Esa misma dureza y marketing interancional que desplegaron desde que comenzaron a revolotear sobre el país hace diez años, está hoy debilitando al padre de los fondos buitre, Paul Singer, cuyo fondo -que ya tiene 36 años de existencia y luego de haber arrinconado países para cobrar- se topó con que la comunidad internacional se muestra dispuesta a ponerle un límite.

El escenario actual es complejo: aún si los fondos buitre lograran la victoria en la Corte de EEUU por el caso argentino, puede ser el último juicio internacional contra un soberano que consigan ganar; y, con todo, no tendrán garantizado el cobro.

Un elemento adicional a tener en cuenta son los ribetes que está tomando la rivalidad entre los mismos fondos de riesgo y entidades financieras (los buitres y los menos buitres, para darles un nombre), a raíz del convencimiento de que la Argentina no negociará con Paul Singer, aún si pierde el juicio, y pueda activarse un default al verse el Gobierno imposibilitado de pagarle a los bonistas que entraron al canje a través de la plaza Nueva York.

Es así que la semana que pasó sorprendió la actitud del IIF (Institute for International Finance) -entidad lobbysta de bancos internacionales que buscó boicotear el canje de deuda de Néstor Kirchner en el 2005 y promovía un castigo ejemplar para la Argentina y un aislamiento-, se haya tomado el trabajo de analizar el impacto del juicio argentino contra los fondos buitre.

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El IIF dijo sentirse ”preocupado por el impacto a nivel internacional” que puede desencadenar el nuevo escenario judicial.

Hasta ahora, los fondos buitre se las habína ingeniado para convivir con el resto de los actores de la arquitectura financiera internacional; pero el fallo de juez neoyorkino Thomas Griesa y la crisis de deuda griega, que devino en el mayor default de la historia, dieron paso a un nuevo vínculo.

En un foro conjunto del IIF con los miembros del Club de París, se consignó que ”los participantes también examinaron brevemente el litigio en curso contra la Argentina por los acreedores aceptantes ante tribunales EEUU, e intercambiaron puntos de vista sobre las posibles implicaciones más amplias para futuras reestructuraciones de deuda”.

Además, reveló que hubo entre los participantes ”una discusión más profunda de temas de reestructuración de deuda soberana, incluyendo una presentación por parte del personal del FMI, seguida de un debate, de las conclusiones y propuestas de posibles mejoras en las modalidades existentes para tales reestructuraciones clave y en la política del FMI y el marco jurídico de estas cuestiones, se destaca en un reciente informe del personal del FMI”.

La interpretación de la justicia de Estados Unidos sobre el ‘pari passu’ (tratamiento igualitario a los acreedores) combinada con la lista de países en problemas de deuda, llevó al número dos del FMI, David Lipton, a sostener que el organismo estudia ”modificar cláusulas de los bonos”.

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Si esto se concreta, los fondos buitre quizá tengan a futuro que verse sometidos a participar de un tribunal de quiebra para países y olvidar la estrategia holdout.

Lipton habló en un seminario especial del tema durante la última Asamblea Anual del FMI, y unos meses después de que el directorio del Fondo discutiera los últimos casos de reestructuraciones de deuda, entre ellos el de Argentina.

No quedaron dudas en Washington que más temprano que tarde, será tema de agenda del organismo el ponerle un límite a estos fondos ultraespeculativos.

Asimismo, la pelea entre los bonistas del canje y los fondos buitre dio lugar a la aparición de ”soluciones creativas”.

Singer, a través de Jay Newman, tiró la primera piedra al sostener que estaba ”dispuesto a negociar” con la Argentina.

Los bonistas del canje entienden que esta posibilidad no existe para el país, desde el punto de vista político, económico y conceptual. Este gobierno declaró ante la Corte de EEUU que no pagará más a los fondos buitre que al resto habiendo logrado una mayoría del 93% en el acuerdo para salir del default, y es una posición que logró adeptos en el arco opositor y se vió reflejada recientemente en el Congreso, cuando debatió la reapertura del canje de la deuda.

Otro punto es el ‘timing’ de la resolución final del juicio:¿resisten los fondos buitre a la llegada de un nuevo gobierno en la Argentina para negociar en el 2015? ¿Tienen garantías de que podrían? Al parecer, no.

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Por tanto, una interpretación a la señal de Newman es que habría margen de negociación entre los privados. Una posibilidad que deslizaron los mismos actores -y con variantes- es que los bonistas de los canjes anteriores puedan comprarle la deuda a Singer (el 100% o con algún descuento), de manera de que serían los mismos fondos de riesgo quienes entrarían al tercer canje.

La pérdida inicial de estos fondos por la compra de deuda nominal en default -y posterior canje al Gobierno con quita- sería compensada con la suba generalizada que lograrían los títulos, si el gobierno cierra el capítulo de default.

Ayuda a esta estrategia, la reciente normalización de la deuda con el CIADI, y las señales que dejó tracender el Gobierno de seguir con la normalización de la deuda con el ojo en el Club de Paris, el último eslabón del default del 2001.

El escenario inverso asusta hasta los propios fondos buitre, que temen no cobrar ni un dólar: si ganan en la Corte Suprema de EEUU podrían caer todos en default y ya no habría mañana más holdouts para negociar; una especie de ”volver a foja cero” con la reestructuración de la deuda argentina.

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