Muy buena la caricatura de Daniel Scioli en la cual Hermenegildo Sábat ilustra en Clarín una nota en contra de la reforma política en la provincia de Buenos Aires. Fue el martes 8: Sábat dibuja a un Scioli forzadamente sonriente haciendo con su mano izquierda la “V” de la victoria, con los pantalones caídos sobre sus zapatos, mientras sus piernas desnudas, en ridículo, lo exponen cómicamente en calzoncillos. Se bajó los pantalones por la presión de Néstor Kirchner. Eso dice el mensaje de Sábat. Cada día, cada dibujo del artista es más coincidente con la línea editorial del grupo. Su talento demuestra como nunca qué cómodo se siente su arte en el diario donde se expresa. Por eso le salen tan bien las caricaturas antikirchneristas.

También al Papa deberían salirle bien todas sus parábolas o alegorías. Sin embargo, esta semana se expresó en contra de los medios de comunicación de masas, y la noticia fue relegada a títulos mucho menos rotundos que cuando denuncia el escándalo de la corrupción o la pobreza. Dijo en su homilía sobre la Eucaristía, en Roma: “Los medios cuentan el mal repetido, amplificado, acostumbrándonos a las cosas más horribles, convirtiéndonos en insensibles y, de alguna manera, intoxicando nuestros corazones”.

Y eso que todavía no había aparecido la familia Pomar, “toda muerta”. El desenlace cundió en cadena. Hay quienes se lamentaron de que no los encontraran antes, aunque la única ventaja habría sido que no se echaran a perder los cuerpos y que los medios no se dieran a la canilla libre de delirios. Los Pomar yacían desparramados entre yuyales, aunque ya habían sido desvalijados de su privacidad y de su moral con versiones periodísticas intencionadas y falsas, de las cuales nunca pudieron defenderse. Ya hay chistes que dicen que si la Bonaerense no pudo encontrar un auto inmóvil dado vuelta, menos podrá encontrar a los que se fugan en un auto con el chofer vivo y apretando el acelerador a fondo. De haber sido un crimen le hubiera venido mal al Gobierno, si es un accidente también. La ruta está poceada, no hay señalización, la curva es peligrosa, etcétera.

Y ahí está Fernando “Pino” Solanas en su papel de desenmascarador de impostores. Cada día se siente más cómodo en su posición antigobierno. “El kirchnerismo es un falso progresismo y un falso peronismo -dijo-. Mantiene a la mitad de los trabajadores en negro y se permite el saqueo de nuestros recursos naturales, mientras los intelectuales de Carta Abierta siguen callándose.” Se ve que no le gustan. En política se puede regresar del punto más lejano adonde alguien se haya ido. Pero Solanas y su grupo parecen haberse ido a tanta distancia del Gobierno que cuesta imaginar que logren reencontrar algún camino de regreso. En esta misma revista se trató, hace poco, el tema del alejamiento de la clase media y de las chances de que el oficialismo pudiera recomponer relaciones con ella. En Bolivia, después de su triunfo electoral, Evo Morales decía satisfecho que su reelección probaba que “la clase media, contrariando muchos pronósticos erróneos, lo había apoyado con el voto”. ¿Y aquí?

Interesante e inteligente análisis el de Ezequiel Adamovsky, historiador del Conicet. En su reciente libro de la editorial Planeta, Historia de la clase media argentina, explica el papel que le cabe a ésta en la política. “La identidad de clase media -dice en una entrevista- nació como una marca antiperonista. En la Argentina se presupone que alguien de clase media no es peronista, así como se presupone que alguien del bajo pueblo lo es (…) Toda la historia nacional está marcada por esa tensión entre el proyecto que asocia al país con lo blanco, europeo, racional y moderno, y su contracara, los sectores plebeyos.”

Es cierto. Porque en sus manifestaciones públicas esa discordia estética y social queda establecida entre el pasamontañas del piquetero y las cacerolas de la militancia campestre. Aquel 2001 que los unió inesperadamente en la furia contra la Casa Rosada es ya pretérito. Fue una sublimación fantasiosa de la fraternidad sin prejuicios. Los más de treinta muertos de aquella marabunta no suman sus tumbas en las corrientes medias sino en las plebeyas. Más sencillamente uno podría hacer una segmentación gourmet, o una discriminación gastronómica relacionada con las próximas fiestas: sidra o champagne; pan dulce aglomerado o pan dulce de Plaza Mayor; chancho criado a zanja, asado en parrilla de alambre, o cochinillo estilo segoviano dorado en horno de barro y cortado a cuchara. Y, ¿por qué no?, plantearse la opción entre la Ciudad de Buenos Aires de la Mesa de Enlace o la de Luis D’Elía y Milagro Sala.

Quien no se plantea dudar respecto de Scioli y Stornelli es Horacio Verbitsky. El trágico desenlace de la familia Pomar le mereció este comentario en Página/12: “El hallazgo del automóvil y los cuatro cuerpos de la familia perdida son testimonio elocuente de la incapacidad del gobierno de Daniel Scioli y su ministro Carlos Stornelli para enfrentar el problema que ellos mismos instalan como el de mayor preocupación social: el de la inseguridad (…) El gobernador y su ministro estaban muy ocupados diseñando una reforma inconstitucional de las leyes provinciales (…) El ministro de Justicia, Ricardo Casal, que es tan perverso como Stornelli pero alfabeto, suprimió los artículos más groseros”.

Me parece que Verbitsky no lo traga a Stornelli. Supongo que hay viceversa. En casi todo la hay. El hombre daña al planeta y viceversa el planeta daña al hombre. La inequidad produce injusticia y viceversa las victimas de la injusticia producen víctimas de la inseguridad. No sé si la viceversa del enano fascista es el fascista gigante. Creo que ambos coexisten en tensión permanente. La Argentina es un reservorio vivo consciente o inconsciente. Uno sabe -o no sabe- que lo tiene dentro entremezclado y apaciguado democráticamente; pero al acecho de la oportunidad de salir a lucirse a la primera de cambio. Muchos hacemos el esfuerzo de ir empequeñeciéndolo, por vergüenza.

Hay enanos fascistas en la derecha y en la izquierda. Los hay aun entre miembros de minorías perseguidas. También en los niños recién nacidos hay enanos fascistas, ya que son congénitos. En un bebé ocupa en forma proporcional el espacio que una vez crecido, ocupa en un adulto. En la mayoría de edad es más natural que el enano se agigante y no que se enanice. Tengo miedo a que eso me esté sucediendo. Así como uno se cuida del colesterol, al primer síntoma del enano hay que empezar a controlarse.

Prometo desenanizarme antes de año nuevo. Quien no podrá hacerlo es Abel Posse. Imposible: lo que parece haber crecido en él no es un enano gigante sino todo un sujeto entero fascista. En el diario La Nación le dieron cuerda a su naturaleza el día jueves y Posse se luce escribiendo educadoramente lo siguiente: “ Sin embargo, con persistencia gramsciana, los guerrilleros que rodean a los K-aunque ya estaban generosamente indemnizados por sus derrotas de los 70- lograron afirmar la tarea de demoler a las Fuerzas Armadas, lograr que los policías se sientan más amenazados e inhibidos en la tarea represiva que los delincuentes en su agresión y que la justicia se ausente en este momento de crisis”. Cuánta nostalgia de libertad se le nota. Pensar que hace poco encontraron en Rusia restos del cráneo de Hitler como algo excepcional. Pero, si restos quedan por todas partes.

Por : Orlando Barone, de Revista Debate

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