Los disturbios comenzaron en la estación del Metro de Ceilandia después de que miembros del sindicato que organiza la huelga le impidieran circular a uno de los trenes que permanecían en servicio pese a la paralización, motivada por demandas salariales.

Según la Policía Militar, varios de los pasajeros arremetieron contra el tren y las cabinas de venta de billetes, para luego bloquear el tránsito en la avenida Hélio Prates, frente a la estación, y apedrear ómnibus que transitaban por el lugar.

Los manifestantes también protestaron por la mala calidad del servicio de colectivos, que en las últimas semanas llevó a cientos de personas a las calles para demandar una mejor atención.

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Las personas detenidas fueron posteriormente liberadas, aunque serán acusadas por desacato y resistencia a la autoridad, así como por daños al patrimonio público, según la Policía Militar.

La directora del sindicato de empleados del Metro, Tania Viana, dijo que la decisión de impedir la circulación de los trenes se tomó después de que la empresa concesionaria del servicio apeló a conductores sin experiencia para dirigir los trenes.

”Quieren impedir la huelga y quieren hacerlo poniendo en peligro a los pasajeros”, apuntó la dirigente, según la agencia EFE.

El sindicato de empleados del Metro inició la huelga hace seis días y reclama un aumento salarial del 10 por ciento, una reducción de la jornada de trabajo de ocho a seis horas por día y mejoras en los sistemas de ascensos y jubilaciones.

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Por otro lado, miles de trabajadores paralizaron hoy el centro financiero de San Pablo con una manifestación en la que también demandaron la reducción de la jornada laboral.

Según la policía militarizada paulista, el acto organizado por la Central Única de Trabajadores (CUT) reunió entre 6.000 y 8.000 personas, y obligó a cerrar ocho calles de esa ciudad.

El presidente de la CUT, Vagner Freitas, afirmó que la marcha se destina a presionar al gobierno y al Congreso para que se reanude el debate en torno a las demandas de los trabajadores, que hasta ahora ”avanzó muy poco”, citó la agencia DPA.

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Además de la reducción de la jornada laboral, los sindicalistas piden una política de aumento real del salario mínimo, recortes en el impuesto de renta pagado por los trabajadores y la eliminación de la norma que reduce el valor de los beneficios para los jubilados que se retiren antes de cumplir la edad mínima (65 años para los hombres y 60 años, para las mujeres).

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