Tal como les gusta a los residentes de la Gran Manzana, Nueva York fue esta noche el vibrante centro del mundo: el magnate neoyorquino Donald Trump consiguió una importante victoria que le da un crucial golpe de aliento en su campaña. Pero Hillary Clinton, que se mudó aquí hace años con su familia, obtuvo el triunfo frente a su rival Bernie Sanders en las primarias del segundo estado más poblado del país.

Según sondeos a boca de urna, el millonario republicano consiguió cerca del 60% de los votos, mientras que John Kasich, el moderado gobernador de Ohio, cosechó 24,9% y el ultraconservador Ted Cruz obtuvo sólo 15,9. En el frente demócrata, la ex secretaria de Estado lograba el 57% frente al senador Bernie Sanders, con 42%.

El complejo sistema electoral estadounidense establece que en cada elección se eligen delegados que van a las convenciones partidarias a fin de julio. Por cantidad de habitantes, el estado de Nueva York es el que más delegados atribuye después de California, cuyas primarias tendrán lugar en junio. Aquí hay 5,8 millones de electores demócratas y 2,7 millones de republicanos. Sólo ellos, los ciudadanos registrados, podían votar y así se cerró el paso a los independientes. En Nueva York había en juego 291 delegados demócratas y 95 republicanos.

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La ex senadora marcha primera en el conteo de electores, pero necesita alcanzar una mayoría de 2.383 para imponerse tranquila en las convenciones. Sanders venía de ganar 7 de las 8 últimas primarias y ella necesitaba imperiosamente un triunfo para revertir con contundencia la racha negativa. Aunque marcha con cierta tranquilidad en cuanto a cantidad de delegados, un triunfo ajustado en el Estado por el que fue senadora por 8 años (2001-2009) es un resultado que no esperaba. Sobre todo porque las encuestas le auguraban 15 puntos sobre su rival.

“Me siento muy bien, adoro Nueva York”, dijo a ex primera dama de 68 años al votar por la mañana en Chappaqua, al norte de la Gran Manzana. Ella apostó mucho por un triunfo contundente en este Estado. Trajinó como nunca cada condado de esta ciudad. Se subió al subte, bailó salsa, comió helados, visitó lavaderos de autos, hizo actos en hoteles lujosos.

Sanders, de 74 años y oriundo de Brooklyn aunque luego se mudó a Vermont, por donde es ahora senador, también se jugaba mucho aquí porque necesitaba ratificar que es un candidato que realmente puede seguir sumando y llegar a la Casa Blanca. Como hace tiempo no se veía en esta ciudad, logró movilizar a los jóvenes con importantes actos en los que cuestionó el capitalismo de Wall Street y habló de su “revolución”, socialista moderada, que tiene como modelo a Dinamarca o Italia.

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El entusiasmo de las nuevas generaciones fue la clave para la gran cantidad de votos que logró: el 72% de los votantes de entre 18 y 29 años eligió a Sanders. Hillary es mucho más fuerte entre la gente de más edad y las minorías hispanas y afroamericanas, que son activos protagonistas en esta diversa Nueva York pero que quizás no fueron en masa a votar.

Trump votó cerca de la lujosa torre decorada con dorado que lleva su nombre y donde vive, en la Quinta Avenida. “Vamos a devolver a Estados Unidos su grandeza”, dijo el magnate. Anoche sus partidarios celebraban allí el triunfo que le da un nuevo aire, mientras escuchaban a Frank Sinatra cantar “New York, New York”. Trump necesitaba sí o sí una victoria arrasadora, por más del 50% de los votos, para quedarse con todos los delegados en juego. Si no, dividiría la mitad con el resto de los candidatos, cosa que en este momento no le viene nada bien.

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Es que el gran desafío del millonario hoy no es sacar más votos que Ted Cruz, sino llegar al número mágico de 1.237 delegados, lo que le permitirá llegar con mayoría a la convención republicana. Si no alcanza esa cifra, corre el riesgo de que ese encuentro se transforme en una batalla partidaria: tras una serie de votaciones donde no haya mayoría, los delegados pueden votar por cualquier candidato. Como Trump despierta gran escozor entre el establishment republicano, podría ver evaporarse su nominación en manos de Cruz o cualquier otro candidato alternativo. Cruz, que venía en ascenso, hizo una mala elección. Tal vez pesó entre los votantes cuando el senador se refirió despectivamente a los “valores de New York”, en referencia al apoyo al matrimonio homosexual y el aborto.

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