Sin hacer anuncios truculentos ni prometer un baño de sangre, pero con preocupante firmeza, los supuestos hijos del capo mexicano de las drogas, Joaquín ”El Chapo” Guzmán, detenido el sábado en la ciudad norteña de Mazatlán, advirtieron ayer que están dispuestos a vengarse de quienes capturaron a su padre. A todo esto, y mientras desde Estados Unidos al menos siete tribunales federales presentaban cargos con la peregrina idea de obtener una rápida extradición del líder del cártel de Sinaloa, el presidente Enrique Peña Nieto moderó la euforia inicial y dijo que la detención ”sólo acredita la eficacia del Estado”.

”Yo voy a cobrar a los que deben, y van a pagar uno por uno”, señaló en un mensaje difundido por las redes sociales Alfredo Guzmán, quien dice ser hijo de El Chapo. ”Mi padre será lo que sea, pero nadie va a ayudar al pueblo como él lo hacía”, agregó en el texto transmitido a través de Twitter, en el cual afirmó: ”Ojo, no estamos vencidos.” Finalmente, Alfredo reivindicó que ”el cartel es de mi padre y siempre lo será. Guzmán Loera (por los dos apellidos utilizados por el narcotraficante) por siempre”, cerró su mensaje. Las autoridades se refirieron al joven como un ”supuesto hijo”, pero tomaron seriamente el contenido de texto.

Iván Archivaldo, el otro ”supuesto hijo” del ”Jefe de Jefes” del narcotráfico mexicano, señaló por su parte que ”hay que esperar órdenes, chavalones (muchachos), hay que esperar”. Pero mientras esas órdenes llegan, Iván Archivaldo sostuvo que ”a mí me van a pagar con creces esos perros que se atrevieron a ponerle una mano encima a mi padre”.

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Frente a la aparente decisión de los dos ”supuestos hijos”, los estudiosos del fenómeno narco creen que, ”dados los intereses superiores de los carteles, debe descartarse por ahora que pueda producirse un baño desangre” tras el arresto del hombre más buscado de México, cuya captura fue comparada por el gobierno de Estados Unidos con la del jefe de la organización Al Qaeda, Osama bin Laden. El argumento es que el cártel de Sinaloa solía funcionar como una federación o una coalición de organizaciones autónomas, un caso similar al de la red islámica.

Ayer, el barón de las drogas fue formalmente acusado de cargos de ”narcotráfico y delincuencia organizada”, con lo cual empieza un proceso legal que hace más que improbable su extradición a Estados Unidos. Guzmán fue notificado de las acusaciones en el penal de máxima seguridad en el que está alojado. El juez tiene hasta el martes para decidir si hay elementos suficientes para iniciarle un juicio, pero una fuente oficial explicó que, ”además de la serie de cargos que enfrenta en México, antes de empezar a hablar de extradición el jefe narco deberá pagar los años incumplidos de una primera condena a 20 años, interrumpida cuando se fugó en enero de 2001”.

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Cualquier fallo por otro u otros de los cargos retrasará una posible extradición, dijo la fuente. Esto hace que los siete tribunales estadounidenses de Chicago, San Diego, Nueva York y Texas deberán tener al menos tres décadas de paciencia.

Un operativo que contó con la intervención estadounidense

El 16 de febrero, efectivos mexicanos conducidos por agentes estadounidenses de la DEA, del Servicio Federal de Alguaciles y de la Policía de Inmigración y Aduanas (ICE) consiguieron la clave que necesitaban –el número de un celular– para llegar a una de las casas de seguridad que ”El Chapo” Guzmán usaba en su opulenta vida clandestina en la norteña Culiacán (Sinaloa). El teléfono era del ”Cóndor”, jefe de comunicaciones del cártel. El lunes 17 fue detenido uno de los correos del grupo, que rápidamente dio detalles sobre los refugios usados en las semanas previas.

En cada uno, se encontró lo mismo: puertas de acero y una vía de escape debajo de las bañeras. Cada escotilla conducía a una serie de túneles conectados con la red cloacal. Un cronista de Ap que caminó a través de uno de esos ductos tuvo que bajar en un canal y agacharse para entrar en un tubo de desagüe, lleno de agua y lodo malolientes. A unos 700 metros había una abertura que dejaba al descubierto un túnel recién construido. Grande y forrado con paneles de madera, el pasaje tenía iluminación y aire acondicionado. Al final había una escalera azul, pegada a la pared, que conducía a una de las casas que había usado Guzmán como escondite.

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Un día después de que los militares casi capturaran a Guzmán en Culiacán, fue arrestado un alto colaborador suyo: Manuel López Osorio. Según las fuentes, contó que había recogido a Guzmán, a su jefe de comunicaciones y a una mujer para ayudarlos a huir a Mazatlán. Una llamada pinchada por agentes de ICE en el sur de la estadounidense Arizona proporcionó la pista final para llegar al balneario donde finalmente fue detenido El Chapo. Alonzo Peña, ex alto jefe de la ICE, dijo que las escuchas en Arizona llevaron a la casa de la ex esposa de Guzmán (Griselda López) en Culiacán y de allí al hotel de Mazatlán donde fue arrestado.

La investigación –íntegramente realizada por los servicios estadounidenses– comenzó hace un año con una pista lograda en Atlanta, según la cual alguien estaba cruzando la frontera con 100 mil dólares. Finalmente, el líder narco fue detenido por las Fuerzas Especiales de la Marina mexicana, en presencia de los agentes de Estados Unidos. Peña Nieto, sin embargo, dijo que ”con la detención del capo de las drogas se mostró la coordinación entre las instituciones de seguridad del país y el uso de sistemas de inteligencia”. El arresto, agregó, se debió a la ”aplicación de tecnologías y al análisis de la información, elementos claves que caracterizan la estrategia de seguridad del Estado”.

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