El humo de las fábricas chinas que satura el aire de las ciudades el gigante oriental ya ha alcanzado a Corea y Japón y está atravesando el océano en dirección a las costas estadounidenses.

Los contaminantes que transporta incluyen al carbono negro, ”relacionado con el cáncer, el enfisema y enfermedades cardíacas y pulmonares”, según un informe de ecólogos estadounidenses y chinos citado por ‘The Guardian’.

Pekín cree que Occidente debe colaborar económicamente en la limpieza del medioambiente tóxico, diciendo que las fábricas aparecieron a causa de acuerdos de comercio libre destinados a satisfacer la demanda de los consumidores occidentales.

”Parece que a pesar del consenso académico de que el comercio libre es beneficioso para todos, no es gratuito”, escribió Buchanan en su ‘blog’.

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Desde 2000, China, que protege su base industrial manteniendo barata su moneda nacional, se ha convertido en la segunda economía del mundo y pretende alcanzar el liderazgo. Sin embargo, el comercio libre parece haber beneficiado solo al 1% de la población estadounidense.

Después de que se cerraran decenas de miles de fábricas en EE.UU. para financiar la construcción de nuevas en Asia, los costes de producción cayeron radicalmente.

Los sueldos y beneficios de los trabajadores asiáticos han sido una fracción ridícula de los que recibían los estadounidenses.

Los estándares de sanidad, seguridad y medioambientales casi no existieron en muchos casos.

Como ejemplo el analista mencionó que la fábrica de ropa de ocho pisos que se desplomó en Bangladesh en abril pasado dejando matando a 1.100 trabajadores y causando 2.500 heridos nunca hubiera superado una inspección en EE.UU.

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Por supuesto, las multinacionales estadounidenses vieron enormes ganancias, que hicieron saltar los salarios corporativos y los dividendos en acciones y aseguraron el apoyo de poderosos grupos de presión.

Como resultado, a diferencia de sus antepasados propietarios de las fábricas humeantes de pequeñas ciudades occidentales, los nuevos dueños del universo vuelan a Davos o Dubái para almorzar con nobles europeos, príncipes sauditas o multimillonarios chinos.

”¿Ahora quiénes son los perdedores? Los estadounidenses comunes y corrientes”, concluyó el experto.

Una familia convencional no ha visto incrementos en sus ganancias reales en los últimos 40 años. Este es el resultado directo del cierre de más de un tercio de todos los centros manufactureros en EE.UU.

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”Y esta desindustrialización del país está directamente vinculada a los 10 billones de dólares de déficit comercial acumulado desde los tiempos de Bush padre”, escribió.

Con el cierre de una fábrica en muchos casos se despuebla la ciudad en la que se ubica. Y todas las pequeñas empresas como bares, restaurantes, tiendas y farmacias que aparecieron junto con la fábrica, desaparecen también.

”Las lápidas memoriales de innumerables poblaciones por todo EE.UU. deben rezar: ‘Arrasadas por el comercio libre’. Los economistas académicos lo llaman ‘destrucción creativa”’, subrayó Buchanan.

Fuente: RT

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