Hoy se cumplen setenta años de la liberación de Auschwitz

El 27 de enero de 1945 el Ejército soviético llegó finalmente a Auschwitz después de superar la resistencia de las tropas alemanas que ya habían sido derrotadas dos años antes en la batalla de Stalingrado.

Según informes del Museo del Holocausto (Shoá, para los hebreos) de Washington, en Auschwitz murieron 960.000 judíos, 74.000 polacos, 21.000 gitanos, 15.000 prisioneros soviéticos y entre 10.000 y 15.000 miembros de otras nacionalidades.
Entre las víctimas había también políticos de izquierda, homosexuales y discapacitados.

El llamado frente Occidental, liderado por Estados Unidos y Gran Bretaña, decía que no era fácil llegar hasta Auschwitz, construido en 1940 cerca de Cracovia, Polonia, con la intención de recluir a presos políticos.

Pero el primero de marzo de 1941, el jefe de las SS (la policía nazi), Heinrich Himmler decidió ampliar Auschwitz para instrumentar la ”Solución final” contra los judíos, tras reunirse con el comandante de ese centro Rudolf Höss.

Si no morían en las cámaras de gas, muchos prisioneros fallecían por hambre, torturas o enfermedades, o eran rematados a balazos por sus carceleros.

”Eso no significa que los aliados no podían bombardear las vías férreas que llegaban hasta los campos de la muerte. Eso hubiera sido posible porque hubo bombardeos a las fábricas que estaban en las proximidades de Auschwitz”, dijo a Télam Abraham Zylberman, profesor de Historia de la Universidad de Buenos Aires (UBA), especializado en el Holocausto.

El historiador insistió en que ”lo único que se pedía (a los Aliados) era que bombardearan las vías férreas, pero lamentablemente eso nunca ocurrió, porque tenían otras prioridades en África y en Europa”.

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Según algunos informes de prensa, los Aliados recién supieron lo que ocurría en Auschwitz en junio de 1944, a través de dos prisioneros que lograron escapar de ese campo de la muerte.

”La política de los Aliados era terminar la guerra. Porque cuanto antes se terminara más vidas se podrían salvar, ya sea de civiles como de soldados”, explicó Zylberman.

Antes de retirarse de Auschwitz por la llegada de las tropas soviéticas, los nazis destruyeron los archivos y se llevaron a unos 60.000 prisioneros que fueron luego exterminados.

En Auschwitz había cuatro crematorios con cámaras de gas, donde podían ser ingresados hasta 2.500 prisioneros que eran conducidos hasta allí con el pretexto de recibir un tratamiento desinfectante.

Una vez que estaban en las cámaras, se cerraban las puertas y el gas empezaba a salir a través de las duchas. Los nazis utilizaban un potente insecticida llamado Zyklon B.

Cuando los soviéticos llegaron a Auschwitz encontraron a unos 7000 sobrevivientes macilentos, que se movían como espectros sin saber a dónde ir.

Había un millón de cadáveres amontonados para ser quemados y centenares de muertos diseminados por el campo de concentración.

Según algunos historiadores, Auschwitz fue construido para infundir terror en la población polaca de Alta Silesia.

Luego de que el dictador alemán Adolfo Hitler anunció su decisión de exterminar a los judíos, el 12 de diciembre de 1941, Auschwitz tuvo un papel central en lo que se llamaría ”la Solución Final”.

En agosto de 1942, la mayoría de los judíos ya no eran enviados a los guetos de Polonia, sino directamente a campos de exterminio.

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Solo Auschwitz tenía la capacidad de seleccionar a un número de prisioneros y ponerlos a trabajar antes de asesinarlos, dice el historiador británico Laurence Rees en su libro ”El oscuro carisma de Hitler”.

Rees explica que en otros campos de concentración como Belzec, Sobibor y Treblinka, los prisioneros morían gaseados poco después de su llegada, después de ser separadas las mujeres y los niños por un lado, y los hombres por otro.

En Auschwitz tuvo un papel central el antropólogo y médico Josef Menguele, quien al finalizar la Segunda Guerra Mundial huyó a Sudamérica, donde vivió en Argentina, Paraguay y Brasil.

Finalmente Menguele murió ahogado en una playa cercana a San Pablo en 1979, según informes del Centro Wiesenthal.

Menguele, llamado ”el angel de la muerte”, realizaba crueles investigaciones científicas con los prisioneros en el famoso bloque 10 de Auschwitz, especialmente con gemelos, con el fin de purificar la raza aria.

De acuerdo a muchos testimonios, seleccionaba él mismo a las víctimas que eran conducidas a las cámaras de gas.

Menguele creía que si las mujeres arias daban a luz gemelos rubios, de ojos azules, el mundo podría repoblarse de lo que los nazis llamaban ”raza pura”.

Para el historiador Zylberman, ”setenta años es un aniversario importante. Quizá lo más importante es recordar que los episodios de Auschwitz siguen existiendo. La discriminación existe; el terrorismo existe, así como la eliminación de gente por pensar de una manera distinta”.

”Uno puede preguntarse qué es lo que hemos aprendido en estos 70 años… Es una respuesta subjetiva”, concluyó.

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