Seúl, Tokio y Washington acordaron hoy elevar al máximo la presión sobre Corea del Norte tras su sexta prueba atómica, en paralelo a que la inteligencia surcoreana sostuvo que Pyongyang podría estar preparando un nuevo lanzamiento de misiles intercontinentales durante los próximos días.

“Hay una posibilidad de que el norte pueda llevar a cabo más provocaciones lanzando un ICBM (misíl balístico intercontinental) hacia el Pacífico Norte” afirmó hoy el diputado oficialista Kim Byung Lee durante una reunión parlamentaria a puertas cerradas, un día después de que Pyongyang realizara con éxito una prueba con lo que afirmó que era una bomba de hidrógeno.

El parlamentario surcoreano citó durante la reunión a puertas cerradas un informe del Servicio Nacional de Inteligencia (NIS) en el que se precisa que el lanzamiento se podría realizar el 9 o el 10 de septiembre, fechas en las que se conmemoran la fundación de Corea del Norte y el aniversario de la creación del Partido de los Trabajadores, según informó la agencia oficial Yonhap.

La intención de un nuevo ensayo sería volver a demostrar su capacidad para alcanzar el territorio estadounidense con un misil intercontinental, según un informe del Ministerio del Interior surcoreano al Parlamento.

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Ayer, Pyongyang realizó su sexto ensayo nuclear y el segundo supuestamente llevado a cabo con un artefacto termonuclear -en este caso una bomba de hidrógeno- y coronó un período de frenética actividad armamentística por parte del gobierno de Kim Jong-un.

La prueba nuclear ejecutada en el mediodía de ayer (hora local) provocó un amplio repudio internacional unánime, y la amenaza del gobierno estadounidense de Donald Trump de una eventual intervención militar.

El Consejo de Seguridad de la ONU se vio obligado a convocar a una reunión de urgencia, la segunda sesión de emergencia en una semana para tratar del problema con Corea del Norte, que se concretará hoy en Nueva York.

La prueba nuclear de ayer resultó un revés para la estrategia dialoguista del gobierno surcoreano, que ahora parece haber dado un giro de 180 grados.

El gobierno de Moon Jae-in, llegado a poder en mayo pasado en unas elecciones que estuvieron precedidas por una crisis política por la destitución de la presidenta Park Geun-hye, había ofrecido a Pyongyang sentarse en la mesa de negociaciones y había pedido que no se siga desplegando el polémico sistema antimisiles THAAD en su territorio.

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Pero ahora parece haberse alineado con la Casa Blanca en que “es más necesario reforzar la disuasión militar que perseguir el diálogo”, admitió hoy el ministro surcoreano de Defensa, Song Young-moo.

Tras los ensayos con misiles balísiticos realizados ayer a última hora por Seúl, hoy Song anunció que evalúa desplegar, junto con Estados Unidos, un portaaviones nuclear, varios bombarderos y otros efectivos estratégicos en la región.

El ejército surcoreano realizará además este mes maniobras con fuego real en el que participarán cazas F-15K equipados con misiles de aire-tierra “Taurus”, según precisó la cartera de Defensa en su informe a la Asamblea Nacional-Parlamento local-, consignó la agencia de noticias EFE.

En tanto, los presidentes surcoreano y estadounidense, Moon Jae-in y Donald Trump, y el primer ministro nipón, Shinzo Abe, han intensificado sus contactos telefónicos en las últimas horas para sacar adelante un nuevo paquete de sanciones en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, antes de la reunión de urgencia que celebrará hoy el organismo.

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Moon reclama aplicar “un nivel máximo de sanciones y de presión” sobre Pyongyang, según informó la oficina presidencial de Seúl, mientras que Tokio y Washington apuestan por imponer un embargo total de petróleo sobre Corea del Norte, dijeron fuentes gubernamentales niponas.

Tanto Moon como Abe señalaron a Beijing -principal aliado y socio comercial de Corea del Norte que también ha condenado con firmeza su nuevo ensayo atómico- y le reclamaron que aproveche su proximidad a Pyongyang para tratar de empujarla a la desnuclearización, además de pedir a Rusia que apoye también una nueva ronda de sanciones.

Al respecto, China no descartó la posibilidad de apoyar en la ONU un embargo total de petróleo a Corea del Norte y urgió a ese país a “no escalar las tensiones” con nuevos lanzamientos de misiles.

Consultado sobre la demanda motorizada por Japón y Estados Unidos, un vocero de la Cancillería china dijo hoy durante una conferencia de prensa que la respuesta al sexto ensayo atómico norcoreano “depende de las discusiones entre los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU”, pero no rechazó de plano públicamente una medida de esas características.

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