Por Sergio Wischñevsky para Telam.

Cuando el próximo 11 de diciembre se efectivice la renuncia que acaba de presentar ç a su cargo como ministro de la Corte Suprema, Carlos Fayt estará en las vísperas de su 98 aniversario. Nació el 1 de febrero de 1918, en pleno desarrollo de la primera Guerra Mundial. Emulando la vieja consigna de la JP de los años 70 “si Evita viviera…” no sabemos si sería montonera, lo que sí sabemos es que sería menor que Fayt ya que nació en los Toldos el 7 de mayo de 1919. Su edad no es solamente un dato de color, implica un fenómeno lleno de resonancias políticas, jurídicas e históricas.

Nacido en Salta, se recibió de abogado en 1941 y su tesis doctoral la escribió durante el primer gobierno peronista. En una entrevista dio su peculiar mirada sobre la política:  “Mi tesis doctoral en la Universidad de Buenos Aires criticaba la reforma constitucional que aprobó Perón en 1949. Los jurados no me quisieron tomar el examen y tuve que escribir otra tesis. Pero, al margen de ese asunto, siempre me interesó estudiar el peronismo. Al fin de cuentas, yo enseñaba Ciencia Política. Además, siempre critiqué a los partidos -al peronismo y al radicalismo-, que compran votos. Por eso, en un libro de los años 40, en lugar de hablar de la soberanía argentina, hablé de la sobornería argentina”. Ha escrito 35 libros, varios de ellos dedicados al peronismo. Fue candidato a gobernador de Salta por el Partido Socialista en las elecciones del año 1958.

Una pintura insuperable de aquellos tiempos nos la dio Arturo Jauretche con su habitual talento descriptivo y una dosis de anticipación sorprendente: ”El personaje que están fabricando es un doctorcito Fayt que un día, con el título nuevecito, un sombrero aludo de esos de ribete, y tres guantes, los dos para ponerse y el de llevar en la mano, se apareció en FORJA y se afilió. Pidió en seguida la tribuna y se la dimos tres veces. A la tercera lo llame y le dije: ”Vea, joven, usted no entiende lo que es FORJA, porque usted es un liberal crudo y su puesto está en el Partido Socialista. Acerté, porque actualmente actúa en el mismo y habla, habla, habla; ¡la pucha si habla!, y tiene prensa a bocha como que La Nación y La Prensa le dedican todas las semanas su buen cuarto de columna”.

Entre los años 1963 y 1965 presidió la Asociación de Abogados de Buenos Aires y por esos días el entonces presidente Arturo Illia le ofreció la presidencia de la Corte Suprema. Rechazó el convite, según su propio relato, porque debía aceptar una ampliación del número de miembros.

Durante la última dictadura, tal cual consta en su Curriculum Vitae, fundó el CEMJUS (centro de estudios jurídicos sobre la situación de la minoría judía en la URSS) que lo tuvo, justo en esa época, denunciando al poder soviético.

    ”Fayt ostenta el récord absoluto de permanencia con 32 años ocupando el cargo. Que no es lo mismo que ejercelo. Que no es lo mismo que honrarlo”

En 1983 el presidente electo Raúl Alfonsín lo nombró juez de la Corte Suprema de Justicia, nunca había sido juez, y llegó al cargo con 65 años. En todos los años transcurridos protagonizó todo tipo de eventos. Pero si hubiera que marcar una tendencia, una coherencia doctrinaria, podríamos decir que ha sido un fuerte militante del avance del Derecho sobre áreas cada vez más amplias, tal vez impulsado por esa vieja desconfianza hacia la política. En los primeros años democráticos votó con la mayoría para declarar la inconstitucionalidad de la ley que impedía el divorcio. En aquellos tiempos había una disputa  en el Congreso que impedía aprobar una nueva ley matrimonial. En aquella jugada de la Corte, Fayt declaró: “Esta Corte que no rechazó el desconocimiento de los derechos electorales de la mujer, ¿mantendría esa postura si todavía hoy el legislador no los hubiera reconocido? Cuestiones que no hieren la sensibilidad de una época pueden ofender profundamente a la de las que siguen”, razonó Fayt en esa ocasión anticipando una postura que se repetirá: lo que los legisladores dejan en el vacío lo debe llenar el poder Judicial.

Tal vez el caso más paradigmático en el que quedó involucrado sea el fallo de la Corte que lleva su nombre “El caso Fayt”. Los constituyentes que redactaron la reforma Constitucional de 1994 fijaron como tope para los jueces de la Corte la edad de 75 años, a partir de los cuales debían jubilarse o buscar un nuevo acuerdo del Senado para seguir en el cargo. Como él ya tenía esa edad sintió que sus derechos habían sido vulnerados y comenzó una causa judicial que llegó a la mismísima Corte que en 1999 llegó al extremo sin precedentes de declarar inconstitucional una cláusula constitucional. La consecuencia de aquel fallo fue su permanencia en el cargo por casi 23 años más de lo que estipula el mandato constitucional.

Durante el menemismo no se alineó con la mayoría automática y mantuvo una independencia apreciable. En plena crisis del año 2001 se opuso a la pesificación de los depósitos bancarios y voto en disidencia cuando la Corte declaró la inconstitucionalidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Su paso por el Tribunal lo tuvo (¿lo tiene?) como el gran promotor de que la Corte utilice a discreción, de oficio, el control de constitucionalidad, sin necesidad de esperar a que le llegue una causa. En el año 2003 ocupó la presidencia del tribunal por unos meses.

En los 151 años de historia de la CSJN Fayt ostenta el récord absoluto de permanencia con 32 años ocupando el cargo. Que no es lo mismo que ejercelo. Que no es lo mismo que honrarlo.

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