Como su nombre indica, si es eléctrica, pensó, se coloca el cable en el enchufe. No sabía que se tenía que poner en el amplificador.

 

Por ese hecho, de enchufar la guitarra a la red de electricidad de la casa, se armó tal cortocircuito que dejó a todo el pueblo sin luz.

 

Y de allí le vino su apodo: León.

 

No porque tenía una bellísima melena de pelos lacios y rubios como todos piensan.

 

No. León era el rey de los animales.

 

A partir de allí, la historia de León es más o menos conocida, o imaginada por quienes conocen algunos detalles.

 

Viajó a Buenos Aires, y entre canción y canción le fue entrando al corazón de la gente.

 

Primero solo. Luego en compañía y ya nunca más solo. León era cada vez más querido, más buscado, más seguido.

 

Sus canciones son sabidas por jóvenes grandes y chicos inmensos.

 

Le cantó a Luis para la Navidad, a los chicos de la guerra en Malvinas en “Iluminados por el fuego”, a Francisca una canción de amor, cuando andaba sola por las oscuras calles buscando clientes para sobrevivir.

 

Recuperó a los bandidos rurales, a Bairoletto, a Mate Cosido.

 

Cantó la historia de esos ocho hermanos. No los del licor, no. Los hermanos Orozco, una historia sólo contada con la letra “o”.

 

Fue uno de los Sallieris de Charly, ya que como un ladrón bueno, reconoció que le robaba melodías a él.

 

Le cantó a los fantasmas, a los hombres de hierro, al viejo solo y borracho que vivía de lo que le daban los camioneros, a unos kilómetros del Arco de Desaguadero.

 

Siempre reivindicó a los jóvenes y eso se entiende, ya que aunque hace rato que es abuelo, él es el más joven de todos los nac & pop.

 

La “Negra” Mercedes era como una gran madre para él.

 

Recorrió los escenarios con ella, con Pete Seeger, con Santaolalla, con Silvio y Milanés, con Tilín y con Barrientos, con David Byrne, con el general Fontova. Inventó a Abel Pinto y acompañó a Los Piojos, a La Renga a los Divididos.

 

Tocó con todos, sólo le faltó tocar con Bob.

 

León Gieco es un hombre extraño. No es soberbio, es solidario, cumple sus compromisos, y aunque podría dejar de trabajar, sigue esforzándose

y creando y dando. Casi no parece argentino.

 

Una de sus consignas más reproducidas por sus seguidores es título de uno de sus discos: “Por favor. Perdón y gracias”.

 

 

León, sin haberlo pedido, sin haberlo soñado, sin imaginarlo, tiene una escuela que lleva su nombre, acá en la Sexta Sección.

 

Cada vez que puede, visita a los que allí estudian y aprenden, a los maestros y a los que enseñan oficios. Una escuela para chicos distintos, una escuela que necesita de la colaboración solidaria de los mendocinos para que estén mejor los que allí concurren.

 

León solo no puede. Hay que darle una mano, que es como darnos una mano entre nosotros.

 

 

León es un cronista de lo que nos pasa: describe en sus canciones los padecimientos y los avances de cinco siglos.

 

León es un memorioso. Un artista que nos recuerda lo que empecinadamente nos encargamos de olvidar.

 

“La memoria despierta para herir a los pueblos dormidos no la dejan vivir libre, como el viento”, dice Gieco.

 

 

Es un tipo tan raro este León que ahora se empeña en ponerle alas al mundo.Para eso juntó a varios de sus amigos y a algunos seguidores y

decidieron recorrer los pueblos llevando su música y sus artes en un micro de colores alegres.

 

Juntos los trashumantes filmaban sus actuaciones, sus experiencias, registraban sus conversaciones y sus pensamientos. No quiero contar el

resultado de la película porque me gustaría que la vieran y se sorprendieran como yo, o como todos los que la vimos juntos.

 

 

Ese grupo de personas que aparecen en la pantalla no son iguales, son diferentes, pero juntos logran un efecto grandioso: enseñarnos a mirar

de otro modo al diferente, al distinto, al desigual. “Mundo alas” es una película que enseña. Por eso debiera ser obligatoria su exhibición en todas las escuelas. Les aseguro que muestra nuestros errores y nos ayuda a corregirlos.

 

Nos muestra cómo tratar y tratarnos. Es un film redondo redondo, como un Mundo con alas.

 

 

León no se detiene. Insiste en dar una mano, en ser solidario.

 

Al acompañar a otros, su generosidad es tan grande que le chorrea, se le sale por los poros.

 

Una bestia el tipo este.

 

De una generosidad imposible de igualar.

 

Un verdadero animal.

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