Arroz con pollo Una receta de Raimundo Fares

Por Emilio Vera Da Souza

En el año 1965 aparece un libro que se confunde, por su título, con un recetario de cocina. Allí se contaba con un episodio de dignidad del periodismo frente a una decisión de gobierno que afectaría los intereses nacionales y la soberanía: la venta de la explotación del petróleo argentino a empresas extranjeras. El diario «El Tiempo de Cuyo» salió a la calle en abril de 1956. Sin grandes capitales detrás, con la consigna de ser fieles en la búsqueda de la libertad de prensa sin restricciones, en una etapa nacional signada por la violencia, la persecución, las imposiciones de políticas por la fuerza y la intromisión disimulada de potencias extranjeras en asuntos internos, para imponer gobernantes, enajenar bienes y quitar vidas.

El autor de ese libro y protagonista de esa historia, más ignorado que desconocido, es Raimundo Fares, abogado, profesor, escritor y periodista mendocino, colaborador de diarios y revistas, católico y humanista. Solidario y generoso. Querido por quienes lo conocieron. Ese libro, que debiera ser de lectura obligatoria para periodistas profesionales y en formación, se llama «Arroz con pollo» y en su tapa, como una consigna aplicable a lo largo de la historia, una frase: «Quien sabe lo que sucede, comienza a ser libre».

«El Tiempo de Cuyo» se asumía internacionalista, democrático. No tenía identificación con un partido político determinado, pero sí era un espacio doctrinario. Uno de los puntos más importantes de su línea era cuestionar la política petrolera llevada adelante por el gobierno a cargo de Arturo Frondizi. En esos días los contratos petroleros mostraban la evidencia de la pérdida de soberanía económica y política. Y desde ese pequeño diario de provincia, se denunciaba esa situación. En un editorial de ese diario se afirmaba entre otros conceptos que «.como argentinos sentimos vergüenza de estar representados en el Honorable Recinto por señores diputados que entre bostezos y trozos de pollo con arroz han entregado maniatado al país». El título del editorial «Arroz con pollo» hacía referencia al menú de ese día en el restaurante del Congreso, que era saboreado con entusiasmo por los legisladores, en despachos y en el recinto.

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Por ese editorial, que no les cayó bien a los diputados, por asumir la responsabilidad como director del diario y por no retractarse ni identificar al autor del texto, Raimundo Fares fue arrestado. Su defensa y su obligación como periodista y hombre de derecho le costó la libertad. Pero su dignidad no fue mellada.

Raimundo Fares fue y es un ejemplo de solidez y coherencia hasta un nivel que conspiraba contra su propia conveniencia.
Fares escribió varios libros, todos interesantes, todos necesarios para revisar detalles y entender una época intensa.

«El llamado de las armas. 17 de octubre de 1945» (1966): Contaba su experiencia como soldado obligatorio, en los primeros días del Coronel Perón, la pelea entre dos bandos militares, Azules y Colorados, la institucionalidad, las conspiraciones y su vocación política y su búsqueda como defensor de leyes, derechos civiles y el compromiso ciudadano.
«Un inmenso convento sin Dios», 1961, en donde realiza una crónica de viaje por la China revolucionaria, con datos muy novedosos para esos días, anticipando la potencialidad y la expansión de ese país.

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«Claves para el mundo» (circa 1972), donde detalla algunos episodios sobre destacados líderes mundiales y sus trágicas muertes, que sirven para entender los procesos de los años 60 y 70 en el contexto de las relaciones políticas internacionales.
Raimundo Fares tuvo cuatro hijos. Sus amigos le decían en confianza «Mono» y sus alumnos, como una travesura más vinculada al cariño, le pusieron como apodo «Corcho», apelativo seguramente desconocido por él.

Yo conocí al Dr. Fares en su casa, para un cumpleaños de su hija María Celina. Y fue una emoción que perduró en el tiempo. A lo mejor también, un cariño y respeto transferido por quienes fueron sus alumnos de sábado, en las clases de oratoria del Colegio Universitario Central.

Cuando lo encontraba en la calle, me acercaba a saludarlo y le preguntaba detalles de alguno de sus escritos. Siempre respondía con amabilidad y entusiasmo, con esa voz ronca que lo caracterizaba. Falleció en agosto de 1998.

Hoy entre tanta confusión informativa, entre tanta invasión de datos y más datos, entre trolls y noticias falsas, donde las noticias son publicadas con dudosa intención, con datos difíciles de contrastar, con intereses ocultos y en algunos casos redactadas por escribas carentes de idoneidad y de rigurosidad profesional, nos haría falta Raimundo Fares. Para no andar tan perdidos. Para tener a alguien con un poco de criterio, que nos marque el camino.

Que nos acompañe a buscar.

Para no ser víctimas de engaño.

Para no andar tan solos.

 

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