Suspenden la exhumación de Francisco Franco

El Tribunal Supremo Español indicó que una de sus salas «ha decidido por unanimidad suspender cautelarmente la exhumación de los restos de don Francisco Franco Bahamonde, que debía llevarse a cabo el 10 de junio».

La decisión es temporal para dar tiempo a la resolución de los recursos presentados por la familia del dictador, enterrado con honores en la basílica del faraónico complejo del Valle de los Caídos en las afueras de Madrid hace 43 años.

«La razón en que descansa esa decisión es la de evitar el perjuicio que, de otro modo, se causaría a los recurrentes si, exhumados esos restos, se estimara el recurso y fuera preciso devolverlos al lugar en que se hallan», argumentó el Supremo Tribunal. .

El ejecutivo anunció en una breve nota que «pospondrá la ejecución de la exhumación hasta que en los próximos meses se dicte Sentencia sobre el fondo del asunto». Aún así, se muestra «convencido de que el Tribunal Supremo desestimará este recurso».

«El Supremo ha decidido suspender cautelarmente la democracia» dijo Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, citado por el diario El País de Madrid. Y agregó: «la decisión de exhumar a Franco se aprobó en dos ocasiones en el Parlamento, que es donde reside la soberanía popular. Es grave que una decisión política sea interferida por el Supremo».

El «Generalísimo», uno de los instigadores del levantamiento militar contra la República española en 1936 que desencadenó tres años de una sangrienta guerra civil, gobernó con mano de hierro al país entre 1939 y su fallecimiento en 1975.

Sin embargo, en una curiosidad que no pasó desapercibida para algunos líderes de izquierda, el auto del Supremo adopta la versión franquista de la historia, considerando al dictador jefe de Estado desde su autoproclamación en octubre de 1936, con el gobierno legítimo de la República todavía vigente. Al respecto, Silva, presidente de la asociación mayoritaria de víctimas del franquismo, considera que «podría considerarse como un acto de apología del golpe del Estado» del 18 de julio de ese año.

Al morir Franco fue enterrado en el Valle de los Caídos, un faraónico mausoleo que él hizo construir entre los 1940 y 1950, en gran parte utilizando como mano de obra a miles de prisioneros políticos.

Su tumba, cubierta de flores frescas y venerada por los nostálgicos del franquismo, se halla ante el altar de la basílica horadada en el flanco de una montaña y coronada por una cruz de 150 metros de alto.

En el complejo fueron enterrados 27.000 combatientes del bando insurrecto así como alrededor de 10.000 soldados republicanos, trasladados sin el permiso de sus familias desde fosas comunes.

Constituye un «lugar de exaltación» inaceptable para Pedro Sánchez que, a poco de llegar al poder en junio de 2018, convirtió su exhumación en una o de sus principales promesas políticas.

Aunque querían llevarla a cabo durante el verano boreal de 2018, el ejecutivo se encontró con una guerrilla judicial con los herederos del dictador y la resistencia de los monjes benedictinos que mantienen el mausoleo.

Sánchez necesitó permiso del Vaticano y rechazar la proposición de la familia de reinhumar al dictador junto a su hija en una cripta en la catedral de la Almudena, frente al peligro que significaría erigir un lugar de peregrinaje franquista en el corazón de Madrid.

En su lugar, el gobierno escogió el cementerio de El Pardo, un espacio más discreto en el norte de Madrid, donde ya descansan los restos de la mujer de Franco.

Más de cuarenta años después del fin de la dictadura, las heridas siguen sin cerrarse y la cuestión de la memoria histórica de ese periodo es divisiva.

El anterior gobierno del PSOE, de José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011), aprobó en 2007 una ley de memoria histórica para retirar los vestigios de la dictadura, identificar a las decenas de miles de enterrados en fosas comunes y rehabilitar la memoria de los vencidos, condenados bajo el franquismo.

Los defensores de la dictadura de Franco acusan a los republicanos de reabrir heridas del pasado que, según ellos, están cerradas.

El conservador Mariano Rajoy, en el poder hasta la moción de censura lograda en 2018 por Sánchez, se jactaba de no haber gastado ni un euro para aplicar esta ley.
«Alcanzar el objetivo último importa más que todo el camino que tengamos que recorrer» dijo la vicepresidenta Carmen Calvo.

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