Por Dolores Álvarez

Diócesis italianas, cantantes, movimientos católicos, judíos, ministros del gobierno, musulmanes, parlamentarios, grandes y chicos. Cien mil personas de todos los credos, razas y religiones coparon ayer la Plaza San Pedro de Roma para rezar junto al Papa Francisco por la paz en Siria.

Vigilia, rezo, meditación, ayuno y confesión acompañaron las cuatro horas de introspección que coronaron una jornada entera dedicada a la reflexión y a promover un examen de conciencia mundial sobre el compromiso de todos y cada uno para evitar la guerra en Medio Oriente.

”Perdón, diálogo, reconciliación, son las palabras de la paz: en la amada nación siria, en Medio Oriente, en todo el mundo”, dijo el Pontífice argentino con un rostro preocupado y serio, en sus palabras de introducción a las cuatro horas de meditación y oración, en el día de la víspera de la Natividad de María, la reina de la Paz.

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Interrumpido en más de una oportunidad por los aplausos de los presentes –el más caluroso, cuando el Pontífice recordó el encuentro interreligioso de 2000 en Buenos Aires– y luego de la entronización de la Virgen ”salus populi romani” (protectora del pueblo romano), Jorge Mario Bergoglio rezó el rosario y aseguró que ”la guerra es una derrota para toda la humanidad” y todos debemos ”trabajar por la paz”, para que ”termine el rumor de las armas”.

Ante líderes islámicos y de todas las religiones que ocupaban las primeras filas, el Papa mandó un mensaje muy claro: ”no” a la guerra, pero también ”no” a la indiferencia frente a lo que pasa en los países que atraviesan situaciones de conflicto. Para Francisco, ”cada uno de nosotros, desde el más pequeño hasta el más grande, hasta los que son llamados a gobernar”, tiene algo que aportar para que la paz reine en cada ángulo del mundo y otra vía (la de la negociación diplomática) es posible para resolver todos los conflictos.

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Desde el altar colocado en el exterior de la Basílica de San Pedro y sin hacer referencia a ningún país en particular, Francisco aseguró que ”perfeccionamos nuestra armas” pero ”nuestra conciencia” está adormecida y, como si fuese la normalidad, ”seguimos sembrando destrucción, dolor y muerte”.

El argentino pidió que cada uno de nosotros ”mire en lo profundo de su conciencia” y escuche ”esas palabras que dicen: salí de tus intereses que atrofian tu corazón, superá la indiferencia hacia el otro que vuelve insensible al corazón, vencé tus razones de muerte y abrite al diálogo, a la reconciliación”.

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Apadrinado por el ex arzobispo de Buenos Aires, quien se transformó en un referente para quienes se oponen a la solución militar contra Damasco, el día de la pacificación patrocinado por la Santa Sede –que, desde finales de agosto, se está movilizando para encontrar una ”solución política” en Siria–, logró una amplia adhesión en Italia y traspasó las fronteras de la península obteniendo la participación de millones de personas –creyentes y no creyentes– en todo el mundo.

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