El Papa pidió hoy que el Estado defienda la “igualdad” en el acceso a la salud, al tiempo que criticó que esa posibilidad dependa de la “disponibilidad económica de las y ratificó la condena a la eutanasia.

“El Estado no puede renunciar a tutelar a todos los sujetos involucrados en la salud, defendiendo la fundamental igualdad para cada uno”, planteó el Pontífice en una carta enviada a la Pontificia Academia para la Vida.

“Una particular atención debe ser reservada para los más débiles, que no pueden hacer valer por si solos sus propios intereses”, agregó, antes de pedir que “la legislación en campo médico y sanitaio reclama esta visión amplia y una mirada integral que promueva el bien común en situaciones concretas”, planteó en el mensaje dirigido en ocasión de un congreso médico organizado por el organismo vaticano sobre el “fin de la vida”.

“Tratamientos progresivamente más sofisticados y costosos son accesibles a sectores cada vez más restringidas y privilegiadas de personas, cuestionando seriamente la sostenibilidad de los servicios sanitarios”, lamentó el Pontífice en la misiva divulgada hoy por el Vaticano.

Según Jorge Bergoglio, ese hecho constituye “una tendencia sistémica al incremento de la inequidad terapeútica, bien visible a nivel global, sobretodo comparando los distintos continentes”.

“Esa inequidad está presente también al interior de los países más ricos, donde el acceso a la cura corre el riesgo de depender más de la disponibilidad económica de las personas que de las efectivas exigencias de curación”, planteó.

En ese marco, el Pontífice reiteró su condena a la eutanasia, “que permanece siempre ilícita, en cuanto se propone interrumpir la vida procurando la muerte”.

De todos modos, el obispo de Roma planteó una diferencia entre ese método ilegal y el hecho de “no activar medios desproporcionados”, lo que tiene “un significado ético completamente diverso”.

“Para establecer si una intervención médica apropiada es efectivamente proporcionada no es suficiente aplicar en modo mecánico una regla general. Hace fala un discernimiento atento, que considere el objeto moral, las circunstancias y las intenciones de los sujetos involucrados”. indicó en esa dirección.

“La dimensión personal y relacional de la vida, y del morir mismo, debe tener, en la cura y acompañamiento del enfermo, un espacio adecuado en la dignidad del ser humano”; concluyó.

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