A finales de junio de este año, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, firmó un decreto que prolonga un año (hasta el 5 de agosto de 2016) el embargo ”con el fin de garantizar la seguridad de la Federación de Rusia”.

En la ‘lista negra’ de productos alimenticios prohibidos figura carne bovina, porcina y de aves de corral, leche y productos lácteos, pescado fresco (salvo los alevines de salmón y trucha), verduras y frutas provenientes de la UE, EE.UU., Australia, Canadá y Noruega.

La leche y los productos lácteos sin lactosa pueden ser importados, pero, según las nuevas condiciones, únicamente para la alimentación terapéutica. Además, el proveedor debe obtener un certificado especial para confirmar las propiedades terapéuticas del producto.

Asimismo, según el reciente decreto presidencial, a partir de 6 de agosto todos los productos alimenticios prohibidos importados a Rusia deben ser destruidos.

Las autoridades evalúan que el crecimiento de la producción rusa de carne, aves, pescado y queso es comparable a la reducción de las importaciones, que se produjo después de la introducción de las restricciones. En particular, la producción de carne en el país aumentó un 20% en el primer semestre de este año.

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