La ciudad se convirtió en una de las primeras muestras de cómo Presidente Vladimir Putin busca aplastar y marginar cualquier movimiento por la democracia. No ha pasado mucho desde que, tras un año con poco o nada de trabajo, los obreros de la gigantesca fábrica de trenes organizaron una protesta contra Putin y sus acaudalados compinches del sector industrial.

“Ellos dicen que tienen pedidos, pero han reducido nuestros salarios”, se queja el obrero Yevgeny M. Shukhin. “Ellos” son los gerentes de la fábrica. El trabajador patea el piso para mitigar el frío durante una protesta en la Plaza de los Maquinistas de la ciudad.

Contó que todos los días miles de trabajadores caminan, a duras penas, hacia la fábrica. Solo para pasar el tiempo sentados en sus turnos ante las inmóviles líneas de ensamblaje.

En 2012, cuando Putin aún hacía campaña por la presidencia, un capataz de la planta en el norte de los montes Urales apareció en un programa de televisión en cadena nacional y dijo que él y sus “muchachos” de la fábrica estaban preparados para ir a Moscú y darles una golpiza a los manifestantes urbanos.

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Putin halagó al capataz, Igor R. Kholmanskikh: “Usted mostró quién es el pueblo ruso, quién es el trabajador ruso”.

Nunca golpearon a un manifestante. Sin embargo, miles de obreros de la fábrica Uralvagonzavod fueron llevados en autobuses a mítines de apoyo a Putin durante su campaña. Y en el primer decreto tras su reelección a la presidencia, Putin nombró a Kholmanskikh como representante del Kremlin en la región de los Urales, el puesto federal de mayor rango en el distrito.

Ahora, eso parece haber ocurrido en un país diferente o en otra vida.

“No creo que Uralvagonzavod vote por Putin de nuevo, ya vimos a qué condujo eso”, comenta Shukhin. “Esta es la opinión de muchos trabajadores, pero temen decirla. Nosotros, simplemente, no entendemos por qué están despidiendo a los obreros”.

Cuando el precio del petróleo rozaba los 100 dólares por barril, había dinero y el trabajo era abundante. Putin, sentado en reservas mucho mayores a las actuales, pulía su imagen de salvador de la clase trabajadora. Aparecía en fábricas en aprietos, acompañado por un remolino de periodistas, para anunciar rescates milagrosos.

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Sin embargo, ahora el bache económico está empezando a calar. Los sueldos reales, o salarios ajustados por la inflación, dan una idea del golpe que siente la clase trabajadora. Cayeron un 6,3 por ciento en enero con respecto al año anterior.

La helada económica ha golpeado a Nizhny Tagil como un frente frío siberiano. El resultado, aquí y a lo largo de Rusia, ha agitado al sector laboral.

Nizhny Tagil tiene dos plantas industriales que son decisivas: una produce acero y la otra, Uralvagonzavod, fabrica tanques y vagones de tren. Ambas han anunciado despidos, aunque Uralvagonzavod ya informó que cualquier “optimización” de su fuerza laboral, de casi 30.000 integrantes, será voluntaria.

La suerte de las fábricas refleja otra amplia tendencia de la economía ya que la renuencia de Putin a recortar gasto militar, pese a la recesión y la contracción presupuestaria, ha provocado la crisis en ese lado de Uralvagonzavod. Mientras que los obreros que fabrican vagones reciben un tercio de su pago –unos 260 dólares al mes–, las líneas que producen tanques continúan a toda velocidad y sus trabajadores mantienen su salario íntegro.

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A la hora de la protesta, en las calles cubiertas de nieve y no muy lejos de las verjas de la planta, aparecieron más policías que manifestantes en la Plaza de los Maquinistas. Al final llegaron unas 100 personas, que miraban de reojo a los policías uniformados y vestidos de paisano que se mezclaban en la muchedumbre con una amplia sonrisa mientras filmaban la protesta.

En Moscú, Ilya V. Yashin, un líder del movimiento opositor al que Kholmanskikh había amenazado con aplastar con sus “muchachos” de la fábrica, tenía un mensaje para los obreros.

“¡Queridos trabajadores de Uralvagonzavod!” escribió en Facebook. “Al final, los mismos obreros que se suponía iban a dispersar a los manifestantes en Moscú ahora se han visto obligados a protestar en contra de los despidos y las violaciones a sus derechos laborales. El tiempo lo pone todo en su lugar”.

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