En Asia-Pacífico se manifiestan dos riesgos potenciales para los intereses de EE.UU.: el posible acercamiento entre China y Corea del Sur y la intención de Japón de reposicionarse como una potencia regional, destacan los autores Niv Horesh y Hyun Jin Kim en un artículo para ‘The National Interest’. A pesar de ser procesos diferentes, ambos se influyen mutuamente y están cambiando la situación en toda la región entera, en opinión de los autores.

En cuanto a China, el rápido crecimiento del comercio con Corea del Sur y las visitas oficiales del presidente Xi Jinping y otros líderes chinos al país muestran un intento claro de fortalecer las relaciones bilaterales. De hecho, el presidente chino visitó Seúl antes que Pyonyang, su aliado histórico en la región, recuerdan los expertos. Los países abordan proyectos de importancia regional, como el Banco Asiático de Inversiones en la Infraestructura y un acuerdo de libre comercio.

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Por otra parte, a pesar de todas las semejanzas entre Corea del Sur y Japón –ambos países son democracias, tienen una economía de mercado y un alto nivel de desarrollo, y hace tiempo que son aliados leales de EE.UU.– actualmente sus relaciones bilaterales no atraviesan su mejor momento. Las discrepancias entre la presidenta surcoreana Park Geun-hye y el primer ministro japonés Shinzo Abe sobre el asunto de la posible remilitarización de Japón y el supuesto ‘blanqueo’ de los crímenes nipones cometidos durante la Segunda Guerra Mundial impiden, por el momento, el diálogo entre ambos líderes, aseguran los analistas.

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Además, Japón lleva a cabo negociaciones con Corea del Norte para levantar parcialmente o completamente las sanciones económicas impuestas sobre Pyongyang, lo que podría significar un intento de crear su propio grupo de aliados sin el liderazgo habitual de EE.UU., opinan los expertos.

La dependencia mutua y las consecuencias de ambos procesos plantean para EE.UU. el desafío de conservar su influencia en la región, ya que por el momento parece difícil frenar el acercamiento de China y Corea del Sur. Además, una política independiente de Japón podría chocar en algún momento con las intenciones del aliado norteamericano, concluyen Niv Horesh y Hyun Jin Kim.

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