Creo en los periodistas pero no en los del sindicato de prensa.

Creo en la resurrección de Cortázar pero sé que no acontece, ya que él no se permitiría venir tan viejo y cansado a este mundo tan distinto.

Un amigo dice que Piñón Fijo es Osama Bin Laden porque nadie le ha visto la cara, nadie sabe dónde vive, es seguido por una cantidad de fanáticos que parecen inocentes, y porque lo dice mi amigo, lo creo.

Creo en las propiedades saludables de los vinos tintos, sobre todo el Malbec. El columnista estrella Rodolfo Braceli toma siempre tintos de Luján y cada vez escribe mejor. Los dibujos y las ideas de Miguel Rep –que puede leer el pensamiento de los bebés– están lubricadas por medidas dosis de tintos mendocinos pero a veces toma de otras latitudes con igual resultado artístico.

Creo en la risa de Julia y en sus ojos redondos y en las palabras que le salen a borbotones cuando se entusiasma.
Creo en las ocurrencias de Paula cuando está inspirada y luminosa.
Creo en el cine aunque no puedo tocarlo.

Creo en los besos franceses que redimen cualquier mal pensamiento.

Creo que las religiones son necesarias para los hombres y las mujeres, ya que sin ellas no habría pecados y tampoco pecadores.

¿Qué es la fe acaso? Lo que uno cree sin explicación, dice el catecismo que nos enseñaron.

Por eso, creo en las empanadas fritas que hace mi tía Irmita porque aunque son increíbles yo me he quemado la boca mordiendo una recién sacada de la sartén y esa ampolla es una evidencia de mi fe.

Creo en las luminarias, en el barrido y en la limpieza municipal, porque indefectiblemente el intendente me manda cartas haciéndome acordar que le debo unos dineros.

Antes creía en la mágica movilidad de los autos hasta que una vez quedé varado en el medio de una ruta y allí me vino la iluminación. Desde ese momento creo más en la nafta Premium, en su precio, en su alto octanaje y en el poder que tiene para mover más de mil kilos sin contar los pasajeros.

Creo en el Zócalo de la Cuarta porque yo sé el esfuerzo de hacerlo, y varias personas quieren participar de sus misas paganas y de los rituales gastronómicos que allí se practican.
Creo en el Instituto Nacional de Vitivinicultura –a pesar de tener ese espantoso nombre– y en todos sus técnicos y todos sus enólogos con sus laboratorios, porque solo una cuestión de fe puede hacer pensar a alguien que tantos reglamentos y legislación pueden servir para que nuestros vinos queden tan ricos.

Creo en Juan y su insistencia en seguir fumando y tomando café y whisky a pesar de su úlcera. Eso es tenerse fe.

Aunque hago esfuerzos de contrición y apelo al derecho romano y al canónico y a todos los sabios y santos de todas las iglesias, inclusive a los de Roma, no puedo creer en la CNN, ni en la CIA, ni en el Pentágono, ni en la ONU con su consejo de seguridad, ni en la OEA, ni en el History Channel ni en la Geografía Nacional.

Tengo fe en que la provincia de Formosa existe aunque no conozco a nadie que diga que nació allí, ni a nadie que tenga un pariente o amigos de ese lugar. Pregunte. Haga la prueba.

No creo en Peter Capusoto, un invento diabólico que ponen para confundirnos y llevarnos al paroxismo. Para mí que no existe, al igual que el Sordo Gancés y Washington Tacuarembó, y las pirámides de Egipto y los egipcios.

Creo en la felicidad que podría generar el reparto de riquezas porque he visto en muchas personas y yo mismo he padecido los efectos de la infelicidad por el reparto de la pobreza.

Creo en el viento zonda aunque nadie puede verlo pero cuando viene está en todas partes.

Creo en Paka Paka.

Cómo no voy a creer en algunas cosas si yo mismo soy la comprobación de lo que la fe hace en las personas. Soy pelado, panzón, no ando con mucho dinero, tengo cara de vinagre y sin embargo aún hay personas, hombres, mujeres e inclusive niños que me quieren.

Creo que Plácido Domingo destroza hasta los mejores tangos cuando canta.
Incluso tengo tanta fe en esto que creo que los destroza hasta cuando no canta.

Creo en las palabras, y como alguien que yo conozco y a quien quiero: creo en el paraíso por el clima y en el infierno por los amigos.

¿Por qué los argentinos entonces nos empecinamos en dudar tanto?
No lo sé, pero eso creo.

 

Compartir
Artículo anteriorPresentacion TC2000
Artículo siguienteVoodoo Bar 28/04

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here