Fue un fin de semana frenético en Mar-a-Lago, la “Casa Blanca sureña”. Donald Trump sacudió a Estados Unidos en una tormenta de tuits que se estiró desde la tarde de anteayer hasta el amanecer de ayer. Cuando terminó, Trump había cuestionado al FBI, a su principal asesor de seguridad nacional, a los demócratas y a la prensa por el escándalo Rusiagate, que siempre minimizó.

La última “tormenta” de mensajes llegó en medio de la conmoción por la masacre de 17 personas en un secundario de Parkland, y tras la acusación del fiscal especial, Robert Mueller, a 13 rusos y tres empresas de interferir en la última campaña presidencial con una “guerra de información” desplegada desde una “granja de trolls” en San Petersburgo financiada por un empresario vinculado al presidente Vladimir Putin, según el Departamento de Justicia.

Trump, en el mensaje que mayor malestar causó entre sus críticos, dijo que el FBI no había evitado la masacre por dedicarle tiempo al Rusiagate. Nunca condenó la injerencia rusa ni anunció medidas o represalias: la Casa Blanca se negó a implementar sanciones contra Rusia aprobadas por el Congreso.

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