Cuando de tiempo se trata hay algunas cosas que se prestan a confusión. Lo más a mano para confundirnos es el informe meteorológico que dan los noticieros de radio y televisión.
Me explico. Cuando llega ese esperado momento, los entusiastas conductores de noticieros, en casi todos los canales y radios del planeta, no solo en Argentina, en el anuncio dicen: “Y ahora conoceremos los datos del tiempo…” o “A continuación el pronóstico del tiempo…”, y pasan a relatarnos los números referentes a la temperatura medida en grados centígrados, la humedad con porcentajes que no se sabe bien a qué se refieren, la velocidad del viento a kilómetros en la hora, la visibilidad medida en kilómetros lineales, la presión atmosférica que hasta hace unas décadas se calculaba en milímetros de mercurio y en la actualidad, algún preciosista hace que nos la digan en hectopascales. Y allí ya estamos perdidos…
También en el servicio sobre los “datos del tiempo” nos describen las posibilidades cercanas de que nos sorprenda una lluvia, la nieve, una tormenta eléctrica, el granizo, el viento Zonda, un huracán desde Las Heras, un frío desde el Polo, inversión térmica, cumulus nimbus, y todo tipo de oferta del menú del servicio meteorológico nacional que antes dependía de la Fuerza Aérea Argentina con asiento en El Plumerillo.
¿Y el tiempo? Nada.

Los más avezados científicos que abundan por los lugares universitarios y del Cricyt también se ocupan del tema. Pero con palabras más difíciles y con intrincados e inaccesibles conceptos. Por ejemplo, tienen en cuenta, para darnos “datos del tiempo” la influencia del océano tropical que le da a la atmósfera. El fenómeno de la corriente de El Niño que tiene que ver cuando el Pacífico ecuatorial, que es el océano más grande del mundo, tiene las aguas más calientes: con más de 28 grados, entonces se transforma en una verdadera caldera para la atmósfera. Ese calor que transfiere el océano genera nubes convectivas que alteran la circulación de vientos y nubes. Una manera de predecir fenómenos con varios meses de anticipación, es prestarle atención a El Niño, dice don Federico Norte, doctorado en esa ciencia.
¿Y el tiempo? Bien. Gracias.

Algunos otros, alejados de cuestiones relacionadas con la razón de la ciencia, prefieren los asuntos más vinculados a la magia, el esoterismo, las pseudociencias, el ocultismo, la prestidigitación o los ovnis. Para eso recurren a un amplio conjunto de absurdas y ridículas prácticas que pretenden hacernos pensar que son efectivas. Esas prácticas están más basadas en la ingenuidad del que busca respuesta y no tiene rigor alguno. La magia esotérica está basada en la ignorancia del interlocutor, es crédula, no somete sus especulaciones a prueba alguna y no altera sus principios ni cuando falla ni como resultado de nuevos hallazgos. Como es subjetiva no acepta la crítica, algo que es normal en la actividad científica, ya que el objetivo es que al final la verdad y la realidad real sea la que prevalezca.
La forma que tiene la pseudociencia para rechazar la crítica de la ciencia es planteando que es dogmática y que se cierra y niega los fenómenos en los que se basan los modernos brujos. También las pseudociencias son muy difundidas porque no requieren un largo aprendizaje en lugares académicos y sus divulgadores solo repiten frases hechas o inventan soluciones basadas en fórmulas imposibles de seguir por alguien de pocos conocimientos.
Entonces para hacer llover es bueno hacer una cruz de sal, o cuando duelen los huesos es porque va a cambiar la temperatura, cuando se clava un cuchillo en una cruz de ceniza no cae el granizo, cuando no corre viento y la luna tiene una aureola de color, en las noches límpidas del verano es que va a temblar y así varias recetas más.

¿Y del tiempo? Nada. Ni una sola cosa.
Ninguna de estas cuestiones tiene que ver con el tiempo.
Solo puedo decir, para terminar estas palabras, que el tiempo se mide solo con relojes, que no tiene que ver con la meteorología, que Nilo González más sabe por sabio que por diablo, que para ser medido, el tiempo requiere mejor un Citizen que un termómetro.
Y que esta nota continuará… cuando pase una semana… o dos… o más…

Por Emilio Vera Da Souza (everadasouza@gmail.com)

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