Dimas, ex comisario de la Unión Europea y ex ministro de Exteriores griego, obtuvo 168 apoyos de los 300 diputados del Parlamento, frente a 132 abstenciones, sin alcanzar los 180 votos que eran necesarios en este tercer y último intento de elegir un nuevo presidente para el país.

Antes de finalizar la votación nominal, más de 121 de los 300 diputados se abstuvieron, con lo que se hizo imposible alcanzar los 180 apoyos.

El presidente en Grecia tiene un papel más bien ceremonial. El mandato de Papulias, de 85 años, vence en marzo.

Dimas no había logrado los apoyos necesarios -200 de los 300 escaños del Parlamento- en dos votaciones anteriores. La Constitución griega contempla que ante el fracaso de la elección se celebren elecciones anticipadas en un plazo de 30 días.

”Hemos hecho todo lo posible para evitar elecciones anticipadas que traen consigo muchos peligros”, dijo Samaras tras la votación. ”El pueblo puede ahora reinstaurar la estabilidad del país”, señaló en referencia a los comicios. Los ciudadanos deben evitar que la oposición vuelva a arrastrar a Grecia a una nueva aventura, señaló.

Sin embargo el líder de la oposición, Alexis Tsipras, se mostró satisfecho: ”Hoy es un día histórico para la república helena”, dijo el líder de la coalición de izquierda SYRIZA. La decisión del Parlamento señala el fin de la política de ahorro que ha llevado al ”saqueo del pueblo” con los planes de ahorro de gobierno. Este cambio será sellado pronto por el pueblo griego en elecciones, dijo Tsipras confiado.

Según los sondeos, las nuevas elecciones podrían aupar al poder a su coalición de izquierda, aunque no lograría la mayoría absoluta, lo que podría llevar a largas negociaciones para formar gobierno o incluso a nuevas elecciones.

Syriza ha prometido dar marcha atrás a muchas de las reformas a las que los acreedores internacionales condicionaron el rescate a Grecia. Además, el programa de rescate en marcha vence a finales de febrero y sin acuerdo con los acreedores internacionales el futuro es incierto.

Los mercados reaccionaron con nerviosismo a la noticia: la Bolsa de Atenas arrastraba pérdidas superiores al diez por ciento.

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