarín. Siguiendo con el tema de la Justicia, varios analistas habían resaltado la falta de representantes del Ejecutivo el martes pasado cuando la Corte Suprema realizó un acto por el 150º aniversario de su creación. A medida que Cristina enumeraba las cosas que se pueden mejorar en la Justicia –transparencia, informatización, concursos para vacantes, declaraciones juradas y pago de impuesto a las ganancias–, las cámaras tomaban al presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, quien mostraba cara de póker. La realidad es que todas esas medidas que propuso Cristina están dentro de la agenda de Lorenzetti. De modo que, si alguna señal recibió el presidente de la Corte, no fue de conflicto sino de armonía. Desde ya, cuando la Sala I de la Cámara en lo Civil y Comercial falle sobre la constitucionalidad de los artículos 45 y 161 de la ley de medios, el expediente llegará a la Corte. Es decir, el voltaje puede subir. Los desacuerdos podrían llegar, aunque cueste imaginarse una resolución de la máxima autoridad de Justicia que vaya contra una ley de la Nación y que resultara favorable a un grupo empresarial opositor.
¿Y la re-re? Por último, muy interesante resultó el hilado fino sobre la reforma de la Constitución. ”No se va a reformar ninguna Constitución –dijo–. Quédense todos tranquilos.” La frase venía a cuento de que para las modificaciones en el Consejo de la Magistratura no era preciso cambiar la Carta Magna. No caben dudas de que ahora serán los opositores los que tendrán que hablar de la reforma constitucional. Tendrán que argumentar que el voto popular sólo puede llegar con una Constitución reformada que habilite tal modificación del Consejo. Porque, la primera lectura que puede hacerse del discurso es: Cristina se baja. Sin embargo, ella no hizo mención al tema. Todo indica que dio un paso al costado, para descomprimir. Otra cosa muy distinta es dar un paso atrás. El viernes 1º de marzo empezó una etapa muy interesante de la Argentina: un discurso extenso, medular para ciertos temas y con elusiones a varios asuntos de rigurosa actualidad que, además, estuvo acompañado por un tono tranquilo y sin aristas que le permitan a la frágil oposición tratar de sacar provecho. Será el día a día, con sus más y sus menos en los precios, en el crecimiento económico, en el trato entre Nación y provincias y con el bajón del conflicto docente, el que vaya mostrando las fortalezas y debilidades del discurso presidencial.

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