Los estudios de opinión pública, profusos por estos días, no dan resultados muy diferentes a los de las PASO del 9 de agosto. Esto es, Daniel Scioli con un amplio margen por sobre Mauricio Macri pero con un Sergio Massa que conserva caudal electoral. Eso significa que no hubo un grado de polarización suficiente como para que Scioli se posicione como un triunfador indiscutido capaz de atraer una fracción de electores que, para decirlo en términos llanos, apuesta a ganador. A su vez, Macri no logró convencer a una fracción de votantes anti-K que deben mudar de candidato porque él les garantiza que Scioli no gana en primera vuelta mientras que el voto a Massa es un voto inútil.

De 14 estudios de reconocidos consultores en opinión pública, que publicaron sus encuestas realizadas entre fines de septiembre y los primeros días de octubre, la mayoría con proyección de indecisos, los datos más relevantes son: que ocho estudios le dan a Scioli más de 40 puntos y que sólo cinco de ellos le dan a Macri más de 30 puntos. Por supuesto, estos estudios forman parte de la opinión publicada y pueden guardar algunos secretos a pedido de quienes las contratan. Dos preguntas son difíciles de responder: dónde irán los dos millones de votos que no votaron en las PASO por las condiciones climáticas y cuántos son realmente los indecisos a escasos 12 días de los comicios. Una reciente encuesta de Enrique Zuleta Puceiro afirma que un 30% de los electores todavía no decidió su voto. Vale la pena aclarar: si el encuestador pregunta por los candidatos en danza, sólo un 3,5% dice ”no sé”; en cambio, si la pregunta taxativa es ”¿ya decidió su voto?”, tres de cada siete dicen que no.

En un año de tantas elecciones, con tantas apariciones de prensa y spots de campaña, en el equipo de Scioli consideran que deben estar preparados para los dos escenarios. El escenario A, optimista, ganar por un margen chico en primera vuelta. El escenario B no es nada catastrófico: hacer una diferencia tal que el reparto de los votos de los restantes cuatro candidatos se vuelque de modo que matemáticamente permita ganar en la segunda vuelta. Esto es, no les conviene plantear un escenario de primera vuelta o muerte porque eso dejaría sin estímulo a la eventual campaña que comenzaría el mismo 25 de octubre por la noche y se prolongaría por cuatro semanas para disputar un 30% de votos que no acompañaron ni a Scioli ni a Macri en primera vuelta.

El gobernador bonaerense tiene que consolidar votos en los dos distritos clave donde se definirá si se da el escenario A o el escenario B. El primer distrito es el bonaerense, con casi el 40% de los votos nacionales, donde Cambiemos logró imponer a María Eugenia Vidal como candidata competitiva que, tras el golpe de efecto del Niembrogate, está recompuesta. Por su parte, Aníbal Fernández logró dejar atrás las internas con Julián Domínguez a la vez que las denuncias de Jorge Lanata quedaron en agua de borrajas. Si bien es cierto que Scioli le saca una ventaja considerable a Macri, en la categoría gobernador, las encuestas dejan a Vidal cerca de Fernández. De todos modos, con una boleta kilométrica y sin tradición de corte, es difícil que Vidal pueda ganar.

El esfuerzo de Scioli es aumentar su caudal en el territorio donde se concentran casi 12 millones de electores y en el que cosechó el 39,5% de los votos, algo menos de un punto por encima del total nacional. Es decir, menos de lo esperado. La dupla Macri–Vidal está bien posicionada en la Primera Sección, donde están varios municipios de altos ingresos (San Isidro, Vicente López) y donde las inundaciones de agosto pegaron fuerte (Mercedes, Navarro, Pilar). Esa sección tiene más de 4 millones de votos y no tuvo muchas sorpresas. Una fue Tres de Febrero, donde el periodista Diego Valenzuela, del PRO, hizo una buena elección y luego sumó algunos concejales del massismo, convirtiéndose en un oponente serio al intendente Hugo Curto, al frente del municipio desde 1991 y que aspira a un nuevo mandato. Más allá de este caso puntual, en las PASO de agosto el FPV revirtió la mala elección de 2013. Scioli debería mejorar al menos un poco su caudal en la Primera.

En la Tercera, que también tiene un padrón de 4 millones de votantes, la diferencia es a favor del peronismo histórico, que acompaña a Scioli. En Quilmes, la sorpresa PRO la dio el cocinero Martiniano Molina, aunque quedó a más de diez puntos de la sumatoria de listas del FPV, con lo cual no le resultará sencillo arrebatarle la intendencia a Francisco el Barba Gutiérrez, enfrentado con Aníbal Fernández, pero sin que ese conflicto esté en la superficie.

Las otras seis secciones electorales suman el 30% del padrón y hay un componente rural y periurbano bastante influenciado por el ”voto campo”. Scioli, valga la metáfora, cultiva las relaciones con las organizaciones que se opusieron a la Resolución 125, incluso sumó a Eduardo Bussi, desplazado de la conducción de la Federación Agraria pero con buen diálogo con las entidades más anti-K como Sociedad Rural y CARBAP. A su vez, Aníbal Fernández, en su campaña, afirmó que les quitaría ”presión tributaria” como señal de diálogo con las patronales agropecuarias. A su vez, anunció a Roberto Domenech como su hombre para el Ministerio de Asuntos Agrarios. Se trata de dirigente del sector avícola, que logró concesiones de Guillermo Moreno para las exportaciones y es bien visto por los referentes del agro bonaerense. Fernández también se volcó por otro procampo para el Banco Provincia, como es Gabriel Delgado. Es decir, señales para un sector que se victimizó frente al kirchnerismo pero que junto con el sector financiero fueron los más beneficiados de la década. Pero más allá del balance crítico o épico de estos años K, el ”negocio” del campo, tanto para los productores como para los propietarios que arriendan sus campos, fue malo en 2015, por la caída de los precios internacionales, por el dólar oficial contenido más las retenciones. La pregunta es cómo y cuánto influirá la caída económica en este sector de la sociedad.

En las tres ciudades grandes de la provincia (La Plata, Mar del Plata y Bahía Blanca) el panorama presenta matices. La capital bonaerense (Octava Sección) tiene al intendente Pablo Bruera (FPV) en un duelo parejo con Julio Garro (Cambiemos), en un distrito donde hay en disputa medio millón de votos. En Mar del Plata, Cambiemos hizo una buena elección y tiene a Carlos Arroyo como candidato a intendente. Quienes acompañan a Gustavo Pulti –el actual intendente, alineado con el FPV– reconocen que las encuestas hasta hace unas semanas favorecían a Arroyo aunque sostienen que están cerca de la paridad. Para Scioli, Mar del Plata es muy importante, además tiene un apetecible padrón de algo más de medio millón de electores. En cuanto a Bahía Blanca, la ciudad más importante de la Sexta Sección, con casi 250 mil electores, los dos candidatos más votados en las PASO resultaron Héctor Gay (del PRO, que encabeza la lista de Cambiemos, con el apoyo mediático de La Nueva Provincia) y Marcelo Feliú, que se impuso en la interna del FPV. Las chances de ambos resultan parejas según distintos estudios.

En cuanto a Córdoba, todo indica que Massa tiene muchas posibilidades de mantener bajo su órbita al votante delasotista. El candidato de UNA puso al actual gobernador a su lado en los spots de campaña. Cabe recordar que tres de cada diez votantes de ese espacio lo hicieron por el José Manuel de la Sota. Es posible que en una segunda vuelta Scioli pueda acercar votos del peronismo cordobés, aunque los números de las PASO para el candidato a gobernador del FPV Eduardo Accastello no alcanzaron el 20 por ciento.

Por último, para volver al panorama nacional, lo que todos tienen en común es ir a la ferretería a comprar clavos y cortafierros. Este cronista no sabe de dónde surgió el dicho popular ”cortando clavos”, pero sí está habituado a ver el nerviosismo de los políticos en el último tramo de la campaña.

Por Eduardo Anguita en InfoNews

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