Los nuevos radares termoacústicos Penitsilín, que podrían “detectar y localizar cada portazo en la Tierra”, se empezarán a fabricar en serie a partir desde el año 2019.

El consorcio tecnológico ruso Rostej ha anunciado el inicio de la producción en serie en 2019 de un sistema termoacústico de reconocimiento de artillería. Esta innovación supone un salto adelante en comparación con los métodos tradicionales utilizados por la radiogoniometría, la ciencia de los radares.

El nuevo sistema, bautizado como Penitsilín (‘penicilina’), no se centra en medir radiofrecuencias, sino en detectar acústicamente disparos y registrar cambios térmicos. Una vez lanzado un proyectil, tarda solo cinco segundos en localizar la ubicación de la batería enemiga y garantiza así una respuesta de gran precisión.

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Tradicionalmente, el guiado del fuego de artillería era realizado por los pelotones de Inteligencia castrense, que tenían que exponerse a los graves riesgos de la primera línea de combate. La ventaja del ‘Penitsilín’ es que actúa a una distancia segura del enemigo y no necesita de la participación de personal en el terreno, explicaron los expertos del consorcio citados por el diario ‘Rossíiskaya Gazeta’.

Este dispositivo busca automáticamente tanto los disparos de cañones y obuses como de lanzacohetes múltiples o de lanzaderas antiaéreas tácticas, unas armas para las cuales el Ejército no había tenido radares hasta el momento.

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Cada sistema incluye cuatro receptores acústicos y un módulo óptico-electrónico. Una computadora detecta las detonaciones de los disparos y las posteriores explosiones, procesa la información acumulada y ofrece instantáneamente datos sobre la precisión del impacto y el origen geográfico del proyectil.

La cobertura de cada Penitsilín puede abarcar un frente de hasta 25 kilómetros de largo. Es capaz de corregir de manera consecutiva el fuego de una o varias baterías de una división. El alcance máximo de la transmisión de datos por canales cifrados es de 40 kilómetros, una ventaja que permite destruir los objetivos con fuego desde la retaguardia.

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Los ensayos estatales de este ‘superradar’ han llegando a su fin. Un simulacro llevado a cabo cerca de la ciudad de Oremburgo (Urales del Sur) ha confirmado las prestaciones que prometían sus diseñadores.

“Si se distribuyeran estos sistemas por todo el planeta, podríamos oír todo lo que sucediera en él. El equipo reacciona incluso ante los portazos”, dijo el proyectista jefe del sistema, Valeri Kamýshev. En su opinión, no es tan importante el hecho de que pueda registrar este sonido sino que a partir de sus coordenadas es capaz de determinar “exactamente cuál de las millones de puertas del mundo ha producido ese portazo”.

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