El autor cita la suposición de Juan Linz, politólogo de la Universidad de Yale, que afirma que los sistemas presidenciales fallan porque en ellos tanto el presidente como el Congreso son elegidos por el pueblo y, por lo tanto, ambos ”pretenden hablar por el pueblo”. ”La Constitución no ofrece ninguna solución en estos casos” porque no sugiere mecanismos legales para arreglar estas desavenencias, agrega Linz. Esto ha llevado a muchos estancamientos en EE.UU. y ha llegado a provocar golpes de Estado en otros países, continúa el artículo.

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Otro argumento que se aduce es la alta polarización de la política estadounidense, que por sí misma no ”es la norma” del poder norteamericano. No obstante, la política actual está muy ideologizada y se centra en principios más que en cuestiones de patrocinio como anteriormente, lo que obstruye la toma de decisiones y obstaculiza llegar a compromisos.

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”Ha habido momentos en la vida estadounidense en que las cuestiones de principio provocaron una profunda escisión en la política del país. En la década de 1850 el Partido Republicano antiesclavista salió a la palestra. Como resultado el proceso constitucional colapsó, hubo cuatro años de guerra civil, cientos de miles de muertos, y luego… dos décadas de terrorismo”, aclara el experto.

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Al ver los interminables estancamientos, los ciudadanos empiezan a perder la confianza en las instituciones de EE.UU. y la sensación de crisis se agudiza. ”Lo mejor que podemos esperar es que algún día llegue la crisis y los estadounidenses puedan reemplazar su sistema por algo mejor”, concluye.

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