“Las opiniones sobre Israel y su reputación están cambiando no solo entre los no judíos en Estados Unidos sino también en el Estados Unidos judío. Mi pregunta es: a) ¿a usted le interesa?, b) ¿Qué hará al respecto? y c) ¿Cuánta importancia tiene para usted?”.

Lieberman respondió: “Para serle franco, no me interesa”. Añadió que Israel está en una región muy peligrosa.

Reconozcámosle a Lieberman su honestidad.

Recordé esa conversación cuando los debates demócrata y republicano abordaron temas de política exterior, con las arengas usuales de los candidatos sobre mantenernos al lado de nuestros aliados los israelíes y los árabes sunitas. Noticia de última hora: pueden alejarse de esos tópicos. Quien aspire a convertirse en el próximo presidente de Estados Unidos deberá lidiar con un Medio Oriente muy distinto.

Será un Medio Oriente marcado por la solución sobre un solo estado, la solución sobre otro no-estado, otra más de ningún de estado y la última, la atrevida solución planteada por Irán.

Empecemos por Israel. El proceso de paz está muerto. Se acabó, amigos, así que paren de enviar cartas al editor de las páginas de opinión de The New York Times con sus propuestas sobre una solución de dos estados para los israelíes y los palestinos. El siguiente presidente de Estados Unidos tendrá que lidiar con un Israel determinado a ocupar, de manera permanente, todo el territorio entre el río Jordán y el Mediterráneo, y eso incluye Cisjordania, donde viven 2,5 millones de palestinos.

¿Cómo llegamos a este punto? Tantos se opusieron al proceso de paz que es difícil saber quién dio el golpe mortal. ¿Fueron los colonos judíos empeñados en expanderse por Cisjordania y capaces de sabotear a cualquier político u oficial que se les opusiera? ¿Fueron los multimillonarios judíos de derecha, como Sheldon Adelson, quienes usaron su influencia para restarle fuerza a cualquier crítica del Congreso de Estados Unidos a las políticas de Bibi Netanyahu?

¿O fue Netanyahu, cuyo deseo por mantenerse en el poder solo es superado por su falta de imaginación para hallar una forma segura de separarse de los palestinos? Bibi ganó. Se ha convertido en una figura histórica: el padre fundador de la solución de un estado.

Hamás es la madre de ese estado. Hamás dedicó todos sus recursos a cavar túneles para atacar israelíes desde Gaza en vez de convertir la Franja en un Singapur, dejando en ridículo a los promotores israelíes de la paz. Además, Hamás lanzó un cohete que impactó lo suficientemente cerca del aeropuerto de Tel Aviv y consiguió que Washington no permitiera un solo vuelo estadounidense durante un día, lanzando un mensaje a cada israelí –militarista o pacifista– sobre lo que podría pasar si ellos cedieran Cisjordania.

Pero Hamás no estaba solo. El presidente palestino, Mahmoud Abbas, tumbó al único primer ministro palestino que ha sido eficaz, Salam Fayyad, un político dedicado al combate de la corrupción y demostrar que los palestinos merecían un estado a través de medidas como la construcción de instituciones, no resoluciones de Naciones Unidas.

Todos ellos mataron la solución de los dos estados. Que empiece, entonces, la era de un estado. Involucrará una constante guerra civil, de bajo impacto, entre palestinos e israelíes, y un cada vez mayor aislamiento del Estado israelí en Europa y en capus univresitarios en todo el mundo. Ese es el panorama que el próximo presidente de Estados Unidos tendrá que enfrentar.

Mientras tanto, una Siria sin estado –controlada parcialmente por Bachar El Asad y los rusos e iraníes que lo respaldan– es una herida que sangra refugiados hacia Europa. Tengo la certeza de que Vladimir Putin ordena bombardeos sobre los sirios contrarios al régimen para enviarlos a Europa con la esperanza de crear un cisma en la Unión Europea, tensar sus recursos y convertirla en un rival más débil ante Rusia y un aliado más débil para Estados Unidos.

Además, el califato sunita no-estado (el Estado Islámico) y el Irán chiita (el Estado atrevido) se alimentan mutuamente. Me encanta cuando tanto candidatos demócratas como republicanos dicen: “Cuando sea presidente, convenceré a árabes sunitas de que asuman el liderazgo en el combate contra el Estado Islámico”. ¡Vaya, podría apostar que a Obama nunca se le ocurrió!

Los sunitas nunca destruirán al Estado Islámico siempre y cuando Irán se comporte como un rival de los chiitas, no un estado normal. Es cierto: Irán es una gran civilizaxión. Podría dominar la región por el dinamismo de su clase empresarial, universidades, ciencias y artes. Pero los ayatolás no confían en el poder suave. Prefieren el estilo agresivo y la búsqueda de la dignidad en todos los sitios equivocados: utilizan agentes chiitas para dominar cuatro capitales árabes: Beirut, Damasco, Saná y Bagdad.

Así que mi consejo para todos los candidatos a la presidencia de Estados Unidos es: sigan hablando sobre su fantasía de Medio Oriente. Siempre me viene bien un cuento antes de dormir. Pero prepárense para lo bueno. Esto no es el Israel de su abuelo, ni la Arabia Saudí de su empresa petrolera, ni la Turquía de la OTAN, tampoco el Irán del taxista en Nueva York ni la Palestina radical y chic de los profesores universitarios. Es una bestia por entero distinta, que camina lentamente hacia Belén.

Por Thomas L. Friedman para TNYT

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