EE.UU. se está precipitando al abrir un nuevo frente en la ciudad siria de Raqqa en su ofensiva contra el Estado Islámico (EI), señalan analistas y expertos citados en el diario estadounidense ‘Christian Science Monitor’.
La coalición encabezada por Washington inició una operación en Raqqa contra la organización yihadista la semana pasada cuando la batalla por la ciudad iraquí de Mosul sigue en curso. El objetivo de la nueva ofensiva de los ejércitos de Jordania y EE.UU. es lograr el control de esta ciudad de medio millón de habitantes que desde 2014 es capital administrativa del llamado ‘califato’ y sede de su gobierno.
Sin embargo, según los expertos, la captura de Raqqa constituiría, al margen de una importante victoria simbólica para Occidente y sus aliados, el inicio de una serie de retos logísticos que podrían debilitar también la ofensiva contra el EI en Mosul. Para autoridades militares y analistas, la operación contra Raqqa está motivada por el deseo de Obama de acabar con la segunda plaza fuerte del EI antes de abandonar su cargo en enero de 2017.
Con todo, tratar de forjar una frágil coalición de combatientes kurdos y árabes y liberar una ciudad en medio de una guerra civil, máxime en medio de la operación de Mosul, será una tarea hercúlea. El resultado puede ser el fracaso de la la ofensiva contra Raqa, advierten los analistas.
”Parece que Obama quiere terminar la campaña militar [contra el EI] antes de abandonar el cargo, pero por desgracia no ha hecho lo suficiente por abordar los aspectos políticos de la misma”, advierte Kenneth Pollack, exanalista de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) militar y ahora adscrito al Instituto Brookings en Washington.
El factor sectario y falta de aliados
La coalición antiterrorista cuenta en Irak con combatientes del Ejército iraquí, la Policía, veteranos de la Peshmerga kurda y unidades de milicia popular, los cuales suman unos 100.000 efectivos. ”La situación en Siria es muy diferente: el número de actores fiables, prooccidentales y de confianza en el ámbito local es limitado”, explica el experto del Instituto Brookings en Catar Ranj Alaaldin.
La coalición que opera contra este bastión extremista cuenta con un contingente de 30.000 combatientes kurdos y árabes creado en octubre de 2015 (los primeros representan entre el 70% y el 90% de estos efectivos). Este reducido número de soldados plantea un reto para el control de la ciudad de Raqqa, cuyos habitantes sunitas llevan enemistados con sus vecinos kurdos desde hace siglos.
”Si las fuerzas kurdas se involucran en el operativo de Raqqa, ello exacerbará las tensiones entre las comunidades árabes y kurdas que se cuecen a fuego lento en el norte de Siria desde hace mucho tiempo”, advierte el experto en Siria del Instituto para el Estudio de la Guerra en Washington Genevieve Casagrande.
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