Emilio Vera Da Souza

everadasouza@gmail.com

Conversamos sobre variados temas, entre las burbujas de un espumante y los ruiditos del hielo golpeando el borde de cristal de un vaso, dos dedos de whisky.

Allí, en “El Purgatorio” como se llama la casa de Quirós, hablamos de historias, las de Carlos, matizadas por las acotaciones de Delia, siempre tan precisa, tan memoriosa, tan compañera, tan atenta.

Entre quesitos y aceitunas, mientras nos refrescábamos en la galería de la casa, pude conocer más detalles de los que ya sabía, de este periodista quizá un poco olvidado por sus coterráneos pero a cuya intensa vida sería bueno asomarse.

Cada uno de sus recuerdos, encierra la evocación a un amigo, a un personaje, dentro de un relato sin altibajos pero sabrosísimo.

Quirós no se privó de nada. Mientras trabaja de periodista, vivía como periodista.

A veces con mucho dinero, a veces contando monedas, en los salones de grandes monarcas en pantagruélicas recepciones o en una simple cantina romana acompañado de mujeres con belleza de película, en un crucero de lujo compartiendo con un degustador de habanos o esperando que no se le haga tarde en la peatonal para encontrarse con su amigo Negro Julio Castillo, para extrañar a los colegas y amigos ausentes como Dante Di Lorenzo o Fabián Calle.

Carlos Quirós no se priva de nada.

Desde entrar con las llaves en la mano a un palacio europeo, hasta llegar por medio de otro amigo, en México, a conocer a Fidel. Carlos Quirós vive intensamente y así quiere a los suyos también. Intensamente.

Pero el periodismo no solo lo llevó a conocer el mundo, a conocer los más prestigiados diarios y revistas en que trabajar. Lo llevó a meterse en la invención de las cosas, desde el lugar más difícil y más apasionado, desde el lugar de crear una obra de arte.

Carlos Quirós está preparando su próxima exposición de pinturas que trabaja de una forma especial, única, original. La muestra ya tiene nombre. Se llama “¿Qué tiene el negro?”. Y nace mucho antes de que nos llegaran noticias del senador norteamericano luego candidato y ahora presidente Barack Obama. Porque Quirós, aunque no puede jamás abstraerse del oficio que lo parió, esta vez, no se fijó en el periodismo, para comenzar su muestra “¿qué tiene el negro?”. No es en referencia a Obama, ni a su morochísimo amigo Julio Castillo, sino una artística búsqueda de respuesta por medio del más oscuro color y por el uso de sus herramientas.

Y ahora me detengo en las herramientas que utiliza cotidianamente el periodista mendocino, radicado, para tristeza nuestra, lejos, y para envidia a los porteños, en la propia Buenos Aires. Quirós, aunque sabe hacerlo, no usa lápices, no usa pinceles, no destapa pomos de oleos, acrílicos o temperas. No tiene caballete, ni paleta de madera, ni trapos, ni solventes para desarrollar su arte. Quirós trabaja en la pantalla de una gran Macintosh de Apple con el Corel Painter 8 y sus materias digitales.

“Siempre he tratado de hacer periodismo con la pintura” dice Quirós y comenzamos a navegar por los títulos y los temas de sus imágenes: la inseguridad, el comportamiento de la gente en los estadios, la desaparición de Julio López, las historias políticas desde que le tocó seguir el inicio la carrera de Raúl Alfonsín para el diario Clarín cuando el ex presidente era sólo un posible candidato, en el ocaso de la dictadura. La gente, el incendio y la muerte en Cromañón, las mujeres, los sentimientos, entre otros temas. 

Carlos Quirós hace un arte al que podríamos llamar “pintura digital”. Luego de trabajar la imagen en la computadora, cuando define que está terminada su intervención, imprime el resultado en una tela vinílica especial que luego es montada en un bastidor y enmarcada. Así, con su técnica, su búsqueda y su estilo, Quirós ha causado sorpresa en los círculos del arte más variados.

Admiran sus trabajos en varios sitios nacionales y en algunos países a donde sus obras han llegado. Ha expuesto en el Centro Cultural Borges su serie de “fachas desfachatadas”, en el Círculo de Periodistas de Mendoza, en el Congreso de la Nación, en un museo de Cuba. Galardonado con premios, menciones, notas y críticas en medios y secciones especializadas, Quirós nunca pasa desapercibido.

Trabajó con los grandes periodistas de Mendoza, y de la Argentina, codo a codo, en los medios que marcaron hitos y sentaron precedente. La revista Claves y el Diario El Diario fueron los lugares míticos que lo tuvieron como protagonista y fundador. El diario La Opinión, revistas universitarias, y Clarín.

Carlos Quirós hace un culto de sus amigos.

Don Carlos un catador de los placeres y un hombre sensible como pocos.

Un pintor que hace noticias con colores.

Un periodista con paleta digital.

Un amigo para todas ocasiones.

Hasta la próxima.

 

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