No es la primera vez que se recogen informaciones tomadas de los diarios para justificar una nueva embestida, esta vez apuntado a Julio de Vido: dos meses atrás, la diputada Patricia Bullrich había efectuado una denuncia penal por supuestos pagos del Banco Central a un banco Continental que no existía. Luego, el diario La Nación se excusó por el error, ya que el cronista se había referido en realidad a “un banco de alcance continental como el BID”, al que el BCRA sí había amortizado la cuota de uno de sus préstamos, de acuerdo a la ley.

Luis Juez tomó la delantera y, muy cercano a Pino Solanas, llamó “escandalosas” las coimas que habría pagado la firma Pauny-Zanello de Las Varillas, fabricante de tractores, para poder comerciar con Venezuela. El ex-síndico de Papel Prensa designado por Carlos Menem opinó además que la corrupción era la principal característica y razón de ser del gobierno.

Eduardo Bussi, entrevistado por TN, juró que era así tal como lo había denunciado Juez, o quizás peor, aunque omitió referirse a las cartas de porte que constituyeron por años la principal financiación semilegal del grupo directivo de la Federación Agraria. Bullrich, Carrió, Adrián Pérez y otros frecuentadores de TN se sumaron a las “denuncias”, pero todos negaron conocer datos concretos. Sólo Bussi reconoció que lo habían llevado gratuitamente a la isla Margarita, omitiendo agregar si el viaje incluía diversiones exóticas.

Hace pocos días, Crítica, el diario del señor Mata, ex-CEO de las quebradas Marsans y Air Comet, convocó a dos ignotos psicólogos quienes afirmaron a dúo que la palabra “corrupción” no existe en el lenguaje de la Presidente, y no es pronunciada acaso por culpa, negación o evitación.

No se dice que no haya habido coimas o las siga habiendo. La corrupción es sistémica: va desde la mordida del inspector municipal, la pizza gratuita del policía, la que se paga en la caminera por no tener los focos traseros en regla, hasta los oscurísimos negocios de las multinacionales farmacéuticas que lucran con enfermedades endémicas, pasando por donde se quiera pasar, como por ejemplo por el reinado de las consultoras, porque vivimos en el sistema capitalista. Fuera de Argentina, lo último que se ha conocido es la complicidad del gobierno griego con importantes bancos norteamericanos para ocultar la debacle de ese país, pero podrían relatarse numerosos ejemplos en Inglaterra, Alemania, España, Francia y EEUU, todos ellos tomados como modelos de institucionalidad y modelos en general

Y en todo caso, que De Vido o sus funcionarios subalternos se defiendan ante la justicia.

El domingo pasado, Clarín inventó una polémica sobre la calidad científica y objetividad del Banco de Datos Genéticos: la noticia levantaba exclusivamente la opinión de los peritos de parte de la Noble Ernestina contra esa institución estatal, y eso no representa ninguna polémica.

Clarín, por su parte, se esmera en reflejar “objetivamente” el fraude de Goldman Sachs en EEUU: se entiende, porque ese fondo tiene el 16% del paquete accionario del Grupo Clarín.

Los ejemplos podrían seguir.

Todos ellos son prueba de lo evidente: Clarín conduce a la oposición, le marca la agenda, inventa noticias y la abofetea sin piedad y por incompetencia llegado el caso aunque varios opositores se desvivan por escribir los titulares del día siguiente.

Carrió perdió desde hace un tiempo el favor de los editores cuando sus hipótesis pasaron de lo descabellado a lo psicótico. Luego del traspié de Cobos en el Senado al dar por aprobada la llamada “ley del cheque”, Clarín y La Nación le regalaron al vicepresidente sendos reportajes domingueros. El objetivo harto evidente: levantarlo en las encuestas.

De modo que una corporación privada es la dirección estratégica de la oposición.

Habida cuenta de que el Grupo Clarín, como cualquier otra corporación privada, defiende intereses particulares, habrá que concluir que la oposición política argentina responde al interés privado, y el interés privado se expresa en la ganancia empresaria en la que la corrupción es sistémica. Con mencionar cómo se formó Papel Prensa, las falsificaciones varias en la adopción de los Noble Herrera y la aceptación a libro cerrado de la soja transgénica en las épocas de Felipito al frente de la secretaría de Agricultura con la complicidad del señor Huergo, representante de Monsanto, sería suficiente como para demostrar que Clarín mismo es un antro de corrupción. ¿Y por qué entonces se “escandaliza” por la actividad empresaria con Venezuela?

Porque la ex-bailarina de flamenco y ex-enfermera, más un grupo de periodistas que jugaba al tenis con Massera, creen ser fiscales de la república.

 

 

 

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