Una interminable multitud peregrinó frente al féretro que había sido conducido desde el Hospital Militar de la capital sudafricana hasta los Union Buildings, donde centenares de dignatarios y miembros de la familia Mandela presentaron sus respetos al antiguo activista contra el apartheid.

El presidente del país, Jacob Zuma, fue el primero en presentar sus respetos ante el féretro, seguido de la viuda de Mandela, Graça Machel, y de su ex mujer, Winnie Madikizela-Mandela, que lucían sendos turbantes negros.

También lo hicieron otros miembros de la familia y líderes sudafricanos, incluido el último presidente del Apartheid, Frederik de Klerk, además de autoridades africanas, como el presidente de Zimbabwe, Robert Mugabe, y su mujer Grace.

Tras el paso de las autoridades y la familia, la capilla ardiente quedó abierta al público.

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Mandela reposa en el féretro vestido con una de sus emblemáticas camisas batik marrón y amarrilla de Indonesia, y su rostro puede ser visto a través de una cubierta de vidrio, mientras cuatro guardias con las cabezas inclinadas realizan una guardia de honor.
Brandon Labuschagne, un ex policía blanco que en 1994 integró la guardia de honor
Quienes querían despedirse de Mandela debían llegar a la sede del gobierno con los autobuses habilitados por la organización para evitar aglomeraciones.

La zona fue cerrada al tráfico por el ejército y el féretro, cubierto con la bandera sudafricana, era custodiado también desde el cielo por varios helicópteros.

La televisión mostraba escenas de honda emoción entre los miles de asistentes que debieron esperar en el punto de salida de los autobuses en el oeste de Pretoria, donde además tuvieron que desafiar el intenso calor para no perder la ocasión de ver los restos de Mandela.

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”Llevamos horas aquí, pero vale la pena porque así podremos ver a Mandela”, dijo Thuli Gumede en una de las colas para subir a los autobuses que portaban, en la luneta delantera, carteles con la cara de Mandela facilitados por los periódicos locales.

Los soldados y policías sudafricanos que se acercaron a la capilla ardiente hacían una reverencia al pasar junto al féretro, mientras sus compañeros de servicio ayudaban a desplazarse a las personas mayores o inválidas.

Brandon Labuschagne, un ex policía blanco que en 1994 integró la guardia de honor de la ceremonia de investidura de Mandela como presidente, dijo que acudió a la capilla porque Mandela ”es parte de nuestra historia y porque es el hombre que puso a trabajar mano a mano a blancos y negros en este país”.

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Tras nueve horas en el lugar, el cuerpo de Mandela fue trasladado nuevamente al Hospital Militar de Pretoria a las 17.30 (12.30 de Argentina), informó la agencia de noticias EFE.

El ministro de la presidencia, Collins Chabane, dijo que al menos dos mil personas pudieron contemplar el cuerpo cada hora, por lo que en las seis horas que estuvo abierto al público se calcula que ingresaron unas 12.000 personas.

Mañana y el viernes los restos mortales del líder volverán al edificio del gobierno sudafricano, donde se podrá concurrir durante todo el día hasta que, por la tarde, sean devueltos al hospital militar.

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