Mendoza es un lugar querido por los brasileños. La dimensión de nuestra ciudad, las montañas, la calidad de los pobladores, el tipo de economía de escala humana, las formas de producción y las posibilidades de concretar planes a futuro hacen que quienes vienen por estas tierras andinas desde el país de las selvas amazónicas y las cálidas playas, piensen en quedarse.

Según nos cuenta el representante de Brasil en Mendoza, Sergio Couri, tienen registros de que unos cuatrocientos amigos brasileños están en forma permanente trabajando y viviendo entre nosotros, y calculan que otros mil doscientos más realizan tareas permanentes.

También hay estudiantes universitarios, camioneros, personal y funcionarios de grandes empresas, e incalculable cantidad de turistas, todos en tránsito, que disfrutan nuestros paisajes, nuestros vinos, nuestra gastronomía y que intercambian permanentemente sus ideas y su cultura con nosotros.

Es entendible entonces que el interés por aunar lazos solidarios y profundizar el intercambio entre hombres y mujeres provenientes del país del norte y nosotros, sea cada vez mayor.

El colorido arte carioca, sus alegres vestimentas, su inconfundible música, cuyos ritmos nos mueven a bailar ya al escuchar los primeros acordes, no nos dejan espacio para distraernos. La cultura y las costumbres de Brasil nos gustan, nos atrapan, nos mueven. También debemos tener en cuenta que nuestras economías se necesitan y nuestra tarea en ese sentido puede hacer que podamos crecer juntos para beneficio mutuo.

Cuando alguien habla en portugués con ese ritmo tan particular por las calles de Mendoza ¿no le da curiosidad saber de qué se trata? Las palabras dichas con ese ritmo tan musical ¿no lo llaman a querer entender ese lenguaje? Escuchar la música, conocer el sabor de sus comidas, moverse con la soltura y la belleza de esos cuerpos de tantos tonos de piel ¿no le dan ganas de saber más de estos particulares vecinos?
Por estos días hay varias actividades: muestras de fotos, cine, danzas, fiestas, en la que podemos participar y descubrir, y descubrirnos.

Dicen que los mendocinos somos de una cultura montañesa.
Cerrados, conservadores, tradicionalistas, duros.
A lo mejor compartirnos, interesarnos, intercambiar y conocernos con nuestros amigos brasileños nos hace más sueltos a la hora de mostrarnos y así limar ese lado duro que aparentemente nos nace de la piedra de la cordillera.
Y pronto, como un acto de generosidad, se nos contagien el ritmo y las ganas, y digamos así casi en secreto:
la alegría no es solo brasilera.

 

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